Después de bailar un tango, la emoción invade nuestro alma y nuestro cuerpo. Podemos ver brillar los ojos de nuestra pareja, sentir los latidos de su corazón y hasta podemos sentir de cerca  su perfume. Esas sensaciones nos acompañan aveces por mucho tiempo después del final de una noche.

Bailando se dialoga en silencio. Algunas veces peleamos, sufrimos, nos queremos y nos reconciliamos. Podemos decir : hola y adiós.

Amor y amistad viven en cada abrazo. Podemos aprender, conocer, aceptar y mismo podemos sentir la temperatura del cuerpo del otro. Desde sus manos hasta el torso, sin olvidar la cintura, su cara o la suavidad de su pelo.

Transpiramos como si se tratase de un paseo, una caminata. Diría también que se puede volar. Si, si, se puede volar si llegamos a la conexión perfecta entre nuestras almas y la música, entre los movimientos y el respeto de nuestra pareja de baile.

El tango es un mundo lleno de emociones. Es la vida real traducida en baile.

Alejandro De Benedictis (Tango Argentin Genève)

www.tangoargentin.ch