Paradójicamente, gracias a los escándalos, su virulencia contra todos aquellos que piensan distinto y a los notarios zombis, esta sería, a fin de cuentas, la mayor contribución de la Lista del Pueblo, a saber: el enseñarnos el verdadero rostro intolerante e irracional de la patota o democracia asambleísta y de los supuestos representantes de la “voz del pueblo”.

Al menos si logramos sacar estas sobrias conclusiones y entender los verdaderos límites y riesgos de apelar al “pueblo”, a “la democratización de las decisiones” y al “buenismo moralizante”, entonces los bochornos de la LdP podrán ser algo más constructivo que una mera y patética anécdota de nuestra degradada política nacional.

En estos últimos días ocurrieron casos tragicómicos que formarán parte del nuevo panorama político y folclórico nacional: los bochornos relacionados con la Lista del Pueblo (LdP) y con las supuestas “nuevas formas” de hacer política desde abajo. Pues bien, trascurridos apenas tres meses de su espectacular resultado en las urnas, que le permitió llevar a la Convención Constitucional un considerable número de representantes, la LdP se ve ahora envuelta en una serie de sucesivos escándalos y de deserciones varias dentro de sus listas. Un espectacular auge y brutal caída de la voz del supuesto “pueblo no representado”.

En la historia de la tragicómica política nacional quedarán tanto los delirios de la excandidata a senadora por el Partido Igualdad, Ana Vergara (“yo creo que deberíamos ser una monarquía”), como la farsa de la LdP, en donde resucitaron a un notario fallecido –el ahora Notario-zombi don Patricio Zaldívar– para inscribir la candidatura de Diego Ancalao con firmas falsas. Pero dejando de lado los bochornos y lo delirante de nuestra política nacional, estos últimos casos nos dejan grandes lecciones para nuestro futuro cercano.

Una gran lección es que aquellos que supuestamente representan “la voz del pueblo” y que se jactan de representar a aquellos grupos marginados en la política nacional, no son ni blancas palomas moralmente superiores, ni tampoco serán la salvación a nuestros problemas políticos.

Recordemos que la LdP nació como una plataforma ciudadana desde-abajo-hacia-arriba (desde las bases o desde “el pueblo”), con el objetivo de poder ser más representativa, diversa y superior a la política tradicional. La LdP supuestamente nació como una respuesta “de los de abajo” o “del pueblo” en contra de aquella presunta “élite corrupta y explotadora”. Pues bien, resulta que aquella “purificadora” fuerza política no solo repite las peores dinámicas de los partidos políticos, sino que, peor aún, comete bestialidades como amenazas y golpes a candidatos presidenciales, payasadas como tratar de redactar una Constitución vestidos de Pikachu y de Dinosaurio, fraudes electorales al resucitar notarios fallecidos, entre otros tantos escándalos.

El caso de la LdP es similar a aquellos cerdos de Orwell que apelaban al “pueblo” y a la refundación utópica de la granja para erradicar a las élites humanas y la explotación, pero que, una vez en el poder, terminaron por ser incluso peores que los mismos humanos al caminar en dos patas, fumar puros y beber whisky, mientras el resto de la granja terminó en la esclavitud. Con todo, ser independiente, apelar al pueblo y supuestamente representar su “inmaculada voz”, no resuelve entonces para nada los problemas ineludibles que nos presentan el poder, la política y las dinámicas de las élites.

En otras palabras, las bases, los ciudadanos excluidos y aquellos “representantes del pueblo marginado” resultan ser iguales o incluso hasta peores que los políticos tradicionales, asemejándose a cualquier tosco proyecto por hacerse con algo de poder. La primera lección de este fraude es sumamente importante: el apelar “al pueblo” con un discurso puritano o moralizante, que asegura representar la voz de los marginados, no es una condición ni necesaria ni suficiente para hacer política decente, ni tampoco para poder subirse a un podio moral y creerse “más puros” o “superiores” dentro de la esfera pública.

Además –como lúcidamente lo reconocía Orwell en Rebelión en la granja–, cuando cualquier ser humano (o cerdo) se hace con el poder, ahí donde no hay instituciones liberales como la democracia representativa ni una Constitución que limita y fragmenta el mismo, las propias dinámicas del poder y la dominación terminan por replicar las peores acciones de abusos, desigualdades, y explotaciones; repitiendo así las mismas dinámicas impresentables que supuestamente los paladines morales como los de la LdP apelaban erradicar. “Es finalmente la hora del pueblo, no de los expertos y de la casta”, decían muchos octubristas después del 18-O; pues bien, al parecer la solución “popular” que se vislumbra, y que muchos intelectuales de izquierda todavía promueven, parece ser peor que la misma enfermedad.

El caso de la LdP es similar a aquellos cerdos de Orwell que apelaban al “pueblo” y a la refundación utópica de la granja para erradicar a las élites humanas y la explotación, pero que, una vez en el poder, terminaron por ser incluso peores que los mismos humanos al caminar en dos patas, fumar puros y beber whisky, mientras el resto de la granja terminó en la esclavitud. Con todo, ser independiente, apelar al pueblo y supuestamente representar su “inmaculada voz”, no resuelve entonces para nada los problemas ineludibles que nos presentan el poder, la política y las dinámicas de las élites. Creer lo contrario es conducirnos a terminar siendo gobernados por gente tan delirante como Ana Vergara, Pikachu o dinosaurios varios, o por la banda de violentos que atacó y amenazó al candidato presidencial Gabriel Boric, o por aquella banda de forajidos que resucita notarios y viola las leyes electorales.

Todo esto es una lección respecto a los abismos de apelar a “la voz del pueblo” contra una “élite corrupta” y de los espejismos de la democracia directa que nos pueden conducir simplemente a discursos de odio, violencia y, a fin de cuentas, por terminar hundiendo nuestra democracia al saltar al vacío que nos ofrecía la utopía de una presunta “República plebeya”. La LdP, en vez de ser la voz pura y racional de los marginados en el debate público, ha terminado siendo el reflejo de lo peor de nosotros mismos, de nuestra virulencia y de nuestra actual cultura de la cancelación, contribuyendo a acelerar el estado de descomposición de nuestro debate público.

La Lista del Pueblo se ha convertido en un fraude no solo para los marginados, sino que también para nuestra democracia y convivencia cívica, al tratar de jugar a la política saltándose todas las reglas: quieren participar en el debate público socavándolo a punta de gritos, pataletas, amenazas, funas y cancelaciones. Lo anterior nos sugiere que, el pueblo en su extremo, o de cierta forma el asambleísmo y la democracia radical sin límites, no conducen a generar un diálogo democrático de deliberación racional. Esto es un baño de agua fría para todos aquellos embriagados con los cabildos y las formas de participación ciudadana que supuestamente habrían llegado como redentores para salvarnos y liberarnos de una presunta élite explotadora.

En tiempos en donde la democracia representativa está cuestionada por populistas de izquierda y de derecha e intelectuales embriagados con cabildos locales y la supuesta rebelión puritana del pueblo reprimido, el fracaso moral y los bochornos de estas últimas semanas deberían ayudarnos a entender mejor los verdaderos riesgos de la democracia directa o popular y apreciar aún más el rol apaciguador de los partidos políticos bien constituidos y el rol de contención tanto de la democracia representativa bicameral, como de una Constitución que limite su arbitrio. Al fin y al cabo, la democracia radical, el asambleísmo desde las bases y la “voz del pueblo”, cuando asoman su verdadero rostro vociferante y antidemocrático, resultan ser una alternativa más incoherente e inferior que la hoy vilipendiada democracia constitucional.

Paradójicamente, gracias a los escándalos, su virulencia contra todos aquellos que piensan distinto y a los notarios zombis, esta sería, a fin de cuentas, la mayor contribución de la Lista del Pueblo, a saber: el enseñarnos el verdadero rostro intolerante e irracional de la patota o democracia asambleísta y de los supuestos representantes de la “voz del pueblo”. Al menos si logramos sacar estas sobrias conclusiones y entender los verdaderos límites y riesgos de apelar al “pueblo”, a “la democratización de las decisiones” y al “buenismo moralizante”, entonces los bochornos de la LdP podrán ser algo más constructivo que una mera y patética anécdota de nuestra degradada política nacional.

Pablo Paniagua

El mensaje de Rafael Montecinos, cofundador de La Lista del Pueblo: “Hoy empiezo a dar un paso al costado”

En una publicación de Instagram, el cofundador de La Lista del Pueblo señaló que “los que me conocen saben que hace meses ando con la misma camisa, lo di todo para que 24 personas pudiesen hoy escribir la Nueva Constitución de Chile, fui expulsado de mi trabajo por “pensar Distinto”, he recibido persecución política, detenciones y tortura por parte de carabineros, gaste todos mis ahorros y mi finiquito, pronto tendré que dejar el lugar donde vivo porque ya no hay dinero para seguir pagando por él, todo esto para liderar, junto a un par de compañerxs, este proceso para que personas del pueblo, común y corrientes pudiesen estar hoy donde están”.

Rafael Montecinos, cofundador de La Lista del Pueblo, envió un mensaje a través de su cuenta de Instagram en el que sugiere que abandonará la organización.

Montecinos se refirió a la crisis que enfrenta el movimiento que ha generado la renuncia de 14 de 27 convencionales. A esto se suma la fallida candidatura de Diego Ancalao, luego que el Servicio Electoral (Servel) la rechazara ya que más de 20 mil de las firmas que presentó estaban validadas por un notario fallecido.

En su mensaje, el cofundador de La Lista del Pueblo señaló que “los que me conocen saben que hace meses ando con la misma camisa, lo di todo para que 24 personas pudiesen hoy escribir la Nueva Constitución de Chile, fui expulsado de mi trabajo por “pensar Distinto”, he recibido persecución política, detenciones y tortura por parte de carabineros, gaste todos mis ahorros y mi finiquito, pronto tendré que dejar el lugar donde vivo porque ya no hay dinero para seguir pagando por él, todo esto para liderar, junto a un par de compañerxs, este proceso para que personas del pueblo, común y corrientes pudiesen estar hoy donde están”.

Agregó que “nunca espere recibir nada Cambio, ni lo espero ahora, pero de la gran mayoría de los Convencionales no recibí ni un Gracias por la tarea realizada, ni un llamado en estos momentos difíciles, y es más, ver como se van sin despedirse, duele, porque lo diste todo por ellos, arriesgaste tu vida por ellos. El pago de Chile, dicen”.

“Sí, me equivoqué con Ancalao, hay que ser autocrítico, pero cuando uno abraza una causa, y más si es del pueblo, tiene que ser consecuente hasta el final, y los mecanismos más transparentes posibles nos llevaron hacia una persona que no solo nos engañó a nosotros, quizá me arrepentiré por mucho tiempo, pero actué bobamente intentando ser consecuente, pude no haberlo hecho, pude haber tomado el camino fácil, dejar que la máquina política que nos llevó a este proceso de Parlamentarias y Presidenciales después de mayo terminara su cometido, llevar a Cuevas y hoy estar en un listado de todos los Partidos que me llamaron siendo opción a ser Diputado”, manifestó.

Finalmente, sostuvo que “hoy empiezo a dar un paso al costado, del proceso de la convención al menos, porque hay momentos en la vida en que las decepciones de las personas te obligan a que tengas que tomar una pausa necesaria”.

Constituyente Ingrid Villena es la nueva baja en la Lista del Pueblo: “Me resté de todas sus actividades”

La representante del Distrito 13 explicó en su cuenta de Instagram que desde hace un tiempo dejó de participar en la LDP, ya que su trabajo en la Convención Constitucional es “de carácter exclusivo” y afirmó que se ha dedicado “arduamente” a la elaboración del Reglamento del organismo.

Con la fallida candidatura presidencial de Diego Ancalao como telón de fondo, la Lista del Pueblo (LDP) sufrió una nueva baja en sus filas. Ingrid Villena se convirtió en la décima convencional en dejar la agrupación.

La representante del Distrito 13 presentó formalmente su renuncia a la agrupación, argumentando que “desde que la Lista del Pueblo decidió optar por un camino parlamentario y presidencial, me resté de todas sus actividades, no participando en ninguna de sus decisiones”.

“Desde el día que asumí como convencional del Distrito 13, como representante de mis vecinos y vecinas, he enfocado todo mi tiempo y mis esfuerzos en la Convención Constitucional, trabajando arduamente en la elaboración del Reglamento, el que esperamos esté a la altura de los sueños y esperanzas de millones de personas que ven en este proceso histórico una solución real contra tantos años de despojo y desigualdad”, comenzó señalando la abogada.

Y añadió que “conforme a ello y desde que la Lista del Pueblo decidió optar por un camino parlamentario y presidencial, me resté de todas sus actividades, no participando en ninguna de sus decisiones”.

“En razón de aquello —agregó—, hoy les comunico formalmente mi salida, siendo mi único fin el proceso constitucional que se encuentra en tránsito”.

Villena cerró indicando que “seguiré trabajando en conjunto con todas las personas y organizaciones de mi Distrito, como también con mis compañeros y compañeras electos y electas de la Lista del Pueblo, con quienes compartimos los ideales por un país más justo”.

La renuncia de Villena a la Lista del Pueblo se suma a Loreto Vidal (Distrito 20), Elisa Giustinianovich (Distrito 28), Camila Zárate (Distrito 7), Helmuth Martínez (Distrito 23), Natalia Henríquez (Distrito 9) Marías Rivera(Distrito 8), Francisco Caamaño (Distrito 14) y Loreto Vallejos (Distrito 15).

Además de estos, Giovanna Grandón (Distrito 12), la popular “Tía Pikachu”, anunció su alejamiento momentáneo de la instancia para así concentrarse en su trabajo en la Convención Constitucional.

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