Eduardo Bolsonaro y la integración de la extrema derecha en América Latina

Entre el 3 y 4 de septiembre se realizó en Brasilia la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés) que agrupa a líderes conservadores de todo el mundo y que desembarcó en Brasil por segundo vez tras la llegada de Bolsonaro al poder. Entre las figuras de la versión 2021 de la CPAC estuvieron Donald Trump Jr de forma virtual y en el cierre del segundo día estuvo el presidente Jair Bolsonaro. Bajo el lema “la libertad no se gana, se conquista”, Cuba, Venezuela, comunismo, socialismo, Grupo de Puebla, Foro de San Pablo, dictadura, ideología de género, batalla cultural, feminismo, libertad, fe, cultura, raza, familia, patria y propiedad privada fueron las palabras claves que se repitieron como mantra durante dos días.

El anfitrión del encuentro fue Eduardo Bolsonaro, hijo del presidente Jair y actual diputado federal por San Pablo. Del clan Bolsonaro, Eduardo es el encargado de tejer y sostener las relaciones internacionales extraoficiales del gobierno. Sus reuniones con Donald Trump, Steve Bannon, Matteo Salvini, Viktor Orbán, Santiago Abascal y Beatriz Von Storch dan cuenta de la alianza ultraderechista con los principales exponentes europeos y norteamericanos.

Lejos de ser un hecho aislado, la realización en Brasil de la CPAC es parte de una serie de acontecimientos que se sucedieron entre mediados de agosto y principios de septiembre y dan cuenta de cómo la extrema derecha tiende puentes a nivel regional y empieza a tomar relevancia en sus respectivos países.

La última visita de Eduardo Bolsonaro a Trump y Bannon ocurrió en la segunda semana de agosto, donde el diputado brasileño subió fotos a Twitter con el expresidente de Estados Unidos y afirmó: “Estoy del lado de los que no se doblegan ante la corrección política, trabajo en la lucha contra los regímenes autoritarios… Estoy del lado de hombres de reputación intachable y autoridad moral para caminar con la cabeza en alto por las calles en cualquier momento, que defienden la familia, la propiedad privada, la legítima defensa con armas de fuego, la libertad religiosa, en definitiva, las libertades naturales”.

Unos días más tarde, en Puerto Rico se realizó una marcha contra la educación con perspectiva de género que intenta llevar adelante el gobernador Pedro Pierluisi. Allí, sectores religiosos y conservadores salieron a las calles contra la “ideología de género”. La senadora Joanne Rodríguez Veve afirmó quela llamada perspectiva de género no es otra cosa que uno de los rostros del socialismo, que busca desnaturalizar al ser humano y destruir la familia”.

A fines de agosto más de 260 mujeres de 22 países firmaron un documento exigiendo la libertad de Jeanine Áñez, expresidenta de facto de Bolivia que se encuentra en la cárcel. Entre esas firmantes se destacan la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso, diputadas de VOX y senadoras del colombiano Centro Democrático, el partido de Álvaro Uribe. Además, llama la atención que más de la mitad de las mujeres que suscribieron la carta sean venezolanas. Entre los nombres aparece el de María Corina Machado, Coordinadora Nacional del partido Vente Venezuela, opositora al gobierno de Nicolás Maduro con posiciones extremas que pide abiertamente una intervención internacional y que no participará de las megaelecciones del 21 de noviembre donde sí participará el sector opositor liderado por Juan Guaidó.

El jueves 2 de septiembre, Santiago Abascal desembarcó en el congreso mexicano donde fue recibido por senadores del Partido de Acción Nacional (PAN). Tras escuchar al líder de VOX presentando el Foro Madrid, una iniciativa “para hacer frente al avance del comunismo en las naciones de la Iberósfera”, 15 senadores y 3 congresistas suscribieron la Carta de Madrid, una declaración de principios ultraderechista en defensa de la libertad y la propiedad privada. La visita de Abascal y la suscripción por parte de senadores del PAN les valió críticas que fueron desde Andrés Manuel López Obrador, el expresidente Felipe Calderón y hasta el propio Comité Ejecutivo Nacional del PAN.

Para participar de la CPAC y reunirse con Eduardo Bolsonaro viajó desde Colombia la senadora y precandidata a la presidencia por el uribismo María Fernanda Cabal, quien sostuvo que las largas protestas en todo el país contra la reforma tributaria y el gobierno de Duque “fue una toma guerrillera financiada por el narcotráfico”. Denominada por sus seguidores como “la dama de hierro”, Cabal sobresale por su discurso de extrema derecha que combina los elementos propios del país mediante el sistemático ataque a los Acuerdos de Paz, los defensores de derechos humanos y líderes sociales y la criminalización de la protesta social con el discurso en común de estos sectores contra el comunismo/socialismo y en defensa de la libertad.

Bolsonaro hijo también se reunió por videollamada con el argentino Javier Milei, representante de la extrema derecha y candidato a diputado nacional en las elecciones legislativas que, con su discurso contra el Estado y “los zurdos de mierda”, busca un lugar en el Congreso y empieza a entablar relaciones con su par brasileño. Vía twitter, Milei invitó a Bolsonaro a la Argentina: “Estimado Eduardo, hagamos una reunión en CABA que nos pare de frente al Grupo Puebla, sus socios y las tibias palomas funcionales al avance de la izquierda”.

Eduardo Bolsonaro, quien además de las mencionadas reuniones estuvo anteriormente con Jacqueline van Rysselberghe y José Antonio Kast en Chile y presenció la asunción de Guillermo Lasso en Ecuador, parece ensamblar las fichas de la ultraderecha latinoamericana con la extrema derecha estadounidense y europea. Las reuniones, los contactos y los guiños vía redes sociales son más que evidentes y constituyen un avance inédito en la región. El liderazgo desde Europa pareciera venir de VOX y su Foro de Madrid, una especie de Grupo de Puebla/Foro de San Pablo/Internacional Progresista pero de extrema derecha. Steve Bannon, por su parte, intenta hace varios años articular Estados Unidos con Europa.

¿Logrará Eduardo Bolsonaro ser quién empalme estas piezas en América Latina y construya la unidad regional de la ultraderecha en torno a lo que Santiago Abascal y VOX llaman la Iberósfera? Aunque la derrota de Fujimori en Perú y el triunfo de Lasso en Ecuador dejaron sabor a empate, las legislativas en Argentina y Venezuela más las presidenciales en Chile serán el termómetro regional del 2021. Sin embargo, habrá que esperar más allá de este año para saber si el proyecto ultraderechista en estas latitudes es a corto, mediano o largo plazo.

Por Nicolás Retamar, de la redacción de NODAL

Tras los ataques y amenazas, ahora Bolsonaro elogia al Congreso y a la Corte Suprema

Tras semanas de tensión institucional, Bolsonaro da por superados los conflictos y elogia al Parlamento y al Supremo

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quien hasta la semana pasada mantuvo un pulso que muchos tildaron de antidemocrático con el Parlamento y la Corte Suprema, dejó muy claro este martes que ha dado por superados todos los conflictos.

”¿Qué sería de nuestro Brasil sin la Cámara de Diputados y sin el Senado, y, por qué no, sin nuestro querido Supremo Tribunal?”, se preguntó el mandatario en una ceremonia celebrada en el Palacio presidencial de Planalto, la sede del Gobierno en Brasilia.

El líder de la ultraderecha, que en sus embates casi cotidianos también tiene entre sus blancos a los medios de comunicación, dejó igualmente un mensaje de conciliación para la prensa.

”Nuestra libertad de prensa, con todos sus defectos, tiene que persistir y, al menos en lo que dependa de nosotros, jamás habrá alguna medida de censura”, pues “aún con todos sus defectos, es mejor hablando que callada”, declaró.

En la ceremonia estaban presentes los presidentes de la Cámara de Diputados, Arthur Lira, y del Senado, Rodrigo Pacheco, así como el juez José Dias Toffoli, uno de los once magistrados del Supremo, que asistieron a un acto en la Presidencia por primera vez en semanas.

Las declaraciones de Bolsonaro fueron consideradas como un compromiso con la “pacificación” que propuso la semana pasada, dos días después de haber encabezado masivas manifestaciones en las que muchos de sus partidarios exigieron una “intervención militar” y la “disolución” del Parlamento y de la Corte Suprema.

Bolsonaro, que con duras palabras dirigidas a esos dos poderes casi endosó esos pedidos, recibió una inmensa ola de críticas de parlamentarios, del Supremo y hasta de partidos políticos de su propia base, frente a lo cual casi que pidió disculpas en una llamada “Carta a la Nación”.

En ese documento, en el que instó a la “armonía” entre los tres poderes de la Nación, Bolsonaro aseguró que “nunca” quiso “agredir” a la instituciones del país y pidió “unión” frente a los problemas económicos y sociales que enfrenta Brasil.

También pidió suspender una protesta de camioneros que bloqueaba carreteras en diversos puntos del país exigiendo la destitución de los jueces del Supremo, lo cual fue aceptado por los manifestantes, aunque muy a regañadientes y con críticas a lo que consideraron “una cobardía” por parte del gobernante.

Sin embargo, sus más radicales seguidores no aceptaron lo que fue considerado casi como una “traición”, frente a lo que Bolsonaro los llamó a la “calma”, pues, según declaró, “no se puede ir al todo o nada” en los embates de la política.

Infobae