Poco me sorprendió, señor presidente, su propuesta para llevar a buen término, su proyecto bandera que en el Senado de la República, el cual por prioridades de agenda, no fue llevado a cabo durante su paso fugaz por el parlamento. La pequeña modificación hecho a éste, es discutible, como todo tema que en tan sagrado recinto se ventile, pasar de la pena de muerte, a cadena perpetua, para violadores y asesinos de niños, es muy amable de su parte.

El no proponer tan ambicioso proyecto, para ser votado en el sagrado recinto de la democracia, donde usted hoy cuenta con las mayorías, para que a sorpresa de todos, y contra todo pronóstico, éste sea votado directamente por el pueblo vía referéndum, genera mucha intriga sobre la estrategia de su equipo de gobierno, más aún estrenando un nuevo ministro de hacienda pública, bien curtido y experimentado, en temas de prioridades y austeridad.

Como bien le había escrito, señor presidente, cuando como senador se inclinaba por la pena de muerte para castigar este repudiable crimen, serían muchísimas las personalidades de su iglesia católica, que tendrían que comenzar a hacer cola, para emprender de imprevisto, un largo y tedioso camino al infierno.

Con toda humildad, le digo, señor presidente, que a mí no me hace feliz castigar, ni impartir justicia, mi vocación, como también se lo he dicho en varias ocasiones, está en la educación, y en el respeto por el ser humano, antes de que éste se convierta, en un delincuente más, o en un asesino menos.

Para mí, señor presidente, una parte de los condenados por éste, y otros delitos atroces, son víctimas del sistema que usted hoy representa, sin eximir a éste, del deterioro mental que en ellos ocasiona: niños maltratados, que en edad adulta maltratan, niños abusados, que en edad adulta abusan, niños traumatizados, que en edad adulta traumatizan, niños torturados, que en edad adulta torturan, niños aterrorizados, que en edad adulta aterrorizan, niños corrompidos, que en edad adulta corrompen, todos éstos, niños privados de amor, que en edad adulta, sólo generan odio.

La otra parte de los victimarios, incluyendo aquellos en potencia, son víctimas del infame y aberrante celibato impuesto por su propia iglesia, a sus representantes de Dios en la tierra, votos de castidad únicamente comparables con la ablación, en pleno siglo XXI.

Bueno, a este respecto nada puedo hacer yo, usted es el presidente, amigo del rey y admirador del papa, yo sólo vuestro humilde servidor, estar en mis botines es sumamente cómodo, yo mismo los escojo, si fuera yo quien por un breve momento pudiera ponerme en sus zapatos, no escucharía asesores, y para evitar ser vilmente tildado por tan odiosa oposición, de mago y diseñador de espesas cortinas de humo, a este referéndum suyo, ipso facto le sumaría, sin titubear ni un solo instante, y ausente de cualquier duda, políticos, y contratistas corruptos, sin dejar de meter en el canasto, ni por ningún motivo olvidar de dejar de lado, carteles de falsos testigos, fiscales, jueces y abogados.

Estoy seguro que con tan noble medida, su referéndum no sólo sería un éxito, el más diáfano velo disipador de humo, y el renacer de un nuevo mundo, sino que su tan admirado ministro de hacienda, como por arte de magia, estaría encantado, antes de ser decapitado, de recuperarle al pueblo, los excedentes destinados a la guerra, durante sus anteriores, victoriosos y fructíferos años, al frente de la cartera. Y usted sin ni siquiera pensarlo, se estaría convirtiendo, en el caudillo, que tanto El Pacífico ha esperado, sin que tenga éste, que ser asesinado.

“La castración del instinto sexual a manos de la cultura y la moral, en tiempos de guerra, y en tiempos de paz, sólo nubla la razón, ínsita a la violación, despierta la ira, y genera el más intenso dolor, sólo los que en vida sus consecuencias han sufrido, darían lo humanamente posible, por un mínimo de educación”. Apostólides

Carlos Adolfo Rodríguez Escobar
Publicado por Editorial Rove, Argentina, y Revista Hebdolatino, Suiza.

 Obra inédita en construcción: Amos de las Tinieblas, y artículos con miras a participar en los concursos de literatura y periodismo, Ortega y Gasset, y Gabriel García Márquez, categorías: ficción, innovación y libre.