El nuevo informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre los efectos de la pandemia en el mercado laboral global, sexto que elabora la organización con sede en Ginebra, empeora las cifras del anterior estudio de junio, en el que la pérdida de empleos equivalente se había cifrado en 400 millones, siempre comparando con cifras del año anterior. Este grito en un inmenso mar de silencio nos acompaña en cada informe, no cae del cielo, ni sube al infierno de las profundidades mas oscuras de la tierra, pero despierta cada día en la inmensidad de poblaciones que naufragan en las promesas de las tristes capitales. Los titulares de la prensa hoy nos hablan del trauma, del dolor y del desastre debido a una explosión histórica del desempleo.

La pandemia provocó en el segundo trimestre de 2020 una pérdida de horas de trabajo equivalente a 495 millones de empleos, al mismo tiempo que entre enero y septiembre los ingresos de los trabajadores cayeron en 3,5 billones de dólares, concluye el nuevo estudio de la (OIT).  Los 495 millones ahora calculados, que suponen una pérdida del 17,3 por ciento de las horas de trabajo, podrían moderarse en el tercer y cuarto trimestre, pero la OIT aún prevé en esos periodos descensos equivalentes a 345 y 245 millones de empleos respectivamente.

Latinoamérica, la región más golpeada

Todas estas pérdidas en horas de trabajo se tradujeron en el mencionado descenso global en los ingresos laborales de 3,5 billones de dólares (un 10,7 por ciento interanual).

América, subraya la OIT, es el continente más afectado por esta pérdida de ingresos, con una caída del 12,1 por ciento con respecto al mismo periodo de 2019, y los países en desarrollo también han resultado más golpeados que los ricos en este sentido, sufriendo una bajada interanual del 15,1 por ciento. Los descensos en horas de trabajo e ingresos se han debido principalmente a las medidas de prevención contra la COVID-19, que supusieron especialmente durante los confinamientos masivos el cierre de muchas actividades laborales, algo que según la OIT aún afecta a la mayor parte del planeta. Pese a que muchas medidas restrictivas se aplican de forma más laxa, la organización subraya que el 94 por ciento de los trabajadores reside en países en los que aún se aplica algún tipo de limitación que afecta a los lugares de trabajo.

Y todavía uno de cada tres trabajadores reside en naciones donde están cerrados todos los lugares de trabajo salvo los esenciales, recuerda el estudio.

El principal motivo de los cálculos más pesimistas, según la OIT, es justamente la situación de las economías en desarrollo y emergentes, en particular en el sector informal, que se ha visto mucho más afectado por la pandemia que otras actividades económicas.

Por regiones, Latinoamérica es la más afectada en términos relativos, con una pérdida de horas de trabajo en el segundo trimestre del 33,5 por ciento (equivalente a 80 millones de empleos) que seguirá siendo alta en el tercero, hasta el 25,6 por ciento (60 millones de empleos), según la OIT.

En términos absolutos, la mayor pérdida de horas de trabajo se dio en el sur de Asia, donde equivalió a 170 millones de empleos en el segundo trimestre y aún llegará a 115 millones en el tercero de acuerdo con las previsiones del organismo.

Aunque la OIT no dio información pormenorizada de cada país, sí destacó que la pérdida de horas de empleo en España ha rondado el 6 por ciento, en países como Estados Unidos o Brasil llegó al 10 por cien y en muchas naciones latinoamericanas (México, Chile, Ecuador, Colombia, Costa Rica) estuvo en la banda del 20 por ciento. Más dramático fue el caso de Perú, uno de los países con más casos de COVID-19 en el planeta y con un alto predominio del empleo informal, donde se calcula que la pérdida interanual de horas de trabajo superó el 50 por ciento entre abril y junio.

Medidas fiscales de choque

El informe de la OIT también analiza las medidas de incentivo fiscal ordenadas por distintos gobiernos para mitigar estos efectos adversos de la pandemia en el mercado laboral, y concluye que por cada uno por ciento del PIB utilizado en estas políticas puede lograrse un descenso del 0,8 por cien en la pérdida de empleos.

Sin embargo, estas medidas, lamenta la OIT, se han concentrado especialmente en los países desarrollados, debido a la limitación de recursos en los países emergentes y en desarrollo, pese a que éstos han sido más golpeados debido al predominio del empleo informal y lo mucho que éste se ha visto afectado por la crisis sanitaria. Estos países en desarrollo deberían invertir 982.000 millones de dólares adicionales en total para conseguir los mismos efectos paliativos de las medidas adoptadas en las naciones más ricas, concluye la OIT. “Al tiempo que redoblamos esfuerzos para vencer al virus, debemos adoptar medidas a escala lo antes posible para paliar sus efectos en los planos económico, social y laboral”, “En particular, se debe fomentar el empleo y la actividad empresarial, además de garantizar los ingresos”, opino en la presentación del informe Guy Ryder director general de la OIT

La obstinada realidad

La crisis económica que se acarrea desde hace más de una década y que hoy se ve profundizada por efecto del impacto de la pandemia del coronavirus COVID 19, ha llevado a un aumento importante del desempleo y por consecuencia al crecimiento de la pobreza, lo cual ha afectado severamente a los mas vulnerables.

Las cifras, estudios y análisis emanados por los propios organismos multilaterales del capitalismo, son catastróficos, y, sin embargo, sabemos muy bien que, a pesar de eso, la realidad concreta de los trabajadores es aún más devastadora que lo que expresan los informes y números oficiales de los organismos internacionales, que por otra parte insisten en presentar la crisis, como producto de la pandemia.

De forma particular a las familias que ya vivían en condiciones de exclusión, marginalidad y hacinamiento, y que se desempeñaban en empleos informales, de igual manera a las trabajadoras domésticas, los jóvenes, y aún más triste, la evolución manifiesta del trabajo infantil, serán parte de la población más afectada por la actual crisis del sistema capitalista.

El escenario económico.

Junto al escenario económico la pandemia del coronavirus COVID-19 tendría características que la transforman en una crisis sanitaria a escala global sin precedentes en la historia del último siglo, peor que la gran depresión de 1929 y que la segunda guerra mundial.

El brote de esta enfermedad ha profundizado aún más la crisis capitalista, lo que ha llevado a una recesión económica; la más grave registrada en casi 100 años y está causando enormes daños en la salud, el empleo y precarizando aún más a los mas vulnerables.

La Organización Internacional del Trabajo, OIT y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL)  declaraban hace algún tiempo atrás, que el PIB de la región (América Latina y el Caribe) tendrá este año un decrecimiento del 5.3% y que se producirá un aumento del desempleo con 11.5 millones de nuevos desempleados y desempleadas, lo que llevará a aumentar la pobreza en 28.7 millones de personas, y la pobreza extrema en 15.9 millones, un escenario nada alentador para la región.

Los datos van demostrando que serán las y los jóvenes entre 15 y 24 años, quienes serán uno de los rangos etarios más golpeados por el desempleo y la precarización laboral. Incluso ya se comienza a hablar de “generación de confinamiento”, esto principalmente porque son quienes han visto interrumpido sus procesos de educación, formación y capacitación, pérdidas de empleo, reducciones de jornadas y remuneración y además tienen mayores dificultades para conseguir un nuevo empleo. Este sector además es el que ha mantenido altas tasas históricas y estructurales de desempleo, previo a la pandemia.

En el mundo son cerca de 178 millones de jóvenes trabajadores y trabajadoras formales, de los cuales 4 de cada 10 trabajaban en los sectores más afectados al surgir la crisis sanitaria, a saber, el comercio, fabricación, inmobiliario, hotelería y alimentación.

Pero eso no es lo peor, alrededor de 328 millones de jóvenes tiene un empleo en el marco de la informalidad, así, cabe destacar que otra expresión de trabajo informal se visualiza a través del empleo por cuenta propia donde el 39,8% de todo el trabajo cuentapropista son jóvenes, a pesar que en términos científico esta categoría no esta entendida dentro del materialismo dialectico, pero que en realidad da cuenta de un sector altamente precarizada.
Por otro lado, 68 millones de jóvenes se encuentran sin trabajo, además 267 millones (incluidos los anteriores) no estudian ni trabajan, los llamados NINI. A esto se suma que las y los jóvenes menores de 30 años son cerca del 70% del flujo de población migrante, situación que las y los expone a condiciones de desprotección y precariedad adicionales a las conocidas.

Claramente serán los(as) jóvenes quienes pagarán los costos de la crisis. Las cifras grafican de forma dantesca el abismo al cual serán lanzados millones de jóvenes y del cual les será muy difícil sobreponerse. Estos datos reflejan claramente que la crisis del sistema capitalista sustentado en explotación y dominación ha venido teniendo impactos en la sociedad anterior al brote sanitario, y que este sector viene siendo golpeado desde hace años por las medidas de los gobiernos que buscan maximizar las ganancias de la burguesía monopólica a costa de extraer más y más plusvalía de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo. En otras palabras, la fórmula es simple, para que la burguesía siga concentrando más riquezas y privilegios, las y los trabajadores deben estar más y más precarizados y sobreexplotados.
El capitalismo, dadas sus inherentes contradicciones, enfrenta crisis periódicas que desajustan sus propios equilibrios y se resuelven a través del sacrificio de las y los más desposeídos. Sin embargo, hoy asistimos a una crisis integral del sistema capitalista, es decir, es mucho más profunda y extensa que otras anteriores.

Todo el mundo lo sabe, pero pocos se enteran, aunque su silencio es incontenible en medio del calcinante estertor de la pandemia, el trabajo es herido impunemente en la miserable especulación o en el ascensor del casino de Wall Street.

Eduardo Camin

Periodista uruguayo, acreditado en la ONU en Ginebra.

Miembro de la Asociación de Periodistas de Naciones Unidas

Ex Director del semanario Siete sobre Siete en Uruguay

Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico especialista en Organismos Internacionales (CLAE, estrategia. la)

Jefe de Redacción Internacional del Hebdolatino Ginebra.

Periodista- Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP)