Hace más de tres meses que el planeta es golpeado por una pandemia fulgurante. Mucho se ha hablado del coronavirus. Se han tejido muchas teorías y los complotistas encontraron un terreno fertil para inventar nuevos complots dirigidos por personajes siniestros y gobiernos ocultos.

Pero la realidad de los hechos es más fuerte que cualquier teoría del complot, divergencias políticas o discursos negacionistas.

Los Hechos, con mayúscula, son los únicos que dentro de una situación única e inédita nos permiten de entender los que esta sucediendo.

En el plano medical las cosas poco a poco van tomando forma. No vamos a desarrollar aquí las conclusiones médicas de la epidemia, que todo el mundo ya conoce.

Vamos a concentrarnos sobre el efecto y las consecuencias de la epidemia según el comportamiento de los gobiernos. Porque si una cosa nos han mostrado los Hechos, es que los países que tomaron las medidas adecuadas a tiempo, salvaron miles de vidas y podrán se recuperar mejor de la inevitable crisis económica y social que el virus dejará en su rastro.

Responsabilidad de los poderes públicos

En algunos años, cuando se estudien las causas y consecuencias de la pandemia, se llegará a la conclusión que no fue solamente el virus que mató, pero el comportamiento de los Estados y la oposición dogmática de algunos representantes de la economia a las medidas de confinamiento.

Ya, hoy en día, que todavía la epidemia esta activa en varios lugares del mundo, podemos tirar alguna conclusiones.

 Italia se convirtió en el epicentro de la epidemia durante largas semanas y hasta ahora tiene el mayor número de muertos de Europa. ¿Y por qué sucede este drama? Por las actitudes negacionistas de gran parte de los responsables económicos, industriales y comerciantes del norte de Italia que negaron hasta el final la gravedad del virus. Lucharan hasta los últimos momentos para mantener la economía abierta. Inclusive el discurso del alcalde de Milán, que se convirtió en símbolo del negacionismo criminal de los sectores económicos : ” Milán no cierra “, causó miles de muertos. No serán los pedidos de perdón del mismo alcalde que va a aliviar el dolor de las familias que perdieron seres queridos por causa de los intereses de la economía. La realidad del virus va más allá de los intereses económicos y quien no entendió, o no quiere entender una verdad verificada todos los días por el comportamiento de la epidemia, no solo coloca en peligro la vida de la población, sino que al mismo tiempo se suicida económicamente.

Trataron de colocar como antagónicos vida y economía, como si se pudiera elegir el uno o el otro. Alegaron que la muerte de algunas centenas de personas no justificaba el colapso de la economía. Inglaterra tomó ese camino hasta que frente al avanzo de la epidemia tuvo que volver atrás. Suecia tentó ese camino y tiene el triplo de muertos que sus vecinos y fue obligada a reconocer los errores y a decretar el confinamiento.

Países como Nueva Zelandia, Grecia, Portugal, Suiza y Alemania que reaccionaron rápidamente tomando las medidas necesarias y con un fuerte apoyo del Estado Social para ayudar a los ciudadanos, tuvieron mejores resultados.

Mientras los Estados Unidos se hunden en una tragedia sin fin, en Suiza, las últimas estimativas eran de 9 casos y 0 muertes en los últimos días, cifras que han permitido aliviar as medidas restrictivas y reactivar poco a poco la economía, con un sentimiento de seguridad y confianza en la mayoría de la población que el Estado, junto con la población, actuaron unidos para enfrentar el virus.

En América Latina, que es el nuevo epicentro de la pandemia, tres países lideran la catástrofe: Estados Unidos, Brasil y Chile. Los tres tiene en común presidente de extrema derecha, que negaron desde el principio las consecuencias del virus y que luchan hasta ahora con todas sus fuerzas para proteger los interese económicos y financieros sin tomar en cuenta el drama que crece cada día más.

En los Estados Unidos el virus reveló la fragilidad del sistema americano, la mentira oculta atrás del “ american way of life “, las desigualdades sociales abisales, el individualismo y el egoísmo social del sistema en donde es cada uno por sí. La falta de acceso de las minorías a la salud y a la justicia social, el racismo endémico que roe los Estados Unidos a siglos. Y frente al desespero de la sociedad, exacerbado por la muerte de George Floyd,  Donald Trump responde amenazando con un conflicto interno, amenazando de guerra interna y de colocar el ejército en las calles. La saturación de la sociedad estadounidense con las actitudes y discursos de Trump se sumaron a las consecuencias de la epidemia, de siglos de racismo extremo y de ausencia total de protección social en uno de los países más injustos del planeta.

  Los estados unidos lideran el rankin mundial de muertos con más de 100 000 fallecidos. Trump ha mantenido una guerra de presión, amenazas e insultos contra los gobernadores y alcaldes que impusieron medidas de confinamiento y distancia social para tentar disminuir la curva de infecciones, sin resultados, ya que gracias a varios gobernadores que a pesar de la extrema presión del gobierno federal, tomaron las medidas necesaria que evitaron que no  haya más muertos en los Estado Unidos.

Trump en vez de coordinar políticas para luchar contra la epidemia, tomar medidas económicas para evitar una tragedia y se aproximar de la población con compasión, al contrario, busca responsables en todas partes, principalmente en China, amenaza, insulta, aconseja de tomar productos desinfectantes para eliminar el virus, obsesivamente presenta la cloroquina como remedio milagrosos que va a salvar Los Estados Unidos de la epidemia mostrando definitivamente su desprecio por la vida de los otros y su megalomanía y trastornos mentales.

Él se considera el emperador del mundo y le es  insoportable la posibilidad de perder las próximas elecciones, entonces parte para el ataque contra todos aquellos que no lo apoyan, que no están incondicionalmente con él, que en este momento es la mayoría de la población norte americana.

Panorama parecido en Brasil, en donde Bolsonaro llegó a pedir armar la población para que ataquen los gobernadores y alcaldes que no sigan la línea oficial del gobierno. En Brasil la situación es gravísima, con un presidente psicópata que centra la actuación presidencial en su defensa y de los hijos contra inúmeros procesos en la justicia por corrupción y por dirigir una organización criminal (“ el gabinete del odio “) que tienen como única función crear noticias falsas para atacar sus enemigos ,
acciones que podrían colocar en peligro la presidencia de Bolsonaro, quien ha apostado en una guerra abierta contra los otros poderes, Legislativo y Judiciario, para tratar de salvar su presidencia, que sabe en peligro.

Hasta ahora no se veía una reacción fuerte del pueblo brasileño frente al espectáculo absurdo en lo que se convirtió la presidencia de Bolsonaro, pero en este ultimo fin de semana comenzaron a aparecer manifestaciones contra el gobierno de extrema derecha en varias ciudades brasileñas a pesar de la epidemia y de las medidas de confinamiento.

El drama brasileño

La epidemia en Brasil está fuera de control. El grave problema es la sub notificación, que no permite tener una visión real del problema y así poder establecer políticas públicas para enfrenta la epidemia y el comportamiento de una parte de la población que se alinea con el discurso de Bolsonaro y no siguen las instrucciones de la OMS y del Ministerio de la salud de respeto a la distancia social y al confinamiento. Grupos de fanáticos irresponsables organizan paseatas, llamadas de “paseatas de la muerte” en que defienden la abertura de la economía y el fin de las medidas de protección.

 La política caótica de Bolsonaro de combate a la pandemia se reflete en la ausencia de ministro de salud, ya que los dos últimos fueron catapultados por no concordar con las políticas del gobierno federal que ataca el confinamiento e impone el uso de la cloroquina como remedio milagroso – que acaba de ser suspendido por la OMS a causa de los efectos colaterales – y fueron remplazados por un General de ejercito que mal sabe de políticas de salud y menos de combatir una pandemia viral.

 Brasil está todavía lejos del pico de la epidemia y ya se acerca a los 30.000 muertos oficiales. Una forma que el gobierno encontró para esconder las muertes covides es tratándolas como muertes por síndrome respiratorio agudo. Inclusive Bolsonaro despidió al comandante en jefe de la Policía Rodoviaria (Policía de carretera) únicamente porque hizo un homenaje a un policía que había muerto de covide-19.  Bosonaron llegó a exigir que se cambiara el certificado de defunción para que no mencionara las causas de la muerte, ( 1)

Para él, el coronavirus no pasa de una gripe y llama de histéricas las medidas de protección de la población.

En su discurso dice tratar de proteger el país del desempleo, pero la realidad defiende los intereses de las elites económica y financieras del país.

 Viola sistemáticamente todas las recomendaciones de la OMS y los decretos de los gobiernos estaduales, saliendo pasear en las calles sin mascara y saludando a las personas sin tomar las mínimas medidas de protección.

El Chile de Piñera

En Chile vemos un panorama parecido con otro gobierno de extrema derecha, con un presidente, Piñera, que ya venía extremadamente debilitado después del estallido social de octubre, con un rechazó de 90 % de la población a su gobierno y una profunda crisis política. Piñera trato de minimizar al máximo las consecuencias de la epidemia y no tomó las medidas necesarias a tiempo. En vez de dirigir, prefirió usar la demagogia, la mentira y el engaño para ocultar la realidad.

Gobierno compuesto en su mayoría por fieles defensores de Pinochet, representantes de una elite arrogante y con total ausencia de empatía con los verdaderos problemas de la población, ha provocado situaciones absurdas como las declaraciones del Ministro de la salud Mañalich que reconoce: “ “hay un nivel de pobreza y hacinamiento del cual yo no tenía conciencia de la magnitud que tenía”. O sea que el propio ministro reconoce que el gobierno desconoce la realidad que vive la mayoría de la población

 En este momento, en Santiago la violencia crece alimentada por el hambre, las profundas injusticias sociales, la epidemia y la arrogancia y prepotencia de una clase política ciega al sufrimiento de la población.

Todos estos gobiernos son dirigidos por personas con serios problemas mentales que derivan en situaciones extremas que colocan en riesgo toda la población. Trump y Bolsonaro son ejemplos perfectos como presidentes psicóticos aumentan la mortalidad del coronavirus en proporciones todavía desconocidas, porque las personas mueren en los Estados Unidos todos los días y personas mueren en Brasil y Chile todos los días llegando a cifras alarmantes.

Una de las lecciones que dejara esta pandemia, son las fallas de la llamada democracia liberal que permite que psicóticos enfermos mentales asuman el más alto puesto de la republica y sea responsables de inmensas tragedias colectivas y la responsabilidad de los ciudadanos que, en la hora de votar, no miden las consecuencias de su voto.

El Estado liberal y burgués tiene sus días contados frente a la destrucción de la economía como “era antes” y la obligación de pensar en una nuevo orden mundial, mas solidario, mas fraterno y con mas justicia social. Esta epidemia nos mostró que solamente un estado fuerte y social, representativo de la población y auténticamente democrático puede enfrentar desafíos imprevistos y de extrema gravedad.

La pandemia todavía no acabó, y este lejos de acabar. No sabemos casi nada del futuro si no el miedo de una segunda onda comprometer todavía más el frágil equilibrio mundial y provocar una tragedia de proporciones que nadie puede prever.

Para evitar una tragedia mayor, los Estados deben  prepararse y tomar as medidas necesarias para evitar una nueva tragedia. Las poblaciones tienen que estar conscientes que a responsabilidad popular es indispensable, continuar con las medidas mínimas de distanciamiento social y mucha prudencia para evitar un nuevo confinamiento.

Europa poco a poco se levanta mientras otros lugares del mundo todavía sufren de las consecuencias de la epidemia. Tenemos que reinventar el mundo para que tragedias como esta no se repitan y si se repiten podamos tener una respuesta global, solidaria y fraterna en pro de toda la humanidad.

 Alfonso Vásquez Unternahrer

 Nota:

 (1) https://paraibaonline.com.br/2020/05/bolsonaro-demite-comandos-da-policia-rodoviaria-federal-e-do-depen/