Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro de la emigración

 Uno de los síntomas de la agonía europea es el problema de la emigración. Tanto la emigración externa a la Unión que poco a poco se ha ido convirtiendo en la peor catástrofe humanitaria de la reciente historia de la humanidad, como la emigración interna, fruto de la libre circulación dentro de las fronteras europeas, que después de un momento de euforia, se ha convertido en una verdadera pesadilla para varios países de Europa.

En un comienzo, la libre circulación de las personas debía ser el lazo entre los diferentes países europeos, la posibilidad de repartir las competencias y la inteligencia entre todos los países miembros de la Unión. La posibilidad de buscar trabajo en un vasto territorio, administrado por una moneda única que facilitaría los intercambios. Pero esto se inscribe en un mundo ideal que no existe, ya que la Unión Europea está compuesta por países que tienen diferencias abisales en sus desarrollos económicos y sociales. Los países del este y del centro de Europa, los países nórdicos y del sur.

Lo que ha resultado de la libre circulación, a parte de la exportación de competencias, es la emigración de pobres y de miserables del este que han invadido las capitales europeas causando un problema político y social difícil de administrar, provocando por un lado una reacción xenófoba con respecto a poblaciones abandonadas, – como la de los Roms-, en sus propios países (Hungria, Rumania) y obligadas a emigrar, y por otra parte, el turismo social, dejando cada vez más exhaustos los países frente al costo de las ayudas sociales, denunciando constantemente que ahora la quieren limitar, o simplemente suprimir a los ciudadanos venidos de otros países de la Unión.

El acuerdo sobre la libre circulación de las personas permite a trabajadores salariados nacionales de un estado miembro de obtener ayuda social pero la actual política prevé excluir ciertas categorías de personas, como aquellas que están en busca de trabajo. Después de la votación del 9 de febrero de 2014, la presión para disminuir la emigración y proteger el estado social de una presión excesiva venida del extranjero es cada vez más fuerte. Los nacionales de la Unión Europea que vienen en busca de un empleo en Suiza, y aquellos que perdieron su trabajo después de menos de un año y están en busca de un nuevo empleo, pueden ser excluidos de la asistencia social.

El costo de la libre circulación, puesto en la balanza, está siendo contra producente y también está provocando más problemas que soluciones aunque para muchos países, la mano de obra extranjera continúa siendo indispensable para el buen funcionamiento de su economía.

En realidad, no es la necesidad de mano de obra extranjera lo que se cuestiona, pero más bien un sistema que ha mostrado sus límites, sus defectos y sus consecuencias, provocando reacciones negativas en gran parte de los países europeos con el nacimiento y el fortalecimiento de movimientos racistas y xenófobos de la extrema derecha nacionalistas.

Esta situación ha llevado a la Gran Bretaña a exigir cambios fundamentales en la estructura de la Unión Europea y en el dogma de la libre circulación, bajo la amenaza de la convocación de un referéndum sobre la continuación del reino Unido en el proyecto europeo.

Los suizos, a pesar de no pertenecer a la Unión europea, votaron el nueve de febrero de 2014 por un mayor control de la emigración, lo que ha provocado un choque frontal con Bruselas a causa de la intransigencia de los europeos de no querer reformar el concepto de la libre circulación de las personas, colocando así en peligro la frágil construcción de las bilaterales y relegando la Suiza, que se encuentra en el corazón geográfico de Europa, a las fronteras externas de la Unión, considerándola como un país tercero.

Esta intransigencia por parte de Bruselas podrá, en un futuro cercano, dinamitar las bases de la Unión Europea y ser el comienzo del fin, porque en prácticamente todos los países de la Unión se cuestiona este dogma y se piden medidas para controlar la emigración.

Paralelamente a este debate interno, Europa se ve confrontada al éxodo provocado por las guerras y la miseria en el medio oriente y en África central.

El éxodo, la miseria y la muerte azul

atenasLa reacción de los países europeos -que impresiona por la cobardía y la mezquindad frente al sufrimiento humano-, la falta de consenso en la búsqueda de una solución, la ausencia total de un análisis serio de las causas de la crisis y la pésima voluntad en la búsqueda de soluciones pragmáticas que realmente ayuden a resolver la grave situación de millones de personas que intentan escapar del infierno en medio oriente y en el centro africano es sorprendente, sobre todo sabiendo que el Occidente es uno de los grandes responsables de la situación actual.

Lo que se destaca, es el pánico de los dirigentes de algunos países europeos frente al flujo de emigrantes, causando reacciones de rechazo casi histéricas, negándose a acoger los refugiados y negándose a discutir cualquier posibilidad de cuotas o de repartir los emigrantes entre los diferentes países miembros de la Unión.

Agobiados por sus propias crisis internas , muchos gobiernos temen la reacción de la población con la perspectiva de abrir, aún más, las puertas y verse invadidos por masas de refugiados procedentes de África, y para el colmo, de religión musulmana en su gran mayoría.

La mala fe y la falta de voluntad política es lo que prima mientras miles de persona continúan muriendo en las aguas del Mediterráneo, sin poder tener la mínima esperanza que, a corto plazo, se pueda encontrar una solución.

Es evidente que una Europa en crisis no puede recoger a los miles de emigrantes que atraviesan el Mediterráneo. Confrontados a la salida probable de la Grecia del Euro y todo lo que esto significa, a los avances de la extrema izquierda en Grecia y en España, a los movimientos populares contra la actual política de austeridad que solamente ha provocado más pobreza y desolación mientras que unos pocos se alegran de sus beneficios, el éxodo africano se ve como un mal externo, del cual no son responsables y que no tienen ninguna obligación de resolver.

Como si en Libia, una coalición internacional no hubiera intervenido y liquidado Kadafi y sus cuarenta años de Jamahiriya y al mismo tiempo, el control de las fronteras externas europeas que Kadafi ejercía, a cambios de millares de dólares, con una mano de hierro; como si la indefinición internacional frente a la destrucción de Siria, antiguo protectorado francés, como el Libano, y sus millones de exilados no contase, como si Europa no fuese también, y en gran medida, responsable del nacimiento y del desarrollo de Daesh…

¿Qué proyecto europeo?

Poco a poco, la unión Europea se fisura, víctima de terremotos sucesivos causados por la falta de definición política a y la falta de identificación de la poblacion al proyecto europeo.

En  tiempos en que el reino Unido amenaza de retirarse debido a la grave crisis de la emigración, y que Grecia está a punto de salir de la Unión europea a causa de la intransigencia de los burócratas de Bruselas, en que Suiza, a raíz de una votación popular, trata de renegociar la libre circulación, y que “Podemos” avanza en España cuestionando la política absurda y criminal de austeridad que les imponen los burócratas de Bruselas y los banqueros, es pertinente preguntarse cuál es el sentido de la existencia de la actual Unión Europea, fuera del eterno argumento de mantener la paz.

La Unión vista por las diferentes poblaciones de los 27 países, es una superestructura burocrática que hasta ahora sólo ha servido para  proteger el sistema financiero y bancario en el cual, sólo ciertos grupos económicos han beneficiado del estado actual de las cosas, mientras que la población, la gran mayoría,  principalmente la de los países del sur de Europa, han visto sus vidas destruidas por sucesivas crisis financieras causadas por la codicia, la irresponsabilidad y la impunidad.

Movimientos populares se despiertan para reaccionar contra este estado de cosas, así “Podemos” en España y Syriza en Grecia, tratan de devolver a la ciudadanía el control del estado, actualmente dominado por la corrupción, la mezquinaría, el egoísmo social y la falta total de competencia y de respeto de las clases dirigentes hacia el sufrimiento del resto de la población.

Es esta arrogancia y ceguera de los defensores del sistema liberal que los llevaran a su pérdida.

Los defensores del sistema capitalista liberal, de tanto abusar, de tanto acaparar, de tanto despreciar el resto de la sociedad, han perdido toda credibilidad y se refugian en la crítica acida, en el chantaje y en el miedo que las personas pueden tener de perder lo poco que tienen.

Los eternos escándalos de corrupción muestran hasta que punto las clases dirigentes se creen protegidas por la impunidad. Lo más grave es que a pesar de todo esto, a pesar de que es evidente que esta casta utiliza el sistema para su propio beneficio, que la derecha política tienen como único objetivo proteger al máximo un sistema que mantiene privilegios de casta y protege un sistema basado en la corrupción, la especulación, con un desprecio total por el resto de la sociedad, que en cada crisis la clase media y las clases populares tienen que pagar las consecuencias provocadas por esta casta de irresponsables, las personas, en una ingenuidad incomprensible, continúan votando por partidos como el Partido Popular en España, roídos por la corrupción, permitiendo así la perpetuación de un sistema nefasto que poco a poco va minando las bases de la sociedad, creando una crisis existencial y emocional sin precedentes, porque los individuos no se sienten en seguridad y no confían más en sus dirigentes.

El suicidio de las masas

Mientras la economía, y no el hombre, esté al centro de la construcción Europea, ésta está destinada a fracasar. La única solución en una Europa profundamente dividida, apegada a los nacionalismos, es el federalismo a la Suiza. Es la abolición de la especulación financiera y la valorización del trabajo, la vuelta de los bancos a sus obligaciones originales de alimentar el sistema económico a través del crédito, incentivar la empresas para que estas creen empleos, aumenten los salarios mínimos para incentivar el consumo y alimentar el mercado interno, el control de la sociedad a través de la democracia directa, el control de la clase política para evitar que esta caiga en la codicia y en la corrupción, la democratización de la economía, la luchar contra la concentración económica en pocas manos, el combate contra las diferencias abisales de salarios, la lucha por la justicia y la harmonía social y la igualdad entre hombres y mujeres.

El sistema liberal representa el egoísmo, la codicia, la concentración de riquezas. Este sistema ha sido condenado a décadas por todas las instancias religiosas y sociales, pero mientras la pequeña casta que detiene el poder no sea excluida de las tomas de decisiones y la población, a través de la democracia directa, no retome el control, continuaremos a vivir en un clima de suicidio de masas, de deterioración de la sociedad, de destrucción de nuestro planeta, del aumento de las injusticias y de la corrupción.

Cada vez que un ciudadano coloca su voto en la urna, está decidiendo si continuamos en la vía de la auto destrucción, o si damos un paso en pro de la revolución ciudadana.

Alfonso Vásquez Unternahrer