La ambición, decía, es una enfermedad apátrida, es un ejército invisible, es el propio demonio, es un cáncer tan peligroso que lleva a que sólo unos cuantos cerebros puedan decidir los destinos del universo, la ambición es un pulpo gigantesco que no se sacia con nada, que construye castillos dorados sobre las cenizas de la espesa selva, y caminos de rosas con el sufrimiento de la especie humana.

Uno de sus grandes secretos, una vez que lograra independizar a su pueblo del reino de los Alpes Neutrales, era que gobernaría sin parlamento, sus cuentas sobre el mantenimiento de esta especie de individuos dejaban ver muy claro, que el promedio mundial de ésta, teniendo en cuenta países subdesarrollados, en vía de desarrollo, y desarrollados, ganaba veinte salarios mínimos mensuales por encima de su clase obrera, lo que consideraba una vergüenza intercultural, al igual que una prioridad, estar ajeno a ésta.

Con ciertos rasgos de cólera y pronunciada indignación exclamaba: ¡Cómo es posible que aquel buen hombre que proclama la igualdad, que dice llamarse líder político, y que fuera de eso se permite afirmar que tiene en su poder los ases bajo la manga para dar solución a toda injusticia que se cometa contra su pueblo, se da el lujo de percibir una remuneración en algunos casos cincuenta veces mayor que la de su propio pueblo, por quien dice defender sus intereses y sus derechos!

Tomaba un poco de aire y continuaba: ¡Cómo es posible que un pobre diablo deba trabajar durante toda su vida activa, sin derecho a infancia ni a vejez, para terminar ganándose con mucho esfuerzo, lo que los llamados padres de la patria ganan en un año, unos durmiendo aplastados en un sillón, mientras los otros debaten lo que sus prebendas y salario nunca afectó!

Nos miraba uno a uno como asegurándose que poseía nuestra más interesada atención, y proseguía: !Eso  sin contar gastos de representación, viáticos, primas salariales, exención de impuestos pensionales,  becas de estudio, subsidios de transporte, comunicación satelital, indemnizaciones por pérdidas financieras vacacionales,  esquemas de seguridad personal, comisiones por su voto aprobatorio o desaprobatorio de los proyectos de ley, y refrigerios! ¡Háganme el favor y conmigo no cuenten para mantener esa plaga!

“Todo conocimiento que por la profundidad de él mismo, nos abra las puertas de la reflexión, poniendo en evidencia nuestros puntos débiles, es prudente considerarlo como señal de alerta”. Apostólides

 Apartes de la obra inédita  “Amos de las Tinieblas”. Capítulo: Las ansias de Poder.

Carlos Adolfo Rodríguez

Publicado por Revista Hebdo Latino Suiza, Editorial Rove Argentina y Editorial Verbum España. Última novela publicada: “Condenados por el Poder”.