El grupo transporte y economía (GTE) manifiesta su desacuerdo contra la iniciativa 144, llamada  «iniciativa por la movilidad suave» (mobilité douce), que será presentada en votación el 15 de Mayo.

La GTE denuncia un texto «extremo» que hará de la circulación en la ciudad «un infierno».

La iniciativa 144 preconiza, entre otras cosas, completar la red cantonal de pistas para ciclistas existentes a lo largo de todas las rutas, construir abrigos para el estacionamiento de las bicicletas, instalar islotes en medio de  los pasajes para peatones y regular las encrucijadas peligrosas.

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La GTE se dice favorable al desarrollo de la movilidad suave, pero no en las condiciones determinadas por la iniciativa.  Apunta varias consecuencias que emanarían de una aceptación del texto por el pueblo: supresión de 6.000 lugares de estacionamiento sobre 21.000 y peatonización de 200 calles en el centro de la ciudad, prioridad absoluta de la movilidad suave sobre todo otro medio de transporte, e incluso los transporte públicos, y finalmente, 25 a 50% de la capacidad de tráfico a favor de la bicicleta.

Movilización y salud pública

Los autos, desde su invención, han sido clasificados de todas las formas. En cierta forma podemos establecer cierto paralelo entre la industria del cigarro y la industria automovilística.

Cuando el auto fue inventado como un formidable instrumento de movilización, tanto individual como colectivo, jamás se pensó que este instrumento cambiaría a tal punto el comportamiento humano, hasta convertirse en una verdadera máquina de destrucción masiva, como los cigarros, pero defendidos por argumentos que lo exaltan como el alter ego, principalmente masculino, de una sociedad cada ves más individual y egoísta. Así como los cigarros, que durante décadas se insistió que eran inofensivos y que matan miles de personas por año y que continúan en venta libre, los autos se han convertido en productores de polución, de stress y de ruido que han convertido las calles en lugares peligrosos, causadores de la muerte de cientos de persona todos los años, cubriendo las ciudades de hollín y polvo extremadamente perniciosos para la salud.

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Podemos constatar en las calles de nuestras ciudades que la mayoría de los vehículos son ocupados por una sola persona, que a veces usan el auto para recorrer algunos metros para ir al trabajo, distancia que podría ser recorrida a pie o con otras formas de movilización menos dañinas. En un tiempo en que la falta de ejercicio está causando generaciones de obesos y enfermos de diversos males debido a la inmovilidad -sentados en el auto, sentados en la oficina, sentados en el sofá frente a la TV-, el rol del auto en la sociedad es cada vez más criticado.

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Cuando, ni siquiera podemos abrir las ventanas en verano a causa del ruido y la polución, cuando cada vez que atravesamos una calle ponemos nuestra vida en peligro, cuando cada vez que salimos de vacaciones no sabemos si vamos a volver enteros, es el momento de establecer una verdadera reflexión sobre el lugar que corresponde a los vehículos en nuestra sociedad.

Es más que claro que si podemos diminuir la cantidad de automóviles en el centro de las ciudades, vamos a mejorar la calidad de vida de todos, tendremos más espacio para poder movilizarnos sin peligro, y es una excelente oportunidad para mejorar la salud de la población proponiendo otras formas, más sanas, de movilizarnos. Es una obligación de Salud Pública disminuir la polución, el stress, el ruido causado por el tráfico urbano,  aunque no les guste a los viciados del volante. Caminar hace bien, andar de bicicleta es excelente para la salud, el tram y los trolebuses son silenciosos y «limpios».

Esta es la hora de pensar colectivamente y dejar las actitudes egoístas de lado para pensar en una sociedad mejor para todos, y no sólo para los dueños de los automóviles.