La Iglesia, a través de la historia, se ha ido construyendo una fortaleza impenetrable  de ideas rígidas, dogmas incuestionables, principios morales anacrónicos, y una política al sólo servicio de sus intereses. Últimamente con la serie de escándalos de pedofilia, la iglesia ha perdido el peso moral que le otorgaba el derecho a la crítica, a posicionarse como  líder espiritual de la humanidad,  a considerarse como la única y verdadera Iglesia de Cristo. ¿Cómo Dios, en su infinita inteligencia y bondad, pudo permitir que sus representantes abusaran de niños, el más infame y cobarde de los actos prohibidos, el sumo del pecado?

El libre arbitrio, gritarán en coro los defensores del Vaticano, Dios no es responsable de los actos de los hombres.  Curiosa definición de paternidad. Pero este problema es mucho más complejo de lo que parece, y tiene ya dos mil años de historia, y en cierta forma revela lo que es la Iglesia en realidad.  A pesar de la gravedad del acto, la reacción es tal vez peor. Todo el mundo sabe que la Iglesia está compuesta por hombres.

En todo caso nunca se vio un ángel dando misa. Y como todos los hombres, están sometidos a todo lo que es bueno y malo en la humanidad. Así como la pedofilia, la crueldad, la corrupción, la agresividad, el uso de la fuerza y de los castigos físicos fueron y son legión. Si la Iglesia tuviera que pedir perdón por todo lo que ha hecho a través de la historia, no acabaría más.

Desde la  época de los Borgias, pasando por las cruzadas y la inquisición, es una larga lista de horrores y de injusticia que nos lega la Iglesia Romana. Sin olvidar los genocidios realizados en nombre de la cruz como en América Latina y en Asia. Es por eso que está viviendo el fin de un ciclo. Es una muerte anunciada. La Iglesia esta vacía de Cristo. Sus actos estos últimos años lo han demostrado, porque no es solamente el problema de los padres pedófilos, sino que autoritarismo, corrupción (alguien se acuerda del Banco Ambrosiano y de la Logia P2?), poder.  Todo intento de reflexión o de renovación ha sido sistemáticamente erradicado.

Así fue con la Teología de la Liberación en América del Sur en donde miles de padres habían asumido la verdadera vocación del sacerdocio al servicio de los más pobres y desheredados de la sociedad. Frente a la terrible injusticia, la Iglesia se alió a los poderosos, a los dueños del dinero, convirtiéndose así en una cómplice de los peores crímenes que ha conocido la humanidad.

En América Latina, principalmente en Chile  y Brasil, la Iglesia progresista tentó hacer avanzar la causa de los perseguidos y torturados, colocándose como principal oposición a las Dictaduras que asolaron la región, atrayéndose  la  ira del Vaticano. Numerosas persecuciones en el seno del clero, represión medieval prohibiendo teólogos de hablar y enseñar, como fray Boff en Brasil, y una oposición interna a toda influencia “marxista”, acabaron por eliminar toda oposición.

La pedofilia existe en toda la sociedad y en todos los tiempos Es una patología difícil de entender, una enfermedad cruel y profundamente egoísta, porque no toma en cuenta el dolor de las víctimas, que muchas de ellas nunca podrán tener una vida normal, agravada en el caso de los padres, porque como representantes de Cristo y de la autoridad moral, el daño infligido es irreparable. Porque tradicionalmente se enseña en las sociedades católicas que se puede desconfiar del todo el mundo, incluso de su propia familia, pero jamás del cura. Claro que los casos de abuso sexual son minoría comparados a la cantidad de padres que ofician en las iglesias del mundo, sinceros y dedicados, pero, repito, no es la cantidad de casos pero sí la actitud de la institución que está en causa, es ahí en donde se esconde el diablo, porque así como durante siglos la Iglesia ha escondido sus peores demonios, no hay razón que no lo continúe haciendo, porque en realidad, el problema es que la Iglesia Católica Apostólica Romana se alejó del camino de Cristo, que se supone debe representar.

Así como hubo una reforma que tentó restablecer la Iglesia en sus creencias originales, tendrá que haber otra, profunda, para reemplazar esta Iglesia Latina Romana desadaptada a las realidades del mundo contemporáneo. La Iglesia no puede pretender que será protegida eternamente por la sola fe de sus fieles.

Alfonso VasquezUnternahrer