Cuando la derecha gana es triunfo de la democracia. Cuando la derecha pierde, es fraude. Estados Unidos con Donald Trump es un ejemplo claro y concreto. En Chile, la derecha no tuvo como discutir visto el tamaño de la derrota. En Brasil, Jair Bolsonaro ja se prepara, un año antes de las elecciones, a denunciar un fraude que todavía no sucedió. Argumenta que hace tres años, cuando ganó las elecciones, su triunfo fue en el primer turno. Si pasó al segundo turno, fue por causa de fraude (¿???), afirmaciones que nunca tuvieron ninguna prueba que las respalden. En el Perú se sigue la misma lógica. Ganó Castillo, es incontestable. La OEA y los estados Unidos ja reconocieron que las elecciones fueron limpias y que no se encontró ninguna prueba de fraude, mas Fuerza Popular de Kiko Fujimori insiste en que hubo fraudes masivos y que fue ella quien ganó las elecciones. No es la primera vez. Cada vez que Fujimori participa de una elección presidencial es la misma historia. Y seguramente, como Trump, después de declarados los resultados, Kiko continuara a se lamentar que la robaron las elecciones.

Con el triunfo de Castillo en Perú, América latina se acerca a un nuevo paradigma: El triunfo de los pueblos originarios organizados y combativos, el de los movimientos populares independientes, fuera de los partidos tradicionales, que reúnen las aspiraciones de los diferentes segmentos de la sociedad y de la base, más pragmáticos que ideológicos, cansados de la pobreza y la miseria material, espiritual e intelectual que la derecha liberal a impuesto durante los siglos.

La derecha no gobierna para todo el país, la derecha gobierna para los intereses de grupos minoritarios que poseen el control de la economía. Para ellos, la sociedad en su conjunto debe estar al servicio de estos grupos. Los únicos derechos que valen son de esta minoría que se cree dueña del país, que piensan que pueden imponer todo y cualquier cosa, que se aferran a sus privilegios, aunque causen destrucción y miseria como es el caso de Brasil, como fue en Bolivia durante el golpe y como es en Colombia, sacudida por una revuelta popular cansada de ser engañada, manipulada y asesinada.

 En Chile la derecha extrapoló en los abusos y la represión hasta el punto que prácticamente se suicidó y hoy no representa mas que el 15 % de la población y difícilmente volverá al poder en las próximas décadas.  Ni siquiera la extrema represión del levantamiento popular de octubre de 2019 pudieron cambiar las cosas. Al contrario.

 La falta de empatía, la crueldad social, el egoísmo, la estrechez de la visión de la derecha con respecto al conjunto de la sociedad ha hecho que, en todo el mundo, se produzca una reacción de los diferentes sectores que se les opone frontalmente frente a los desafíos ecológicos, climáticos, de salud pública, económicos y sociales marcados principalmente por el avanzo fulgurante en Europa de los partidos ecológicos y el aumento significativo de las mujeres en política. La obsesión de la derecha por los beneficios, la utopía del crecimiento perpetuo, la manutención del sistema patriarcal,  la concentración de riqueza y de renda, del “poder” los han alejado cada vez más de los intereses de los ciudadanos.

Con discursos monotemáticos, utilizando el miedo, el chantaje, la derecha pierde cada vez mas terreno frente a generaciones que no quieren pagar el amargo precio del futuro, causado por irresponsables criminales que solamente se preocupan del aumento de los lucros a final del año, sin tomar en consideración las consecuencias de sus actividades. Y cuando son denunciados, como la industria minera o farmacéutica, no dudan en mentir, tergiversar, dar falsos argumentos y hacerse pasar por victimas en un espectáculo de hipocresía y cinismo. Es lo que más les molesta de Greta. Que una adolescente les diga en la cara, mirándole a los ojos, lo que realmente son.

Esta gente, verdaderos traidores de la humanidad, colocan sus interese por encima de los intereses de la sociedad y de las generaciones futuras sin el más mínimo escrúpulo. El discurso de la defensa de la libertad y de la democracia, de los valores “liberales”, del individualismo, de la meritocracia, del Estado mínimo cada vez tienen menos eco frente a la realidad del planeta. “Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado y el último pez atrapado, nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer”, Tatanka Iyotanka, Jefe Sioux

El petróleo no se come, la especulación financiera no se come, la corrupción de los bancos, al contrario, produce hambre y muerte como en la crisis del 2008.  Y cuando falte agua, cuando falten recursos naturales, cuando la humanidad se vea reducida a la sobrevivencia mínima por culpa de estas hienas, ellos inventaran todo tipo de discurso para justificarse y seguramente crearan guetos en donde refugiarse dejando el resto de la humanidad al exterior.

En América latina debemos crear nuevos sistemas que integren todo el mundo, luchar por una verdadera democracia popular y participativa, en donde el pueblo sea realmente soberano y que el poder venga directamente de las bases. Una democracia en la cual todos los segmentos sean representados. Estados plurinacionales que integren su historia, sus diferencias, sus lenguas, sus tradiciones. América latina tiene que acabar definitivamente con 500 años de colonialismo. Debemos acabar con los caudillos, debemos entender que no existen salvadores de la patria, debe existir un pueblo unido que lucha por sus intereses. Crear una nueva forma de poder popular, democrático e inclusivo que tenga como instrumento la democracia directa. Pero este sistema tiene que ser la cara y el grito de América latina. Tenemos que acabar con este sistema democrático burgués y liberal, abierto a todas las manipulaciones y corrupciones, controlados ha siglos por una oligarquía que se ha adueñado de las naciones.

Tenemos a Bolivia, pronto tendremos a Perú y Chile, que abrió el camino con el levantamiento de octubre. Tenemos que apoyar nuestros hermanos de Brasil que están luchando contra el mal absoluto, contra un criminal genocida.

Es la hora.  Los Pueblos de América latina deben unirse de una vez por todas, superando las diferencias que nos impusieron desde la colonia. Nos dividieron, nos encerraron dentro de fronteras artificiales, crearon antagonismos y disputas entre los pueblos para que las oligarquías pudieran perpetuarse en el poder. No podemos olvidarnos nunca de las frase de Kissinger sobre el proceso Chileno de Salvador Allende: “”No veo por qué tenemos que esperar y permitir que un país se vuelva comunista debido a la irresponsabilidad de su propio pueblo”..

  Somos un solo pueblo, somos una sola tierra y tenemos a la Pachamama como guía. Es el grito de la tierra que se yergue para combatir a los enemigos de nuestros pueblos. Tenemos un destino común, una historia común, dolor, sangre y sufrimiento común. Esta en la hora que las cosas cambien.

Alfonso Vásquez Unternahrer