Iniciar este articulo desde el tema de la actualidad de la crisis inocultable del capitalismo en su fase imperial se fundamenta en un hecho nada despreciable: tras la puesta en marcha del impulso de políticas económicas neoliberales, globalizadoras que rebasan muchas veces esa condición, para instalarse como verdaderos ejercicios del poder absoluto de gobernación.

Creemos pues, pertinente ante la actual coyuntura tomar alguna distancia para reflexionar sobre el aquí y el ahora, un espacio de tiempo esencial para el mañana. En realidad, nos encontramos que la intensificación del capitalismo, bajo la excusa del fetichismo de la globalización, tiene un solo protagonista.

Por lo tanto creemos que es más que necesario matizar la idea que afirma que la globalización trasciende los Estados, pues existe una excepción. Ya que la sede principal de la megamáquina de la globalización se encuentra cada vez más afianzada en los Estados Unidos. Los intereses de la clase política estadounidense y de las firmas transnacionales convergen para dictar las normas y el ritmo de la globalización. En las altas esferas de la administración estadounidense, la política y el Big Business se brindan un apoyo mutuo indefectible en la promoción del libre comercio y la libre inversión. Las herramientas de las que disponen los Estados Unidos para llevar a cabo su proyecto hegemónico son considerables:

Trataremos por lo tanto desde nuestra óptica, analizarlas ya que las clases dirigentes simplemente han prevaricado frente a la adversidad, asumiendo el discurso de la globalización como la solución suprema

Comencemos con el dólar estadounidense, que representa dos tercios de todas las reservas monetarias mundiales. Instituido como moneda mundial en la Conferencia de Bretton Woods, en 1944, sigue siendo la divisa de referencia del sistema monetario internacional. Todas las demás monedas fluctúan y flotan en torno al fetichismo del rey-dólar, lo que coloca a los Estados Unidos en una situación privilegiada con relación a todos los demás países, tanto para la financiación de su deuda exterior como para paliar su enorme déficit comercial, año tras año. En 2015 Estados Unidos registró un déficit en su Balanza comercial de 723.777,6 millones de euros* un 4,47% de su PIB, superior al registrado en 2014, que fue de 596.172,5 millones de euros, el 4,55% del PIB. Si miramos la evolución del saldo de la balanza comercial en Estados Unidos en los últimos años, el déficit se ha incrementado respecto a 2014.

Pero además no deberíamos olvidar que Estados Unidos es el país más endeudado del mundo. En 2014 la deuda pública en Estados Unidos fue de 13.691.676 millones de euros, creció 543.486 millones desde 2013 cuando fue de 13.148.190 millones de euros. Esta cifra supone que la deuda en 2014 alcanzó el 104,61% del PIB de Estados Unidos, una caída de 0,01 puntos respecto a 2013, cuando la deuda fue el 104,62% del PIB. Estados Unidos está entre los países con más deuda respecto al PÎB del mundo.

Según el último dato publicado, la deuda per cápita en Estados Unidos en 2014, fue de 42.903 euros por habitante, luego sus habitantes están entre los más endeudados del mundo. En 2013 fue de 41.516 euros, así pues se ha producido un incremento de la deuda por habitante de 1.387 euros.

El Banco Central de los Estados Unidos, Federal Reserve System, hoy bajo la dirección de Janet Yellen ejerce una influencia indiscutible en todos los mercados financieros; pocas personas en el mundo tienen tanto poder como su presidente(a). Sus decisiones y vacilaciones se reflejan en el valor de las otras divisas. Una palabra de parte suya basta para sacudir las Bolsas del mundo entero. Sus funciones como protector de la moneda mundial, el dólar, hacen de Janet Yellen el gobernador del sistema financiero global.

El FMI y el Banco Mundial tienen su sede en la capital de los Estados Unidos, no lejos del Departamento de Tesoro y del Federal Reserve. Existe un vaivén constante entre los ejecutivos y expertos de estas cuatro enormes instituciones financieras. El presidente de los Estados Unidos, en virtud de un convenio no escrito, es quien nombra al presidente del Banco Mundial, y el director general del FMI no es nombrado sin su aprobación.

Las empresas estadounidenses reinan cual amos en el ciberespacio. Apoyadas política y económicamente por el gobierno federal desde la creación de Internet, aquéllas llevan la delantera en este sector, principal motor de la economía global, a pesar de algunos problemas pasajeros. Las transnacionales estadounidenses en su conjunto dominan el sistema productivo mundial en todos los sectores de la economía sin excepción, particularmente en cinco áreas claves: las finanzas, los recursos energéticos, los productos farmacéuticos, la life industry: la industria de la vida, y las nuevas tecnologías de la información. Las estadísticas ponen de manifiesto que cuanto más poderosa es una empresa global, hay más posibilidades de que lleve el sello USA. A pesar del permanente avance chino, Estados Unidos volvió a demostrar que su economía es la número 1 del mundo, y en este sentido las firmas de la nación presidida por Barack Obama se adueñaron de la lista de las 50 mayores empresas del planeta por su valuación en la Bolsa de Valores al cierre de 2015. Como si esto fuera poco, el Top 10 le pertenece por completo al país del Tío Sam, un escenario que no se registraba desde 2002. El desplome en los precios del petróleo, sumado a las turbulencias de los mercados chinos en el segundo semestre del año pasado y la pujanza de gigantes tecnológicos como Apple y Amazon, desplazaron de los 10 primeros lugares a las compañías europeas y del gigante asiático. Ni siquiera la diversidad geográfica que había en 2008 en el ranking se pudo mantener, ya que firmas de Brasil, Rusia y Australia ya no tienen más lugar entre las empresas más valoradas.

Sin embargo, para Apple no se trata de una distinción nueva sino que el fabricante de los teléfonos iPhone ya había ocupado el trono en el mismo listado de 2014. Esto a pesar de que en 2007 ni siquiera se hallaba dentro de las 100 compañías más poderosas del planeta.

Pero ahora la multinacional estadounidense creada por Steve Jobs mira a todos desde arriba con un valor equivalente a 585.163 millones de dólares. En comparación con 2014, el valor de la compañía con sede en la ciudad californiana de Cupertino ha caído un poco: sus acciones empezaron el año pasado en 109 dólares y terminan en 105 dólares. Pero en un ejercicio en el que Wall Street cerró por primera vez con pérdidas desde 2008, Apple supo esquivar el ojo de la tormenta.

Abrumadora mayoría

De la lista de los 50 gigantes bursátiles del mundo, 33 son de Estados Unidos, y de ese mismo medio centenar 14 de ellas son tecnológicas. Detrás de Apple se ubican algunos de los mayores exponentes de Silicon Valley, como lo son Google (2º), Microsoft (3º), Facebook (7º) y el mencionado Amazon. La compañía de comercio online fundada por Jeff Bezos fue la protagonista del avance más espectacular, trepando en apenas 12 meses desde el puesto 43 hasta el sexto.

La firma norteamericana llevaba varios años ganando clientes pero perdiendo dinero, pero durante 2015 empezó a ajustar sus cuentas y en el segundo trimestre anunció que había logrado un beneficio neto de 90 millones de dólares.

En paralelo con estas utilidades, sus acciones lograron una impresionante subida del 117% en su precio pasando desde los 308 hasta los 675 dólares.

Las demás compañías que completan el Top 10 son: el holding Berkshire Hathaway, de Warren Buffett (4º);Exxon Mobil (5º); General Electric (8º); Johnson & Johnson (9º); y Wells Fargo (10º).

La dinámica de las fusiones juega a favor de las empresas estadounidenses, debido al muy conocido principio según el cual los peces más grandes se comen a los más chicos, y no lo contrario.

En otro orden pero formando parte esencial de la globalización está el presupuesto militar de los Estados Unidos recordaremos que para el ejercicio financiero 2004-2005 ascendía a cerca de 500 mil millones de dólares, casi el doble de los presupuestos militares de todos los demás países. Según las cifras 2015 estas crecieron a 76.166,0 millones, es decir un 2,04%, con lo que representó el 15,31% del gasto público total. Esta cifra supone que el gasto público en defensa en 2015 alcanzó el 3,32% del PIB. En 2015 Estados Unidos se mantuvo en la misma posición en el ranking de países por importe invertido en defensa, en el primer puesto de la lista, es decir es el país que más invierte en defensa. En 2015, el gasto público per cápita en defensa en Estados Unidos fue de 1.670 euros por habitante. En 2014 fue de 1.445 euros por persona. El objetivo declarado de los estrategas estadounidenses es impedir el surgimiento de otra potencia capaz de competir con los Estados Unidos e impugnar su estatus de única superpotencia.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), los Estados Unidos han hecho de este organismo su base militar para colocar a Europa bajo su tutela. Así mismo, hicieron de la OTAN el brazo armado de sus intereses en el mundo. La crisis de Kosovo y la guerra de Yugoslavia le proporcionaron la oportunidad de oficializar su estatus de gendarme y “pacificador” mundial, y de marginar a la ONU en la resolución de los conflictos internacionales.

Por otro lado se desarrolla el Grupo de los siete (o con el numerónimo G7 o G-7) un grupo informal de países del mundo cuyo peso político, económico y militar es tenido aún por relevante a escala global. Está conformado además de EEUU, por Alemania, Francia, Italia, Japón Canadá, y Reino Unido. Además, la Unión Europea cuenta con representación política. Los países del G-7 representan más del 64% de la riqueza global ($ 263 billones de dólares).

El consejo de administración del mundo globalizado

Simultáneamente debemos recordar que el 25 de septiembre de 1999, por iniciativa del secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Lawrence Summers, el G7 financiero, reunido en Washington, procedió a crear “el primer consejo de administración de la economía mundial”. El G7 financiero, que no debe confundirse con el G7 político, ya que agrupa a los gobernadores de los bancos centrales y a los ministros de Hacienda de los siete países más ricos del planeta.

El G7 financiero se reúne discretamente cuatro veces por año para hacer el balance de la situación económica y financiera que prevalece en el mundo. En caso de urgencia, se reúnen tan sólo cinco de sus miembros (excluyendo a Canadá e Italia). El G7 financiero, así como el G5, sirven de enlace entre los medios financieros y las instancias políticas.

El G7 financiero decidió, motu proprio, sin debate democrático previo, ampliar sus bases consultivas. La nueva entidad incluye a los gobernadores de los bancos centrales y a los ministros de Hacienda de 18 países (los miembros del G7, otros 4 miembros de la OCDE, además de Rusia, Sudáfrica, Arabia Saudita, Argentina, Brasil, China e India). A estos países se agregan el FMI y el Banco Mundial. Fue llamado el Grupo de los 20 o G20. Sus fundadores aseguran que el sector privado quedará estrechamente asociado a las discusiones del Grupo. El G20 preconiza la libre circulación de capitales y rechaza la idea de gravar las transacciones internacionales para contrarrestar la especulación. De todas maneras, el G20 no es más que un consejo consultivo, ya que las verdaderas decisiones se toman en otras partes, en círculos más limitados, ya sea en las reuniones mensuales del Banco de Pagos Internacional, en el G7 financiero y, en último término, en los distintos lobbies de los patronos de las firmas transnacionales. Pues el verdadero centro de poder se encuentra en las manos de quienes poseen y dirigen estas megaempresas. Son ellos los principales agentes de la globalización.

Por lo tanto diremos que el gobierno de los Estados Unidos es a la vez abogado, policía, banco central y verdugo. Es la primera vez en la historia que un número tan reducido de comerciantes y negociantes, banqueros y especuladores, sin ninguna representatividad ni responsabilidad social, llega a acumular tanto poder financiero, tecnológico, organizativo, ideológico y político, que asume, de hecho, el gobierno del mundo. En consecuencia, los Estados Unidos de América ya no tienen competidores. Por lo tanto, el concepto de un mundo donde Europa, Japón o China pudiesen hacer contrapeso a la potencia estadounidense, es una visión caduca. El enorme peso económico y político de sus empresas transnacionales, unido a su arsenal monetario y militar, hace de los Estados Unidos la única y verdadera potencia mundial, capital de la globalización.

Por Eduardo Camin
Jefe de Redacción Internacional Hebdolatino Ginebra
Columnista de Nodal

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