La palabra Licencia es tan amplia y compleja en significado, que sorprendería una investigación exhaustiva de ella; no lo haré, simplemente las que aparezcan en los pocos minutos de reflexión al respecto.

El calificativo de Licenciado fue un orgullo para todo aquel que llegara a terminar una carrera universitaria, y casi todos lo “políticos” lo son; tengo el dato de un exgobernador que no lo fue, y por ello limitó en los anuncios en el periódico el título de quien apareciera en la sección de sociales. Pero como no es oficial (la información), sólo lo diré sin más detalles.

La inspiración original de éste tema fue el de la licencia de conducir, que no todo mundo debe tener, las razones son tan obvias que sólo hace falta salir, y no a la calle, sólo a la banqueta para cerciorarnos de que no tenemos “efectivamente” porque tener permiso par manejar.

Existe una cultura tan desastrosa, casi en todo el país, en este ámbito que uno de los conceptos bien dominados que se debe abstraer y practicar (RESPETO) no se toca.

Normalmente queremos ser el primero de la fila, tenga o no prisa, por serlo solamente. No acepto el segundo puesto; si existen tres carriles por el boulevard que circulo, es muy sencillo entender que el de la izquierda es para virar al mismo lado; el de enseguida con la alternativa de seguir de frente sirve para lo mismo; mientras que el tercero, debe ir de frente o vuelta a la derecha. ¿Difícil? Nada, está sencillo entenderlo, es más es de sentido común, pero éste ya está muy atrofiado con la cultura (el sentido común).

No queremos esperar los tres o cuatro minutos que tardará el próximo siga, flecha o lo que nos permita movernos. Se han promovido algunas actividades para ayudar tales como: “Conductor amigo, bájale”, recientemente, y se escucha rechazo al mismo tiempo porque la cultura supera todo movimiento que esté luchando contra lo que está bien sujeto (malos hábitos).

La educación pude y debe ser la solución. ¿Gustas?

Javier Salazar Rodríguez