Siempre creí que los halcones de la guerra debían ser hombres viejos, no tanto lo anciano como lo maltratado por el odio a la humanidad que llevan dentro de su corazón espinoso, que debían poseer rostros marchitos, de ojos pequeños perdidos en una maraña de arrugas, de voces nasales y tartajeantes, manos con dedos largos, engarfiados, rugosos y uñas recortadas, narigones, de boca apretada en un extraño rictus de esfínter anal de perro callejero.

Esa es la imagen que veo, a veces, en CNN, el canal militar de la televisión gringa. Nos los muestran de vez en cuando para anunciarnos el exterminio inminente de los pobladores de un país situado en algún lejano rincón del planeta. Estos supuestos “halcones” agachan la cabeza mientras su mirada se abre paso dificultosamente entre las arrugas de sus párpados. Nos quieren asustar – pienso – pero no les tememos, ni siquiera nos inspiran compasión esos viejos “halcones de la guerra” disfrazados de soldados que nos miran en los programas militarizados de la CNN.

Otra cosa es cuando miramos atentamente la hermosa cara de la locutora de ese canal militar, cuando escuchamos su acento portorriqueño o centroamericano mientras ella nos observa en el vidrio del aparato con expresión ajena, desdeñosa. Cuando queremos entender lo que dice un segundo personaje aparece en escena, canoso, entacuchado, de sonrisa helada nos anuncia a gritos su presencia convulsiva.

Ambos  parecen disfrutar sádicamente mientras hostigan al marchito “halcón” de turno que tienen frente a sí, lo obligan a explicar con detalle las armas de exterminio que usan los mercenarios soldados de Estados Unidos en Irak. Armas que hemos visto centenares de veces en las películas belicistas con las que los productores americanos llenan nuestras tardes de domingo.

El otro día, al observar atentamente la actitud belicosa de esta pareja de locución me di cuenta que el interrogado no es para ellos sino un despreciable soldado marchito, un desecho del ejército gringo y que ellos son los verdaderos “halcones de la guerra. Los volví a mirar y supe que esta mujer desdeñosa y su presuntuoso compañero reúnen en su perfil apocalíptico la verdadera esencia del “halcón de la guerra”, descubrí que estos tenebrosos personajes no ocupan asesinar personas indefensas para cumplir con la faena que sus jefes militares les han encargado. Su verdadera tarea consiste en matar las esperanzas de los pueblos libres, para ello no arrugan siquiera el entrecejo cuando mienten descaradamente al mostrarnos día y noche escenas especialmente escogidas del ejército invasor norteamericano e inglés en Irak, Libia, Siria, mientras sus voces estallan rotundamente para asegurar que estos bandidos, criminales y ladrones representan “la democracia”.

¿Cómo pueden mentir con tanto descaro? – Me pregunto – si para todo el mundo está claro que estos soldados son mercenarios cuyo papel es exterminar pueblos lejanos por el pago de algunos dólares.

Estos “halcones de la guerra” de los canales militarizados de la televisión norteamericana nunca dicen que la guerra obedece al pragmático fin de apoderarse de las riquezas naturales de los países invadidos.

Ayer era Irak, Libia, hoy es Irán, Venezuela. En América Latina, en Ecuador,  logaron convertir a un hombre de nombre Lenin en un traidor a su propio nombre. No importa cual país sea. Las mentiras que distribuyen estos Halcones de la Guerra del canal militar CNN se repiten incansablemente sin alterar siquiera un músculo de sus caras de mercenarios sin conciencia.

¿No me creen? Mejor háganlo. Esa TV militarizada anuncia mediáticamente cuál será el próximo objetivo del Imperio.

De nada y hasta siempre amigas y amigos.

 Rolando GONZÁLEZ ALTAMIRANO