Martine Clerc escribe un artículo en la Tribune de Genève que consideramos importante incluirlo en el debate que nos interesa. ” Acabar con la hipocresía y autorizar los hijos de clandestinos en Suiza a acceder al apredizaje.” escribe Martine Clerc. “Los proponentes de esta idea -continua- consiguieron un enorme avanso obteniendo la mayoría en el Consejo Nacional. Pero es , por encuanto, sólo  una etapa superada ya que se necesita la aprovación del Consejo de los Estados, que es un baluarte conservador en custiones de emigración”.

Esta desición tiene por lo menos el mérito de crear un debate nacional alrededor de una incoherencia que afecta a los jóvenes sin papeles. Mientras los más estudiosos, o que tienen posibilidades financieras, pueden continuar sus estudios en el gimnasio y en la Universidad, los candidatos a la formación profesional se encuentran delante de una puerta cerrada. En ausencia de permiso de trabajo, el aprendisaje les está prohibido. Desigualdad de trato; por qué bloquear los candidatos a mecánico mientras que los futuros sociólogos o químicos pueden continuar sus estudios tranquilamente? .

El tabu se ha finalmente roto. Lausanne comenzó, Ginebra apoya y aporta su experiencia al debate. Patrones hablan favorablemente a Bâle y a Zurich. Pero, a pesar de que se ha iniciado una discusión al respecto y que políticos y patrones se han manifestado a favor, todavía , en lo concreto, no se ha avansado casi nada. Todavía existen multiples dudas, porque en el caso que se admita que estos jóvenes puedan  realizar su aprendisaje, que harán con 18 años, un CFC en el bolsillo, pero sin autorización de trabajo?

Más tarde, o más temprano,  la clase política no podrá evitar un verdadero debate. Si los ilegales todavía están aquí, trabajan en los restaurantes, cuidan de los niños, hacen aseo, limpian los escritorios y los baños de los ginebrinos, es simplemente por que una sector de la economía suiza no funionaría sin esta mano de obra extra- europea.

Suiza debe reccionar frente a este problema y no continuar con la política de la avestruz.  No se trata de legalisaciones colectivas como sucedio en España, pero ya es tiempo de establecer criterios de regularisación, caso por caso, que correspondan más a la realidad. Por ejemplo, el permis B sin actividad lucrativa que ya ha complicado la vida de mucha gente y a condenado a la inactivida y a la precariedad un buen número de jóvenes. Lausanne_1-400