Una mujer llega a votar en una cabina de votación durante las elecciones municipales en Santana, estado de Amapá, Brasil, el 15 de noviembre de 2020 .Andre Borges/NurPhoto/PA Images

Los resultados de las elecciones municipales del 15 de noviembre muestran que la derecha moderada derrota al bolsonarismo de extrema derecha, mientras la izquierda sigue débil, pero viva, en Brasil.

El presidente Jair Bolsonaro no perdió del todo las elecciones municipales del pasado domingo (15), pero los resultados muestran que Brasil no es el mismo que lo eligió en 2018, cuando optó por la retórica antisistema. Esta semana, los brasileños optaron por la vieja política: una política neoliberal de centroderecha, mientras que la izquierda permanece débil, pero muestra señales de reacción.

De los 13 candidatos a alcalde apoyados por Bolsonaro, solo cuatro resultaron elegidos o pasaron a la segunda vuelta, que se realizará el 29 de noviembre. En las capitales, sólo quedan dos en disputa: Marcelo Crivella, en Río de Janeiro, y Capitão Wagner, en Fortaleza.

En Río, las encuestas muestran a Crivella, actual alcalde, con solo el 29% de las intenciones de voto en la segunda vuelta. En la capital de Ceará, el candidato de Bolsonaro quedó en segundo lugar con el 33,3% de los votos, no muy lejos del 35,7% de José Sarto (PDT, partido de centroizquierda). Sin embargo, la candidata que terminó en tercer lugar, Luizianne Lins (PT), con el 17% de los votos, oficializó su apoyo a Sarto, lo que le da una gran ventaja al candidato que se postula contra la opción bolsonarista.

Además, de los 69 candidatos con el nombre “Bolsonaro” en las urnas, solo el hijo del presidente, el concejal Carlos, tuvo éxito en Río, aunque con un 30% menos de votos de los que conquistó en 2016, cuando su padre solo era un diputado más en el congreso de Brasilia.

Si Bolsonaro perdió, ¿ganó la izquierda?

La incapacidad de Bolsonaro para transferir votos a sus candidatos no indica un retroceso de la derecha en Brasil. Lo que muestran las cifras de la primera vuelta es que quien derrotó la extrema derecha en las elecciones municipales no fue la izquierda, sino la derecha moderada, conocida como “centrão” en Brasil.

Si en 2018 los brasileños acudieron a las urnas con votos antipolítica y antisistema, dos años después optaron por volver a lo tradicional. Los partidos que dominaron las elecciones de este año son el MDB, PP, PSD, DEM y PSDB, todos de centro derecha. En ese orden, son los partidos que consiguieron el mayor número de concejales en la primera vuelta.

Entre los partidos victoriosos destaca el DEM, que eligió a tres alcaldes en capitales en la primera vuelta. Cabe señalar que el DEM es el partido del presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, cuya imagen pública creció durante la pandemia como opositor a Bolsonaro. El fortalecimiento del DEM en 2020 es un indicio más de que los brasileños se están moviendo de la extrema derecha al centro.

¿Cómo queda la izquierda?

En el otro lado del espectro político, el partido con mejor desempeño fue el PDT, de centroizquierda, que ocupó el sexto lugar en el número total de concejales electos el domingo pasado, con 3.375, una caída en comparación con los 3.769 que eligió en 2016. El PDT también representa el partido de izquierda con más éxito en las carreras de alcalde del país, eligiendo a 307 candidatos en la primera vuelta, un 8% menos que en 2016. Sin embargo, el partido aún puede obtener dos importantes victorias en Fortaleza y Aracaju, donde sus candidatos son favoritos para la segunda vuelta.

Como argumentó el presidente de la Cámara Rodrigo Maia esta semana, quién salió victoriosa en estas elecciones fue la política en sí

Quien sufrió el golpe más grande en estas elecciones fue el Partido de los Trabajadores (PT), aunque no fue del todo inesperado. Desde la destitución de Dilma Rousseff en 2016 y el arresto de Luiz Inácio Lula da Silva en 2018, el partido que dominó la política brasileña durante 16 años viene tropezando en las elecciones.

El bajo desempeño del gigante de izquierda abrió el espacio a otros partidos, especialmente al Partido Socialismo y Libertad (PSOL), fundado en 2004. A pesar de sus cifras modestas frente a los grandes partidos, el PSOL creció en 2020, eligiendo cinco alcaldes en la primera vuelta y 75 concejales.

Además, el PSOL sorprendió en São Paulo, llevando al joven Guilherme Boulos, de 38 años, a la segunda vuelta frente al actual alcalde de la ciudad, Bruno Covas, del tradicional PSDB. Las encuestas de esta semana ponen a Covas por delante, con un 47% de las intenciones de voto frente al 35% de Boulos, pero la presencia de Boulos en la segunda vuelta le da al candidato de izquierda una enorme visibilidad y eleva la relevancia nacional de su partido.

La elección también mostró que las capitales dieron un pequeño paso a la izquierda. Esta tendencia es relevante porque prácticamente todas las grandes ciudades mostraron una tendencia hacia la derecha en las últimas elecciones.

La experiencia electoral de los últimos años puede marcar una nueva etapa para la izquierda brasileña. Con el declive del PT, que en muchos sentidos asfixió a las opciones de izquierda en las últimas elecciones – sobre todo en las presidenciales de 2018, cuando insistió hasta el último minuto en la candidatura de Lula, que permanecía en prisión, en lugar de declarar su apoyo al candidato Ciro Gomes –, otros partidos ganarán más espacio y músculo para negociar con el PT, en particular el PDT y el PSOL.

¿Tenemos algo que celebrar?

A pesar de una inquietante presencia de la violencia política de extrema derecha, simbolizada en el caso de Talíria Petrone, diputada del PSOL por Río y amiga de Marielle Franco, que ha tenido que ocultarse ante el descubrimiento de un complot para asesinarla, y del modesto desempeño general de los partidos de izquierda, Brasil ha avanzado en términos de diversidad e inclusión.

El número de alcaldes autoproclamados negros aumentó del 29% en 2016 al 32% en 2020. Aunque todavía está por debajo de la representatividad que debería tener en un país donde más del 56% de la población se autodenomina negra o morena, este aumento es significativo.

La presencia de mujeres que asumirán alcaldías también ha aumentado ligeramente, del 11,7% al 12,1% entre las dos últimas elecciones. El panorama es aún más alentador en las cámaras municipales, que vieron un aumento de alrededor del 20% en representación femenina, 25% en representación negra y 5% en representación indígena. De manera muy signifgicativa, en las capitales el número de concejales negros electos alcanza el 44% del total.

Los candidatos transgénero también conquistaron una gran victoria en 2020, obteniendo un voto histórico en una elección que marca la primera vez que pudieron postularse usando su nombre de opción y no el que se les asignó al nacer.

En São Paulo, la ciudad más grande de Brasil y América Latina, dos candidatos trans terminaron entre los diez más votados, incluida Erika Hilton, del PSOL, quien se convirtió en la primera concejala trans negra de la ciudad.

Erika Hilton | Midia Ninja/Flickr/CC BY-NC 2.0

Y la elección de candidatos trans no se limitó al ámbito progresista. Elegido por el partido de derecha PL, Thammy Miranda – hijo de Gretchen, una celebridad en Brasil – obtuvo la novena votación más grande en la ciudad.

Belo Horizonte, capital de Minas Gerais, también eligió a su primera concejala trans, Duda Salabert, quien lideró en número total de votos, con 37.613. Aracaju, capital de Sergipe, también entró en la lista al elegir a la candidata trans Linda Brasil, del PSOL.

A pesar de las magras victorias de la izquierda en la primera vuelta, el campo muestra signos de reacción frente al debilitamiento del PT. Ciro Gomes, candidato a la presidencia en 2018 por el PDT e importante fuerza política en Brasil, declaró su apoyo a las candidaturas de Manuela D’Ávila, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), en Porto Alegre, y de Guilherme Boulos, en São Paulo, indicando que la izquierda entiende la necesidad de unirse.

Dado que las elecciones municipales históricamente tienen poca influencia en las elecciones presidenciales, los resultados de la votación del domingo pasado no predicen la derrota de Bolsonaro en 2022. Sin embargo, quizás este año más que nunca, sirven como un termómetro para medir el estado de la fiebre provocada por Bolsonaro en la población brasileña.

Si el termómetro está calibrado, indica que los brasileños ya se cansaron de la política de entretenimiento de inspiración trumpista y anhelan volver a la estabilidad de la vieja política del “roban, pero hacen”. Como argumentó el presidente de la Cámara Rodrigo Maia esta semana, quién salió victoriosa en estas elecciones fue la política en sí. Después del devastador terremoto político que supuso Bolsonaro en 2018, algo se mueve en Brasil.

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