En las discusiones sobre la reforma de la ley sobre el seguro de desempleo, hay una categoría que pasa desapercibida, ignorada incluso. No sé si es voluntario o pura casualidad, pero, para nosotros, que trabajamos en estas profesiones es grave, muy grave, porque un gobierno que deja de lado, que marginaliza sus trabajadores de la cultura, es un gobierno que no respeta la expresión más importante de su pueblo, porque en la historia, lo que queda de una civilización es la expresión artística y no las cifras de la economía…

Si algo sabemos de cómo el hombre vivía en el pasado es gracias a la arquitectura, a la pintura, a la escultura, a la literatura… Pero el artista continúa siendo tratado como un marginal que no aporta nada a la sociedad – como si los banqueros y financistas aportasen algo a la causa común. No existe profesión más egoísta y egocéntrica que aquella centrada en el dinero.

¿A dónde van los beneficios? ¿A la AVS, a mejorar el seguro  de desempleo? Le pregunto Sr. Ospel. O en lujosos autos, en piscinas privadas, en un estilo de vida inmoral y antiético visto los problemas del mundo actual. Son gente sin fe ni ley, para quienes el único Dios que existe es el Lucro. Y así va el mundo con sus bastardos.

Y nosotros, con este seguro de desempleo que ignora totalmente nuestras diferencias dentro del mercado de trabajo? No es culpa nuestra si nuestro trabajo es así.

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Antes teníamos el Bureau du Lac, que respetaba relativamente nuestras diferencias con respecto a la otras profesiones; ahora no tenemos nada.

El Arte no tiene su lugar en la sociedad actual porque no está vinculado al beneficio, salvo si entra en la bolsa – o a través de la especulación- en donde puede alcanzar precios absurdos, no siempre en relación a la calidad o a la belleza – el dinero no tiene gusto, ni sentido de la estética. Pero no es el artista que tiene el usufructo; son los marchands, los galeristas y los especuladores.

El dinero, siempre el dinero. El dinero que la mayoría de los artistas no tienen para poder pagar el arriendo de un atelier (en Ginebra es casi imposible), comprar material, o sobrevivir durante el período de creación.

Unir arte y miseria es una hipocresía. Mientras el artista no es conocido, es un marginal que no tiene derecho a nada, y que vive parasitando la sociedad. Si se vuelve conocido y rentable en el mercado del arte, se vuelve, para la sociedad, excéntrico y people.

Por el momento, centenas de artistas en Ginebra, actores, pintores, técnicos de espectáculo, directores de teatro, etc, se preguntan qué es lo que va pasar en sus vidas con estas nuevas disposiciones, si la reforma pasa.

Después de Artamis, y después de todo lo que pasa a nivel de la creación en Ginebra, es difícil llamarla ciudad de la cultura. Fiestas para turistas no muestran el verdadero nivel de creación de una ciudad. ¿Dónde está la creación ginebrina? ¿Dónde está la sala para poder hacer regularmente exposiciones colectivas de los pintores ginebrinos? ¿Donde están las obras de los escultores de Ginebra? ¿Los autores? ¿En la Usine?

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¿Apoyo a la creación? Cuando hay que esperar años por una respuesta, o si no conoce a nadie, o nadie le conoce, lo más probable es que no haya respuesta.

No hay más lugar en ninguna parte. Pictet: completo. Jonction: completo. Grütli: completo. Muchas cosas no dichas, como por ejemplo, cuando terminó Artamis, teníamos que pagar seis meses de garantía (más o menos 2000 CHF) para poder tener un Atelier. Mucha gente no tenía este dinero. Mala suerte. Calle.

Vaya a la Jonction a ver si hay un ambiente de creación, o vaya a preguntarle a esos señores que tanto les gusta hablar (sobre todo del mundo dicho «alternativo»), qué es lo que hacen para defender la profesión.

Es triste escuchar a la gente, durante todo el año, reclamar el individualismo que reina en Ginebra, la falta de diálogo entre las diferentes áreas del arte, los problemas cotidianos de aquellos que tratan de hacer algo, sobre todo cuando se tiene una familia e hijos. ¡Y sí! Los artistas, somos gente normal que tenemos familias e hijos, así, como todo el mundo, como usted señor, señora.

Se habla de las consecuencias para los jóvenes, de la disminución de las indemnizaciones, etc, pero nosotros, no existimos.

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La próxima vez que usted señora, señor, cuelgue un cuadro en la pared, o cuando vaya a ver una obra de teatro, o un espectáculo de música, piense que hay mucha gente que trabaja en las sombras para que usted pueda pasar un buen momento con su familia, con su compañero, o compañera. Que todo eso implica un enorme esfuerzo y conocimiento. Que cuando esté tranquilamente acostado en su cama, después de un espectáculo, los trabajadores de la cultura se quedarán hasta las tres, cuatro horas de la mañana para terminar el trabajo.

No es porque tenemos horarios diferentes, otra forma de trabajar, que somos aprovechadores y vampiros de la sociedad.

Un país que no respeta sus artistas, no se respeta a sí mismo.