Este grito de lucha que surgió de la garganta de los chilenos durante el movimiento social de octubre 2019 ahora se ha hecho mundial.  Después de cuatro años Trump, de extrema violencia en las relaciones internacionales, desde el domingo 9 de noviembre el planeta respira aliviado. Después de cuatro días extremadamente tensos, el espectáculo que es la elección estadounidense llegó finalmente a su fin con el triunfo, por ahora, con 300 grandes electores, de Joe Biden (214 para Donald Trump)

El suspiro de alivio se sintió en las principales capitales, de Europa, de América latina, Asia y Oriente medio.

La era Trump fue marcada por una línea política   ultra nacionalista (América first) y en la defensa intransigente de los intereses americanos. Una visión del mundo particular que dividió el debate ideológico, determinado por la personalidad exécrable de Donald Trump, un narcisista psicótico que gobernó como rey de los Estados Unidos y Emperador del mundo. Se alió a los conservadores, a los evangélicos y a la extrema derecha, no por convicción política, y si por conveniencia personal. La única ideología de Trump es Trump, la única religión de Trump, es Trump. Por eso la inmensa dificultad de reconocer su fracaso, porque en los Estados Unidos un presidente que no consigue ser reelecto, echo raro en la historia democrática de los USA, es considerado un fracaso (Looser). Para Trump es un insulto personal y en su visión psicótica del mundo, es imposible que hay perdido y obligatoriamente hubo fraude.

 Por lo que se ve hasta hoy, no existe ninguna reacción, que sea de la parte de la prensa o del partido Republicano, en defensa de las tesis complotistas de Trump. Los sectores mas radicales, como el abogado de Trump, Giuliani, continúan con la retorica incendiaria de que los Demócratas robaran las elecciones. Pero este discurso no está teniendo el eco esperado en las calles, en donde la mayoría de la población celebra en paz y los trumpistas roen su frustración gritando su decepción y denunciando fraudes imaginarios.  La explosión de violencia no ocurrió. Es tiempo que las dos Américas se miren frente a frente y construyan puentes comunes a pesar de las diferencias.

América Latina

La elección estadounidense ocurre en un momento histórico en América latina, en donde los procesos políticos están entrando en una nueva fase, provocados esencialmente por la frustración de los pueblos con las políticas neo liberales, que provocaron el cambio en Argentina y la salida de Macri.  En Chile, después de treinta años de estar sometidos a la constitución pinochetista redactada por Patricio Guzmán, representante del movimiento neo nazi en Chile, el gobierno de extrema derecha chileno de Piñera está en pésima situación.  Las luchas sociales y el cansancio de la población llevaron al triunfo histórico del pueblo chileno aprobando la nueva Constitución a más del 70%, con una asamblea constituyente. Voto que significó la mayor derrota de la derecha chilena desde la caída de la dictadura, el entierro definitivo de la herencia de Pinochet y de la primera experiencia ultra liberal del mundo.

En Bolivia, Janaina Áñez , la extrema derecha y los sectores conservadores y evangélico, ven sus planos ser destruidos, aniquilados, por la victoria indiscutible del MAS, quien obtuvo incluso más votos que en las últimas elecciones y el retorno de  Evo Morales al país, libre de todas las acusaciones infundadas contra él en la justicia. Como Trump,  la extrema derecha boliviana , una vez más, no acepta el veredicto de las urnas, pero de esta vez no tienen las más mínima posibilidad de dar un golpe como hace un año. El domingo 09 de noviembre Luis Arce asume como nuevo presidente de la República plurinacional de Bolivia consagrando el triunfo del pueblo boliviano sobre el oscurantismo religioso y el extremismo político en cuanto Janaina Áñez se esconde en Trinidad.

Así como Trump, la insistencia de la extrema derecha de solamente reconocer sus propias victorias muestra la verdadera fase reaccionaria, autoritaria y totalitaria de estos grupos que representan minorías e intereses económicos y de multinacionales, que ven los países como propiedad privada y la población al exclusivo servicio de sus intereses.

Para Bolsonaro, es el peor escenario posible. Totalmente aislado en el plano internacional, Bolsonaro calcó su gobierno con el de Trump. Clone voluntario de Donald, con su salida de la Casa Blanca Bolsonaro se encuentra rodeado de enemigos “comunistas” como llama a todo gobierno mínimamente progresista.  La Argentina de Fernández, la Bolivia de Luis Arce, un chile revolucionario que con toda certitud expulsara la extrema derecha pinochetista en las próximas elecciones del 21 de noviembre de 2021, México de Obrador, Ecuador que esta próximo a retomar la revolución Ciudadana el 7 de febrero de 2021. Bolsonaro se encuentra en una difícil posición para justificar la continuación de sus políticas en el plano climático, societales e de relaciones internacionales en donde privilegia los contactos con los gobiernos que participan del movimiento de la extrema derecha internacional como Hungría, Polonia, Rusia, Filipina e Israel y que tiene como ideólogo el ex consejero de Donald Trump , Steve Bannon. Incluso , Araujo, actual ministro de relaciones exteriores de Brasil, se jactaba de ser considerado un país paria internacionalmente, protegido por la sombra de Donald. Ahora que la sombra no existe más, es muy probable que Ernesto Araujo pierda su cargo como embajador de las teorías complotistas y alucinantes del movimiento QAnon.

El movimiento de extrema derecha internacional pierde hoy su principal líder, el salvador del mundo occidental. Nadie sabe lo que Donald Trump hará después de salir humillado de la Casa Blanca. Es un gran alivio saber que para 2024 va a tener 78 años y que el partido Republicano no tentará una nueva experiencia con un personaje que cambió el partido para peor, aproximándolo de la extrema derecha, aunque este haya obtenido 70 millones de votos, un récord para el partido Republicano.

Los Estados Unidos son los Estados Unidos y en su esencia no cambiarán, pero el drama que vivió el país y el planeta entero con un personaje tan detestable es indiscutible. Va más allá de la política o de las luchas ideológicas. Es el peligro de la fragilidad de las democracias occidentales en que un enfermo mental puede apoderarse del poder.

Nadie se hace grandes ilusiones con Biden, pero todo el planeta respira aliviado. Fueron cuatro años infernales para muchos dirigentes políticos, principalmente Angela Merkel que tenía pésimas relaciones con Trump. El mundo comienza una nueva etapa, sacudido por la crisis mundial del covide-19, pero con posibilidades de una cooperación y un dialogo más tranquilos, menos violento y principalmente sin la arrogancia insoportable de Donald Trump.

Así como se deleitaba a humillar a los participantes en su programa “ Los Aprendices” ( llegó a declarar que era su momento preferido del programa), los demócratas gritan en las calles “ You`re fired” ( esta despedido “).

Alfonso Vásquez Unternahrer