El pintor colombiano Fernando Botero Angulo nos muestra un mundo de personajes de gordura extrema, las pinturas del artista mazatleco Antonio López Sáenz, también ostentan cuerpos voluminosos, pero con cabezas chiquitas, como para hacernos saber que no es buena idea dejarse engordar de tal modo.

Las personas anoréxicas al mirar y tentar su cuerpo lo sienten gordo, de manera parecida a la forma como ambos artistas reproducen el mundo en sus cuadros y esculturas. Pero, a diferencia de Botero y López Sáenz, la anorexia les impide a tales enfermos mentales darse cuenta de la flacura extrema  de sus cuerpos, hasta que interviene la muerte interrumpiendo abruptamente sus extraños pensamientos, a no ser que logren encontrar ayuda que les permita salir de sus extrañas alucinaciones.

En nuestro medio circulaba tranquilamente la narco idea de que exportar drogas a los gringos era simplemente un negocio que no era malo para el país.

¿Si a los gringos les gusta?, pos ¡qué revienten! sostenían risueñamente.

Los gringos, por su parte, como venganza, retomaron nuestros alimentos ancestrales como la papa y el maíz, que aprendieron a comer durante la conquista de nuestro continente, los mezclaron con mucha sal y azúcar, los frieron con abundante aceite y grasa, los metieron en bolsitas de colores atractivos y nos los dieron a comer… ¡Y vaya que si los comemos!

Pero hubo algunos problemas, el aceite y las grasas que utilizaron en la preparación de estos alimentos fueron sometidos a un proceso que los alteró químicamente, desgraciadamente  nuestros cerebros acostumbrados a las comidas basadas en la fritura de sus componentes no fueron capaces de procesar la diferencia entre sus alimentos ancestrales y estas chatarras, en apariencia ligeras, pero en extremo grasientas, saladas o azucaradas en y, como se veían pequeñas e inofensivas ya no pudimos “comer sólo una”.

Junto a ello las bolsitas de colores llamativos rojos, amarillos y sus combinaciones, estimularon psicológicamente nuestro apetito hasta un extremo inusual.

¿Resultado? Las chatarras se apoderaron de nuestro entorno ecológico y desataron una comedera imparable en los habitantes, sobre todo en los niños.

Lastimosamente no fueron sólo las chatarras las culpables de nuestra desgraciada y peligrosa obesidad. Los productores de carnes también abusaron de nosotros:

Para lograr un mayor peso en sus animales los sometieron a crecimiento y engordadero artificial, les metieron clembuterol y quizá que otras porquerías químicas en los alimentos que consumen los indefensos animales para saturarlos de grasas… mismas que nosotros devoramos ansiosamente.

El asunto no para allí: La ciencia descubrió un paraíso artificial para los engordadores y envenenadores… comenzó a dotar los cuerpos de los animales con ciertas hormonas  queaceleraban el crecimiento de los animales… que posteriormente nosotros consumimos y, con ello, las mentadas hormonas y químicos se trasladaron a nuestros cuerpos… hoy en día, en México muchos habitantes, hombres, mujeres, niños, adultos y ancianos ostentan deformaciones corporales producto de la gordura que llegó a extremos incontrolables.

Psicológicamente muchas personas obesas, expresión física más fiel de la irrefrenable codicia de los industriales, laboratoristas, productores y comerciantes, se encuentran mentalmente lisiados por lo cual se muestran incapaces de abandonar la dieta enfermiza que los está matando.

¿Hasta cuándo? Me pregunto.

Dígame usted, si no se encuentra contaminado por esta irrefrenable hambre psicológica, ¿sería capaz de aportarle algunas ideas  a sus amistades obesas para que puedan salir de ese terrible círculo vicioso del “A QUE NO PUEDES COMER SÓLO UNA”?

Le aclaro que no es una tarea sencilla porque esta misma contaminación psicológica, más que física, como actúa de igual manera que las adicciones, hace que las personas obesas se enojen cuando se les ofrece ayuda.

¿Y ahora qué?

Surge la pandemia y con ella comienzan las manifestaciones de ostracismo en la población. Ya no ese ostracismo o aislamiento voluntario que sufrían las personas con pensamientos políticos distintos a los gobernantes, sino un aislamiento que genera miedo a contagiarse de estos virus que amenazan al mundo entero.

Por supuesto tal aislamiento traerá consigo algunas consecuencias individuales y sociales que habremos de sufrir, quieras que no en los próximos en los próximos decenios. En lo físico, por ejemplo, podemos ver a muchas personas que al salir del aislamiento para realizar algunos trámites o abastecerse de alimentos o artículos indispensables para el hogar muestran sus cuerpos con claras evidencias de sobrepeso.

¿Qué podemos hacer? Aparte de los ejercicios para checar debidamente nuestra situación corporal debemos tener en casa, no solo una pequeña balanza que nos muestre el peso, sino también un espejo… ¡Pero que sea de cuerpo entero porque los bajos tienden a desarrollarse estrepitosamente! ¿O no?  

Bueno pues, de nada y hasta siempre estimadas amigas y amigos.

Rolando GONZÁLEZ ALTAMIRANO