En este momento no es bueno ser extranjero en Suiza. Extra-europeos, europeos, asiáticos, latinos, todos son culpados de los problemas que vive el país; de la energía, a la habitación, transporte, violencia…

Ya no es más reservada a la UDC la histeria contra los emigrantes, la fiebre xenofóbica se extendió al centro y a la derecha. Devorados por los extremos, buscan desesperadamente un tema que les permita sobrevivir, y son los extranjeros que pagan el precio de las políticas mal definidas de partidos que se parecen cada vez más en sus defensas de intereses sectoriales y particulares.

Los ataques comenzaron en Abril con la declaraciones de Toni Brunner, presidente de la UDC  que declaró: “si la emigración  continúa en el mismo ritmo actual, no podremos aceptar la construcción de nuevas centrales nucleares”.  Una declaración, que en un principio hizo sonreír.  Argumento típico de la UDC, incapaz de un análisis más profundo y serio de la problemática energética, encontró el argumento más fácil y más útil para sus intereses, y obviamente la culpa de la actual crisis energética no es la cultura del consumismo excesivo, o las inversiones necesarias para desarrollar energías limpias, o  la política de deducciones fiscales de multinacionales o de  las grandes fortunas, los bloqueos políticos absurdos, y muchas veces irresponsables, que impiden cualquier construcción en Ginebra, provocando una situación desesperada en términos de la habitación en el Cantón,  y sí la presencia de extranjeros en Suiza.

Salvo que esta semana, la sesión parlamentaria especial mostró hasta qué punto, en año electoral, es fácil de pasar de la palabra a los actos y de apoyarse en estudios que hablan de una Suiza de diez millones de habitantes de aquí a 2035 si el desarrollo demográfico continúa, para justificar nuevos endurecimientos en las políticas de emigración.

El consejero nacional Walter Wobmann (UDC/SO), según articulo de Le Matin Dimanche, presentó una moción pidiendo que el saldo migratorio anual sea limitado a 0,2% contra más o menos 1% actualmente  (80.000 personas adicionales), para aliviar las infraestructuras.

Christoffel Brändli se adelantó y pocos días antes consiguió pasar su propia moción persiguiendo el mismo objetivo.

¿Cuál es la diferencia entre las dos mociones? Deja al Consejo Federal la tarea de encontrar medidas para “corregir la evolución observada en materia de emigración”.

En Diciembre, el Consejo de los Estados lo apoyó con diferencia de un voto, la centro-derecha estaba dividido.

Todo cambió está semana en el Consejo Nacional. Toda la derecha siguió el movimiento, con algunas excepciones en el PDC.

Lucrezia Meier-Schatz declara: “Estamos entrando en un falso debate, fingiendo que estamos encontrando soluciones.  Pero olvidamos que la mano de obra extranjera participa activamente en el crecimiento y el bienestar del país. Si  queremos atacar  la emigración, tenemos que ir hasta el fondo de nuestro pensamiento y comenzar a hablar de descrecimiento- decadencia- (decroissance)”, o sea, interrumpir el actual proceso de crecimiento de la economía y parar el crecimiento demográfico, hecho que podría tener como consecuencia una catástrofe para el país entero. (Los actuales índices de aumento demográfico son gracias a la emigración y no a los nacimientos de autóctonos)

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Martine Brunschwig Graf (PLR/GE)  afirma que “no comparto las soluciones de la UDC, pero esta moción no pide nada de preciso. De hecho, plantea preguntas y obliga el Consejo Federal a dar respuestas”, explica.

Brunschwig Graf completa que lo peor sería subestimar a la UDC sobre este tema,  permitiéndole presentarse, a continuación, como el único partido representante de las preocupaciones de los suizos.

Cristophe Darbellay (presidente del PDC) piensa que no es necesario sobre interpretar esta moción. “Se trata de una señal clara del mundo político”, dice.  “La emigración implica numerosas ventajas, no podemos vivir sin ella, pero también tiene sus inconvenientes, y hay que discutirlos”.

Incluso, dentro de la izquierda, la relación entre la presencia de los extranjeros y las dificultades que conocen las infraestructuras, produce inflamados debates.

A fines de 2009, en el Partido Verde, Antonio Hodgers, que es de origen argentino, y Bastien Girod, habían tratado de discutir el impacto de la emigración en el medio ambiente, antes de recibir una advertencia de su partido. Esta semana, los Verdes tomaron rápidamente sus distancias de la Asociación Ecología y Población (ECOPOP), que anuncia el lanzamiento de una iniciativa para limitar el crecimiento de la población a 0,2%.

Es difícil de explicar a un país en pánico, que la clase política -irresponsablemente, por intereses partidarios debidos a las próximas elecciones federales- estigmatizan una parte fundamental de la población, arriesgándose a actos de violencia o de xenofobia a causa de argumentos superficiales y análisis tendenciosos que no explican la realidad del país. Es muy fácil culpar a los otros de sus propios pecados. Incapaces de establecer políticas justas y equilibradas, eternamente a la búsquedas de votos -el fin justifica los medios-, marginalizan personas que están aquí en Suiza para trabajar y luchar por sus familias, victimas de un debate político tendencioso y profundamente injusto, porque sería curioso de ver qué pasaría si todos los extranjeros del país paralizaran sus actividades durante 48 horas, en protesta a la violencia y a la injusticia del actual debate. Los extranjeros participan, y son actores importantes, en el éxito económico de Suiza y deben ser tratados con respeto y agradecimiento, y parar de hacer la relación entre extranjeros y criminalidad, porque es un porcentaje mínimo de la población extranjera que se dedica a actividades criminales.

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A veces se olvida en los debates que la criminalidad más dañina es nacional, e impune, como toda la dirección del UBS que casi destruyen el país y que viven confortablemente del dinero recaudado por actividades mafiosas y que nunca han sido, y nunca serán, molestados por la justicia.

Eso sin mencionar el dolor que los binacionales sufren de ver la actitud de políticos prepotentes y arrogantes que insultan sus orígenes, acusándolos de las consecuencias de políticas equivocadas de las que ellos no son responsables. Un poco de inteligencia, humanidad y honestidad en los debates serían las mejores actitudes para encontrar una solución para un problema falso que puede tener graves consecuencias reales.

La moción Brändli

Seguros: Un aumento de activos dará provisionalmente un poco de aire a los seguros sociales: tan pronto como alcanzarán ellos mismos la edad de la jubilación, solamente una emigración todavía más masiva permitirá pagar las jubilaciones.

Habitación y transporte: El aumento demográfico se traduce por una explosión de precios de los bienes inmuebles, al punto que en algunos lugares las familias jóvenes son obligadas a cambiarse porque ya no pueden pagar los arriendos. El crecimiento urbano continúa a marcha forzada. Los acontecimientos anteriores tienen también como consecuencia, solicitar  cada vez  más las infraestructuras de transporte.

Educación e Identidad

En nuestras escuelas, la integración es cada vez más difícil, hecho que aumenta las tensiones. El sentimiento de pérdida de identidad se extiende en la población y acarrea una creciente insatisfacción.

Esta evolución  se acompaña de graves problemas de identidad.

Los problemas reales

Es una pena que estos partidos no aprovechen la tribuna para denunciar los problemas reales que atormentan el pueblo suizo, como el comportamiento criminal de los seguros de salud, que protegidos por un fuerte lobby en Berna, continúa expoliando a la población; las técnicas mafiosas de las regies para aumentar los arriendos o para expulsar a los arrendatarios; de la nueva esclavitud que son los trabajos temporarios, principalmente en la hotelería y la construcción; una cesantía de más de 6% en el cantón de Ginebra que nada tiene que ver con los extranjeros ni con los fronterizos; los descuentos fiscales a los ricos y cada vez más ricos; la defensa ciega del capital y del mundo financiero, absolutamente inútil y dañino para la economía real; el colocar el dinero en el centro de las preocupaciones y no a los individuos y sus familias; que las mujeres en Suiza continúen ganando salarios inferiores a 20% que los hombres, etc…

Los extranjeros son el problema menor del país. El principal problema son partidos xenófobos e ignorantes que tratan de engañar a la población con argumentos falaciosos y que aterrorizan a las personas con argumentos irreales, en lugar de explicar los verdaderos desafíos de la nación en un mundo en constante mutación.

La historia juzgará, y estos partidos tendrán que pedirle disculpas a todos estos extranjeros que contribuyen a la riqueza de Suiza, por las humillaciones e insultos que reciben hoy en día a cambio de su trabajo, de sus impuestos y de sus esfuerzos de integración.