La utopía, aún vigente, de los masones Simón Bolívar, Francisco Miranda, José de San Martín, Bernardo O’Higgins, de construir una sola Patria latinoamericana, que en la logia Lautaro compartieron sus sueños y esperanzas, pareció renacer durante del período de paz engañosa que se produjo en el mundo entre el final de la primera guerra mundial y comienzos de la segunda.

En esa época, las masas de los países americanos, agrupados en los Frentes de Acción Popular, pudieron construir gobiernos populares. Las ideas socialistas y comunistas brillaban en foros abiertos en casi toda América latina… hasta que terminó la segunda guerra mundial.

Surgió entonces la llamada “guerra fría” y con ella una lluvia helada, sanguinaria y retrógrada vino a poner fin a la organización de nuestros pueblos desatando la persecución despiadada de los movimientos sindicales y sociales que habían florecido hermosamente en ese tiempo. Los líderes y luchadores sociales fueron encarcelados, asesinados o exiliados de sus países de origen.

Los ejércitos que cada país se había dado, supuestamente para defenderse de invasiones extranjeras fueron entrenados y dirigidos por agentes de la CIA y militares norteamericanos para que se encargaran de esa trágica tarea que es la represión de los pueblos. De esa forma cualquier persona o grupos de personas con ideas de justicia social, más aún las que olieran a “unidad latinoamericana” eran tachados de comunistas y perseguidos con la misma saña con la que actuó, en su época, el Santo Oficio de la Iglesia Católica a través de la Inquisición contra aquellos que no compartían sus dogmas religiosos.

Las ideas libertarias durante la Guerra Fría, sin embargo no pudieron ser exterminadas, la derrota del dictador Fulgencio Batista, en Cuba, y la construcción del primer gobierno socialista en América llenó de entusiasmo a los pueblos de América. Como resultado de ello las luchas de los pueblos latinoamericanos permitieron que asumieran el poder algunos dirigentes con vocación de justicia social. Así, en Brasil, el dirigente Joao Goulart al asumir la Presidencia de Brasil en 1961 realizó grandes reformas sociales, pero tres años después, en 1964 fue derrocado por los militares con el apoyo político de los Estados Unidos, exiliado en Argentina fue asesinado el 6 de diciembre de 1976 por agentes uruguayos de la llamada “Operación Cóndor” (organización criminal de varias dictaduras latinoamericanas para asesinar a sus opositores). 

Luego del derrocamiento del Presidente Joao Goulart la CIA impulsó una trágica secuencia de golpes de militares, cada cual más brutal y sanguinario en casi todos los países del cono sur de nuestro continente americano.

Hace unos años observamos con entusiasmo como en varios de los países de América del Sur se expandieron las ideas libertarias que permitieron que se integraran algunos gobiernos con ideas de justicia social.

Me imaginé que esas sucesivas victorias populares logradas en aquellos años era como estar bailando bajo la lluvia donde no nos preocupa la mojada… pero de inmediato reaccioné, cuando se baila bajo la lluvia no nos preocupa la mojada, sino la neumonía.

Queríamos creer que los imperios estaban muy preocupados queriendo resolver las graves crisis que habían generado los poseedores de la riqueza petrolera y los halcones de la guerra e, ingenuamente, – latinoamericanos y subdesarrollados – hasta pensar que esa situación, hasta cierto punto, favorecería a nuestras incipientes democracias latinoamericanas. Muy en el interior de la mente de los dirigentes políticos que gobernaban esos gobiernos populares, pero muy, muy adentro de sus mentes, debía palpitar la idea de no bajar la guardia.  La historia les obligaba a recordar que a principios de la década de los 60’s la reacción del imperio norteamericano contra nuestros afanes libertarios fue exorbitante al impulsar a los militares genocidas para que tomaran el poder político y exterminaran físicamente a los que impulsaban ideas nacionalistas y libertarias.

De allí, de esas trágicas experiencias, una vez que pasara el entusiasmo por celebrar bajo la lluvia, los gobiernos populares tenían que tomar la decisión de cambiarse de ropa para prevenir la neumonía. En otras palabras eso significaba que debían transformar ampliamente la estructura burocrática del gobierno dominada ampliamente por la corrupción en todos sus niveles y reorganizar a sus ejércitos que estaban supeditados a la égida imperial. Como parte de ese cambio de ropas era preciso también poner un basta a la intervención de la CIA y la DEA en tareas de los gobiernos latinoamericanos.

Sabemos que la neumonía llegó de golpe, mientras se preparaba el golpe contra Brasil, su dirigente Lula dictaba conferencias en varios países sobre la “magistral” forma como ejerció el poder… mientras Odebrecht le comía el mandado; Correa en Ecuador al nombrar a sus colaboradores no supo interpretar que un hombre llamado Lenin lo  traicionara, a Correa simplemente no se le ocurrió que llamarse Lenin no implica ser revolucionario ni depositario de la brillante personalidad de Vladimir Ilich Ulianov, revolucionario ruso que cambió la faz del mundo; y en Argentina, como todo el mundo sabe, el peronismo sirve para todo, y como lo que sirve para todo no sirve para nada, mientras no se liberen del fantasma de Perón la bola seguirá rodando en contra del pueblo argentino… ¿Y Venezuela?

Bueno, hasta aquí los dejo, sigan ustedes con las consecuencias por bailar bajo la lluvia y quedarse con la ropa mojada, Nicaragua y Bolivia en capilla, por lo pronto sigamos sufriendo el calor del hemisferio norte, y el frío del hemisferio sur.

De nada y hasta siempre estimadas amigas y amigos

Rolando GONZÁLEZ ALTAMIRANO