La alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad , Federica Mogherini, y el canciller cubano, Bruno Rodríguez, durante su conferencia de prensa en la Habana, el 11 de marzo de 2016, durante la visita de diplomática italiana al país. Crédito: Jorge Luis Baños/IPS

El Acuerdo de Diálogo Político y Colaboración con la Unión Europea (UE) suscrito el lunes 12 en Bruselas oxigena las relaciones internacionales de Cuba, cuando el proceso de normalización de sus vínculos con Estados Unidos se torna muy incierto y el país enfrenta serias dificultades económicas.

Bruselas y La Habana iniciaron sus negociaciones casi en paralelo a los diálogos con Washington que desembocaron en el restablecimiento de lazos diplomáticos en julio de 2015. Pero la llegada del magnate republicano Donald Trump a la Casa Blanca, el 20 de enero, introduce una gran interrogante sobre el futuro del deshielo cubano-estadounidense.

El más que probable endurecimiento de la política estadounidense tras la asunción de Trump aleja las esperanzas cubanas del cese a corto plazo del embrgo o bloqueo, que impide inversiones de Estados Unidos en la isla y obstaculiza las de otros países. La inestable situación de Venezuela, primer socio comercial de Cuba, suma más dificultades externas del país.

En ese contexto, el economista y académico cubano Pável Vidal, considera que el acuerdo con la UE llega en buen momento, pues Cuba debe diversificar sus relaciones.

‘’Desde los años noventa, del pasado siglo, los europeos han sido importantes socios comerciales y fuentes de inversión para la isla”, recordó a IPS por correo electrónico desde Colombia, donde reside.

Para este experto, las empresas europeas conocen ‘’mejor que nadie’’ el marco regulatorio y las lógicas del mercado cubano y en estos años han ganado experiencia y confianza ante las autoridades cubanas. En ese sentido, “parecería relativamente más fácil para ellos poder expandir las relaciones comerciales, financieras y desarrollar nuevos proyectos de inversión”.

Ello, “a pesar de los obstáculos que provienen del embargo y la persecución y sanción a las transacciones financieras, que han seguido dando muestras de estar muy presentes’’, comentó Vidal, en referencia a millonarias multas impuestas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros a empresas internacionales que negocian con este país caribeño.

El acuerdo deja sin efecto en las relaciones del bloque europeo con Cuba a la Posición Común, una cláusula de 1996 que condicionaba la cooperación y el diálogo a la apertura democrática en La Habana. Ese mecanismo estaba destinado a reforzar el cerco estadounidense sobre la nación caribeña tras la caída del campo socialista este europeo.

Ambas partes coinciden en que la revocación de ese mecanismo y la firma del convenio marcan una importante nueva fase de sus relaciones bilaterales. El convenio marco fue suscrito, en ceremonia oficial celebrada en Bruselas, por el canciller cubano Bruno Rodríguez y la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad , Federica Mogherini.

Según el texto firmado, disponible en la página web de la Delegación de la UE en la capital cubana, el acuerdo tiene por objeto consolidar y reforzar las relaciones bilaterales en los ámbitos del diálogo político, la cooperación y el comercio, sobre la base del respeto mutuo, la reciprocidad, el interés común y el respeto de la soberanía.

Las relaciones se orientarán a respaldar el proceso de modernización de la economía y la sociedad cubanas, así como a cooperar bilateralmente y en los foros internacionales con vistas a fortalecer la democracia, los derechos humanos y la lucha contra la discriminación, y a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.

El convenio está estructurado en tres pilares básicos, el primero de los cuales abarca los derechos humanos, la lucha contra el terrorismo y los crímenes graves de trascendencia internacional, la lucha contra la producción, tráfico y consumo de drogas ilícitas, asi como contra la discriminación racial, la xenofobia y otras formas conexas de intolerancia, y el desarrollo sostenible.

Un segundo capítulo acuerda la futura cooperación en gobernanza, derechos humanos, justicia, seguridad ciudadana y migración, asi como en cuestiones sociales, medioambientales, económicas y de desarrollo. Tambien se presta especial atención a la integración y cooperación regional con América Latina y Caribe.

El tercer pilar codifica la base que regulará el comercio entre la UE y Cuba según los acuerdos relacionados con la Organización Mundial de Comercio.

Incorpora además disposiciones sobre la facilitación del comercio y la cooperación en ámbitos tales como los obstáculos técnicos al comercio, junto con normas destinadas a mejorar las perspectivas de unas relaciones económicas más profundas.

En ese ámibito se incluye una cláusula que prevé el futuro desarrollo de un marco más sólido para las inversiones.

Para Mogherini, el acuerdo proporciona un instrumento para apoyar mejor el proceso cubano de modernización económica y social.

“Es una oportunidad común para fomentar el desarrollo sostenible, la justicia social, para fortalecer la democracia y el respeto de los derechos humanos. Y también, el Acuerdo nos ayudará para aumentar la inversión y el comercio entre nosotros”, resumió.

“Existen oportunidades y condiciones particularmente favorables, pese a la aplicación extraterritorial del persistente bloqueo estadounidense a Cuba, para que la Unión Europea y los países que la integran tengan un peso mayor en nuestros planes de desarrollo”, estimó a su vez el ministro cubano de Relaciones Exteriores.

La Habana y Bruselas comenzaron sus conversaciones el 29 de abril de 2014 y concluyeron tras siete rondas bilaterales de trabajo en marzo de 2016. El proceso tuvo su mayor impulso durante 2015, en paralelo a las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos que siguieron al anuncio el 17 de diciembre de 2014 del restablecimiento de sus lazos diplomáticos.

Funcionarios cubanos y europeos advirtieron que se trataba de procesos no vinculantes, aunque paralelos. El embargo estadounidense se encargó de remarcar la diferencia, cuando dos empresas francesas y una alemana fueron sancionadas por violar sus prohibiciones en medio del deshielo.

Tras descartar que el cambio de gobierno en Washington afecte las relaciones entre la UE y Cuba, Mogherini afirmó a periodistas que Bruselas continuará expresando su “preocupación” por el impacto extraterritorial de las sanciones estadounidenses a Cuba, en interés no solo de la isla y su gente, sino también del bloque europeo.

Mientras, grandes compañias estadounidenses preparan y firman memorandos de entendimiento con las autoridades cubanas para futuros acuerdos y varias aerolíneas ya cubren rutas entre Cuba y Estados Unidos.

Al parecer, para estas empresas, el cese del embargo es solo cuestión de tiempo y parecen confiar en que la flexibilización a las restricciones impuesta por la administración del saliente presidente Barack Obama, no sea desmantelada por su sucesor.

La Unión Europea y Cuba: nueva relación

 El 12 de diciembre la Unión Europea y Cuba firmaron un Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación que al mismo tiempo ha rescindido la condicionante Posición Común que la UE mantenía sobre Cuba. El solo hecho del acuerdo bilateral es ya de por sí una noticia, pero al mismo tiempo se imbrica en una serie de operaciones relacionadas con el régimen cubano, que tienen como protagonista principal al agente imprescindible, Estados Unidos.

En primer lugar, la decisión europeo-cubana se produce mientras se intentan completar los diversos pasos para la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

En segundo término, el acuerdo tiene lugar apenas un mes después de la elección como próximo presidente de Estados Unidos de Donald Trump, quien anunció que se dispondría a aplicar una corrección a las medidas adoptadas por su predecesor, Barack Obama, para erosionar las condiciones del embargo.

El tercer detalle es que esta combinación de hechos y decisiones ha tenido lugar en el contexto verdaderamente novedoso de la muerte de Fidel Castro, el 25 de noviembre, con lo que se abre una etapa decisiva de la sucesión en Cuba del presidente Raúl Castro en 2018.

En este contexto conviene reflexionar sobre el resumen de la relación entre la UE y Cuba, que se centra en tres anclas fundamentales según la óptica europea.

En primer lugar, el diferendo entre Estados Unidos y Cuba cristalizado en el embargo debe ser tratado entre esos dos agentes exclusivamente. Ahora bien, si la legislación o decisiones norteamericanas impactan negativamente los intereses europeos, la UE se opondrá por todos los mecanismos a su alcance. Finalmente, si Cuba anhela a tener un trato mejor y preferencial con la UE, deberá cumplir con ciertos requisitos.

En este amplio escenario, vale la pena distinguir las bases de la conducta de Estados Unidos con la europea. Mientras las acciones de Washington se han dirigido al fin fundamental de la terminación del régimen castrista, la agenda europea apunta a una evolución hacia el futuro que garantice la transformación pacífica del sistema. Solamente cuando se confirme la transición cubana se podrá probar la eficacia de la estrategia de Europa.

Conviene, a esta altura, distinguir los aspectos del acuerdo entre la UE y Cuba que merecen ser considerados como novedosos de los que en realidad son parte de unas pautas permanentes.

En primer término, hay que reconocer que la firma del acuerdo europeo-cubano se produce tras unas largas negociaciones que estuvieron condicionadas duramente por la exigencia cubana de no sentarse discutir un acuerdo si no se eliminaba la Posición Común. La Habana asintió a negociar hasta el momento mismo de la firma. ¿Qué ha sido la Posición Común?

Esta decisión unilateral de la UE se tomó hace 20 años, en noviembre de 1996, en la culminación de un año explosivo que tuvo como eje central la aprobación por Washington de la llamada ley Helms-Burton, en realidad el resultado mixto de diversas iniciativas legislativas.

El título II es una colección de condiciones impuestas Cuba para la derogación del embargo (la desaparición del régimen castrista, el retiro de sus protagonistas y la puesta en marcha de una democracia), mientras el título III es una amenaza para los inversores (“traficantes”) que se impliquen en las propiedades confiscadas por el castrismo. Se les permitiría a los antiguos propietarios presentar demandas judiciales en tribunales norteamericanos.

En un ambiente confuso y pleno de incertidumbres, sin que la aprobación de la ley fuera segura, Fidel Castro ordenó el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate, provocando la aprobación de la legislación por el presidente Bill Clinton, aunque se reservó una cláusula de suspensión semestral de las posibles demandas judiciales.

Posteriormente, la UE y Estados Unidos firmaron un acuerdo que congelaba futuras inversiones.

Pero el cambio de gobierno en España el mismo año permitió que el presidente José María Aznar consiguiera el asentimiento de sus colegas en la UE para la Posición Común, que condicionaba la cooperación europea en los temas de la soberanía compartida.

Debido al complejo sistema europeo de competencias en el que se mezclan numerosos aspectos que no son los básicos de exclusividad de las instituciones comunitarias, diversas operaciones de relaciones exteriores y de soberanía interna siguen siendo controladas por los estados.

El resultado fue que ningún estado de la UE cesó en sus operaciones con Cuba. Cada uno continuó con sus acuerdos bilaterales. Nadie prohibió a sus ciudadanos viajar a Cuba. Ningún estado miembro de la UE impidió a sus líneas aéreas establecer conexiones. Sus propios sistemas de ayuda y cooperación continuaron funcionando como antes.

En la actualidad suman 18 los estados que tienen acuerdos bilaterales. Pero la existencia de la Posición Común implicaba un paraguas condicionante para una “relación plena” en los terrenos globales.

Esta relación bilateral y colectiva condicionada se agrió extremadamente en 2003 cuando el gobierno cubano ordenó la detención de 75 representantes de la disidencia y la ejecución sumaria de tres secuestradores de un ferry en el puerto de La Habana.

Bruselas, por medio de una decisión del Consejo (su más alta institución), impuso una serie de “medidas” (inmediatamente rebautizadas como “sanciones” por el régimen cubano). Destacaba la recomendación de extender invitaciones a los representantes de la disidencia a las recepciones de las fiestas nacionales de los Estados miembros. Se regulaba la limitación de participación en misiones comerciales y el nivel de participación de los representantes.

El resultado se tradujo en una serie de “guerras del canapé”, en las que si la disidencia asistía a los actos, el gobierno cubano se abstenía. Las llamadas de las embajadas no eran contestadas. La Habana llegaba a mimetizar la Posición Común con el embargo norteamericano.

Luchaba así contra “dos imperios”. Bruselas llegó entonces a considerar las medidas como contraproducentes y procedió a la evaluación y estudio sobre la conveniencia de su eliminación, lo que se produjo en 2008, cuando ya se había ampliado la inicial oficina de la UE en La Habana elevándola a la categoría de representación plena.

Así se procedió a un sistemático repaso de las alternativas en una serie de reuniones internas y entre altos funcionarios de Cuba y la UE (tanto en Bruselas como en La Habana), llevadas a cabo desde marzo de 2012 hasta los plenos acuerdos de 2016. Prácticamente ningún tema fue soslayado, incluyendo la sensible área de derechos humanos.

La naturaleza del acuerdo es de la variante “mixta”, ya que además de la aprobación del Consejo de la UE y el Parlamento Europeo, se necesita la anuencia de todos los Estados miembros y sus respectivos parlamentos. Aunque se considera que el guión está bien programado, no se descarta la aparición de obstáculos de algún Estado miembro que ralentice el proceso definitivo, mientras se aplican provisionalmente cada uno de sus pasos.

En el terreno cubano, al gobierno le conviene cumplir con los acuerdos básicos. A favor de esta tesis cuenta la incertidumbre de las acciones del gobierno de Trump. Además, la precaria situación de Venezuela y la evolución de otros gobiernos latinoamericanos pueden privar a Raúl Castro y su sucesor del apoyo necesario para la supervivencia de los aspectos básicos del régimen cubano en transformación. Europa representa la alternativa más pragmática y factible.

Joaquín Roy

Joaquín Roy es catedrático Jean Monnet y director del Centro de la Unión Europea de la Universidad de Miami. jroy@miami.edu

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