En la indagación de la certeza, es natural empezar por nuestras experiencias presentes y, en cierto modo, no cabe duda de que el conocimiento debe ser derivado de ellas. Tal vez sea por eso, que en la vida diaria aceptamos como ciertas muchas cosas que, después de un análisis mas riguroso, nos aparecen tan llenas de contradicciones, algo de esto ocurre en los tiempos que corren.  No obstante, uno de los pocos aspectos positivos que podemos rescatar de estos tiempos difíciles es que se ha fortalecido nuestra comprensión de cuán inextricablemente está relacionado el medio ambiente con nuestras vidas cotidianas, incluido el mundo del trabajo.

En este tiempo hemos visto como muchas investigaciones, han centrado la atención en las enfermedades zoonóticas, aquellas que se transmiten de otros animales a los seres humanos. La transmisión de enfermedades como la COVID-19, el ébola, el SRAS y el MERS, demuestran lo que puede suceder cuando no tratamos a la naturaleza con suficiente respeto, y cómo esto puede socavar no sólo nuestra salud sino también, a largo plazo, nuestras sociedades y nuestro futuro.

Frente a tal perspectiva, avizoramos en el horizonte de los desafíos actuales, una tendencia o tal vez un pretexto, en el marco del sistema onusiano y sus organismos internacionales, con un sin numero de Informes, que nos convocan aprovechar la oportunidad que nos ofrece la reconstrucción post COVID-19 para reequilibrar nuestra relación con el medio ambiente, generar empleos sostenibles, un crecimiento inclusivo y sistemas sociales equitativos. ¡Vaya tarea!

Hace pocas semanas atrás, hemos tenido la oportunidad desde estas paginas, dar a conocer y analizar, el informe conjunto de la OIT y el Banco Interamericano de Desarrollo, El empleo en un futuro de cero emisiones netas en América Latina y el Caribe, este señalaba que podría crear millones de puestos de trabajo en la región con más biodiversidad del planeta.

El informe hacia hincapié, en que la transición hacia un modelo económico basado en cero emisiones netas de carbono podría crear 15 nuevos millones de empleos (netos) para la región de aquí a 2030. Esto representaría 22,5 millones de nuevos empleos en los sectores de la agricultura, la producción de alimentos de origen vegetal, las energías renovables, la silvicultura, la construcción y la manufactura.  Mientras que se destruirían 7,5 millones de empleos en la electricidad a partir de combustibles fósiles y la producción de alimentos.

Pero sabemos por experiencia que los empleos en los sectores verdes emergentes no serán automáticamente empleos decentes, aunque estén reglamentados por políticas adecuadas, ya que en el sector agrícola hace lustros que en esta región persisten déficits de trabajo decente.

¿Hacer más verde el mundo? Desarrollo sustentable, practicas insustentables

Los diversos cambios en el mundo no son iguales ni por su carácter ni por su orientación. Unos se caracterizan por el paso de lo simple a lo complejo de lo inferior a lo superior, que representan un movimiento en línea ascensional, un movimiento progresivo, basado en una dialéctica determinada por la ciencia.  Otros al contrario llevan a la simplificación y desintegración de los objetos materiales complejos, representan un movimiento descendente regresivo y por ende anticientífico. En este sentido hemos visto como mucho de los principales dirigentes del núcleo central del capitalismo actúa en oposición a la previsión científica, la actitud de muchos gobiernos frente al Covid 19 nos dejan escalofriantes enseñanzas, algunos se manejan con las profecías, los horóscopos y presagios religiosos que carecen de toda base científica, eso si, sustentados y amplificados por las redes sociales. 

Los presagios de esta índole se basan en los deseos de unas u otras personas, en el afán de ajustar el futuro a sus objetivos e intereses.  Por eso verdaderamente nos sorprende que los que ahora proponen una economía verde, un desarrollo sustentable son los que hasta ahora han apostado justamente al desarrollo insustentable. También no nos deja de sorprender la habilidad para seguir con una economía destructora de recursos y, al mismo tiempo, hacernos creer que con sus tecnologías puedan resolver las consecuencias y evitar el desastre que se perpetua.

Los ambientalistas nuevas estrategias… falsas ilusiones

Pero veamos algunos de los dispositivos propuestos para lidiar con el desbarajuste ecológico sin perturbar al capitalismo. Existe un importante número de activistas y pensadores ambientalistas fieles a esta causa, sin dudas, son personas genuinamente buenas y bien intencionadas preocupadas por la salud del planeta, y la mayoría también están preocupados por los problemas de justicia social. En el mismo sentido, también existen personas al interior de los organismos, que entienden perfectamente los problemas ecológicos y sociales que el capitalismo ocasiona, pero creen firmemente que éste debería ser reformado. 

Generándose un problema conceptual que no pueden sortear –el sistema económico capitalista–. inclusive el número creciente de individuos que critica el sistema y sus “fallas de mercado” frecuentemente termina con “soluciones” que apuntan a un capitalismo con “rostro humano” y no-corporativo fuertemente controlado, en lugar abandonar los límites del capitalismo.  Un sistema que tiene una única meta, la maximización de ganancias no tiene alma, nunca podrá tener un alma, nunca podrá ser verde, y, por su propia naturaleza, debe manipular y fabricar ilusiones.  Por lo tanto, son incapaces de pensar, ni promover, un sistema económico con diferentes objetivos y procesos de toma de decisiones, uno que ponga el énfasis en las necesidades humanas y ambientales, en oposición a las ganancias.

En realidad, su perspectiva se reduce a una denuncia y exigencia a los representantes políticos capitalistas para que tomen medidas urgentes o a abrazar las propuestas de los llamados “partidos verdes”, pero sin apuntar decididamente contra los intereses y la propiedad de los máximos responsable de esta situación: las grandes corporaciones y multinacionales capitalistas.

El problema mayor es la aparición en ese espacio de organizaciones ambientalistas y de desarrollo, promovidas o cooptadas por las empresas transnacionales, por fundaciones que actúan como mandatarias de estas o por agencias gubernamentales que defienden políticas de seguridad nacional, o el mismo Banco Mundial que tratan de sumar adeptos a sus propuestas.

Victimas …  no responsables 

En amplios sectores del movimiento prima la lógica de que para solucionar la crisisecológica el eje central está en los cambios de los patrones de consumo individual, centrando su atención en el “consumo irresponsable”.  Obviamente la producción capitalista, generadora de patrones y ciclos de consumo a escala planetaria, moldea a los “consumidores” y en esta medida el comportamiento humano individual colabora con la crisis ecológica, por lo cual es deseable promover que estos patrones se modifiquen generando consciencia ambiental.

Pero la realidad es que la influencia que pueden ejercer los cambios del comportamiento individual sobre el carácter funesto de la producción capitalista sobre el medio ambiente es en muchos casos irrelevante y, especialmente, muy desigual.

La lógica de centrar la iniciativa de movimiento ambiental en los cambios de comportamiento individual conlleva fundamentalmente a dos problemas estratégicos. Por un lado, porque promueve una estrategia ilusoria que favorece una concepción individualista, difuminando o directamente ocultando cuál es el “centro de gravedad” sobre el que hay que denunciar, el capitalismo globalizador, y sus grandes corporaciones capitalistas.

Por otro lado, termina fortaleciendo el discurso reaccionario de que “la gente es responsable de la crisis” que va unido a medidas para hacer pagar la crisis ambiental a la clase trabajadora y los sectores más pobres de la sociedad; un discurso que al mismo tiempo que preserva el sistema y beneficia a los capitalistas, impide incorporar a la lucha a los sectores sociales capaces de enfrentarla. Frente a la crisis ambiental, el problema central no es la “división” entre quienes contaminan y quienes no lo hacen, sino entre la mayoría social que ya está pagando los costos de la crisis y los capitalistas que la generaron.

El análisis precedente, si es correcto, apunta al hecho de que la resolución de la crisis ecológica no puede darse dentro de las lógicas del sistema actual. No hay esperanzas de éxito en las diversas sugerencias, o en la acumulación de informes sin futuro.

El sistema capitalista mundial es insustentable por su búsqueda insaciable de una acumulación sin fin de capital tendiente a una producción que debe expandirse continuamente para obtener ganancias; por su sistema agrícola y alimentario que contamina el ambiente y sin embargo no garantiza el acceso cuantitativo y cualitativo universal de comida; por su desenfrenada destrucción del ambiente; y su continua reproducción y aumento de la estratificación de riqueza dentro y entre los países.

Para esto es necesario un sistema económico democrático, razonablemente igualitario, y capaz de poner límites al consumo lo que significará sin lugar a duda que las personas vivirán con un nivel de consumo menor del que se denomina, algunas veces en los países ricos, el estilo de vida de la “clase media”.

Tal vez los informes deberían insistir, en generar un estilo de vida más sencillo, a pesar de ser “más pobre” materialmente, puede ser más rico cultural y socialmente al reconectar a las personas entre sí y con la naturaleza, y al tener que trabajar menos horas para proveer las cosas esenciales para la vida.