El conventillo se encuentra en silencio como todas las noches. A las 10 de la noche doña Raquel, la mayordoma, apaga la luz.

Es sábado, medianoche. Los vecinos del conventillo duermen sin que los gritos de los amanecidos puedan turbar sus horas de descanso. Pasada la una de la mañana se escucha la voz de un borracho que canta.

 –  Te sigo esperandooooo – Se detiene unos instantes y vuelve a cantar.

–  Te sigo aguardandooo –

Don Carlitos despierta y se levanta.

– ¿Qué sucede? – Pregunta su esposa.

– Nada. No te preocupes parece que el Dinamarca viene muy borracho y con ganas de cantar. Dinamarca es un vecino que vive en el cuarto “Dos”. Es bajo de estatura, muy borracho y con fama de pleitista.

– Te sigo esperandooooo – Insiste el cantor.

Don Carlitos se asoma por la ventana y logra ver a Dinamarca afuera del cuarto “Ocho”, donde vive Genaro un estibador que trabaja en el muelle cargando o descargando mercancías de los barcos que llegan o zarpan del Puerto. Es alto, fuerte y con igual fama de borracho que Dinamarca.

– ¿Qué hace el Dinamarca, viejo?

– Parece que viene a desafiar a pelear al Genaro. Es raro, no sabía que tuvieran algún problema entre ellos.

–  Te sigo esperandooooo – Vuelve a cantar Dinamarca con voz delgada y aguardentosa.

 –  Y yo te sigo aguantandooooo – Se escucha la gruesa voz de Genaro desde el interior de su cuarto con el mismo tono tanguero.

Pero el borracho insiste.

– Te sigo esperandooooooo. – Canta. – ¿Acaso me tení miedo, güeón? – Pregunta

–   No salgai a peliar Genaro, por el amor de Dios. – Se escucha la voz llorosa de una mujer, es la esposa de Genaro. Pero éste, no soporta más el acoso del desafiante, abre de un golpe la puerta de su cuarto y sale furibundo para enfrentarse al Dinamarca. Sale bien vestido, lo que parece extraño, porque ya estaba dormido todos los habitantes del conventillo. Dinamarca lo recibe en actitud triunfal con los versos del tango “Cara rota”, al tiempo que extiende los brazos como si estuviera en un escenario:

Che jirafa, sos el rey de los caretas,

la vivís siempre de arriba

y en cualquier lao te colás,

perdoná que me deschave

y te cante las cuarenta,

pero viejo… con vos no se puede más”

La escena es de locura. Con la cara fruncida de coraje, su voz de bajo profunda y aún adormilado Genaro, revira con el siguiente verso del tango Cara rota:

Los amigos ya te han dado bien la cana,

que te hacés el mortadela

a la hora de morfar y es por eso, che milonga,

que si no cambiás de rumbo,

los muchachos pronto te van a gritar…

En ese momento se acercan hasta tocar cabeza con cabeza, las manos apretadas y los rostros crispados. Genaro alto y fuerte. Dinamarca pequeño y flaquillo. Los vecinos asomados a la escena esperan que Genaro le dé una paliza. Dan un paso atrás y los dos cantan al unísono la siguiente estrofa de “Cara rota” mientras se apuntan con el dedo índice.

Cara rota..! que no te perdés ni una

cuando hay algo de garrón.

Cara rota..! que en tu vida no has pagado

ni por equivocación.

Garronero..! que aparecés de improviso

a la hora de morfar.

Cara rota..! conseguí un nuevo acomodo

porque te van a largar.

Dinamarca se detiene. Marca un compás de espera con la mano derecha. Coge una botella de vino que había dejado en el piso, sorbe un largo trago y se la pasa a Genaro que hace lo propio. El conventillo sigue en espera del estampido de los golpes. Pero ellos toman fuerzas para seguir el pleito a su manera.

Dinamarca prosigue con el tango “Yira,yira”

Cuando la suerte, qu’es grela.

Fallando y fallando

te largue parao….

Cuando estés bien en la vía,

sin rumbo, desesperao…

Cuando no tengas ni fe,

ni yerba de ayer 
  

secándose al sol…. 


Genaro no se queda atrás y prosigue el siguiente verso de “Yira,yira” con su voz de bajo profundo:

Cuando rajés los tamangos 
  

buscando ese mango 
  

que te haga morfar… 
  

la indiferencia del mundo 
  

que es sordo y es mudo 
  

recién sentirás.

Vuelven a juntar sus cabezas. Dan un paso atrás y se sueltan con el estribillo del tango de Enrique Discépolo:

Verás que todo es mentira, 
  

verás que nada es amor… 
  

que al mundo nada le importa 
  

Yira…Yira… 
  

Aunque te quiebre la vida, 
  

aunque te muerda un dolor, 
  

no esperes nunca una ayuda, 
  

ni una mano, ni un favor.

Entre canto y canto se empinan otra botella de vino de las cuales el Dinamarca había llegado bien provisto. Así, en ese extraño duelo tanguero permanecieron casi dos horas, hasta que cansados y agotada la provisión de vino resuelven el asunto con un abrazo bien paleteado como un empate amistoso.

Por fin, y para descanso de los vecinos, se alejan del conventillo abrazados mientras entonan el tango de la despedida. Mientras tanto la furia impotente se pinta en el rostro de la mujer de Genaro que comprende, al igual que los demás vecinos, que todo era una farsa del par de bribones para emborracharse juntos.

Desde la entrada del conventillo se puede escuchar todavía escucha todavía el alegre canto:

Adiós muchachos compañeros de mi vida,

Barra querida de aquellos tiempos

Llegó la hora de emprender la retirada…

Y emprenden la retirada para continuar tomando en alguno de los lugares que nunca faltaban ni siguen faltando en el puerto de Valparaíso.

Así era la vida en un conventillo de Valparaíso hace ya muchísimos años, pero la música de los tangos sigue prendida en las ramas de los aromos de los cerros y la espuma del mar del Puerto.

Un gran saludo desde mi exilio anclado tierra adentro en el mero Trópico de Cáncer, nada más lejos del Puerto. Ni modo, dicen en México. De nada y hasta siempre estimadas amigas y amigos.