SOMOS MÁS LOS HONESTOS

Para los que me leen, primero, quiero agradecerles que lo hagan, enseguida, quiero decirles que también tengo noticias de esas que nos enorgullecen, que nos hacen sentir bien, bien vale que nos alineemos con ese tipo de personas que hacen bien y no tienen que cobrar por todo.

Platicando con un cuate del café, me contaba que, en una de las actividades cotidianas para él, es de ir a un parquecito que está muy cerca de su casa, ahí lleva a su pequeño hijo a despabilarse de todo lo que se tiene que hacer, ahora que se está trabajando en línea, presencial y combinado; hay quienes le llaman de manera híbrida, que no es nada fácil para quienes están aplicando ese tipo de enseñanza.

Ahí, en el parque que por las tardes visita este cuate, dejó su aparato celular, que habría que decirlo, no es muy económico que digamos, aparte que todavía no lo liquida en su totalidad; y como, “siempre andamos a la carrera” menciona el susodicho, “se me olvidó el teléfono, aunque no sabía dónde lo había olvidado” dice; cuando llegó a su casa, le pide a su hija, que ya es adulta, “márcame, por favor, para saber si está en el automóvil o haber dónde suena”, acto seguido, lo hace y empieza a sonar el aparato; alguien más contesta la llamada y le dice la hija de mi amigo, que el teléfono que tiene en sus manos, es de su padre, a lo que el joven que lo tenía le dice que sí, que él lo encontró en el parquecito al que había ido esa misma tarde.

La hija de mi cuate le dice que dónde lo puede ver y se ponen de acuerdo para la entrega del aparato, que cuando llega, ella, ya va con un billete de $200.00 para darle una gratificación al joven que muy cortésmente le prometió que se lo habría de regresar; al momento del encuentro, ella le pregunta qué si cuánto le va a cobrar por haberlo regresado (el aparato), pero el jovencito de unos 17 años según la percepción de la hija de mi amigo, hasta se sorprendió, diciéndole, que, “nada, por supuesto que nada” pero la chica le ofrece el billete de $200.00 que ya traía en su mano, pero el joven se niega rotundamente a recibirlo.

Ella le menciona que no debe preocuparse, que lo reciba y que se lo manda su padre con gusto y sorprendido por la honestidad y responsabilidad con que se desarrolló en este momento y para el evento en general. Estoy seguro que muchos haríamos lo propio, aun estando con problemas de equipo telefónico, regresaríamos lo que no nos pertenece y que dejó olvidado en alguna parte y fuimos quienes lo recuperamos en primera instancia. Si ya lo hiciste en algún momento, te felicito y felicito a este joven que trabaja llevando comida en una motocicleta, siempre arriesgado, siempre a prisa, ojalá que siempre honesto y responsable de hacer las actividades bien, con entereza y respeto.

Prometí hacerle honor a este héroe anónimo, porque ni el nombre tenemos, pero podrías ser tú, el que esté en esta ocasión en una situación semejante; haz lo que te dicta tu corazón, pero siempre anteponiendo que, podrías ser tú quien está en la situación del otro y te gustaría poder recuperar aquello que perdiste. Todo esto ocurrió en Culiacán, Sinaloa, México, donde se presume que la situación es pésima en cuestión de inseguridad; pero si hay gente buena.

Somos más quienes actuamos con responsabilidad y hacemos bien lo que nos llega para experimentarlo de manera responsable. Y con este escrito, muchos se van a sumar, estoy seguro.