La pandemia de COVID-19 ha constituido la mayor crisis sanitaria de la que el mundo ha sido testigo a lo largo del centenario de existencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y ha dejado a su paso un crisis social y económica de enorme magnitud.

Millones de personas de todo el mundo han estado expuestas al virus y, hoy en día, casi 2,3 millones de personas han fallecido.

Para abordar la crisis sanitaria, muchos gobiernos han adoptado medidas de contención, incluidos confinamientos y restricciones similares, con el objeto de prevenir la propagación del virus. Estas medidas han tenido unas repercusiones devastadoras en el mercado de trabajo.  Si bien la demanda ha aumentado en algunos sectores, como en el sector de la salud y el comercio minorista de alimentos, en otros sectores prácticamente se ha derrumbado, como en el turismo, la aviación y el transporte. La OIT destaca que millones de empresas han cerrado y se han perdido millones de empleos y medios de subsistencia. Aunque la crisis ha afectado a empresas de todos los sectores y todos los tamaños, las micro, pequeñas y medianas empresas, al carecer de recursos humanos y financieros suficientes para capear una crisis de estas proporciones, se han visto muy perjudicadas y muchas sencillamente han tenido que cerrar. 

La industria automotriz una crisis sin precedentes 

La venta de coches es uno de esos termómetros tradicionales de la economía de un país, de su consumo y de la confianza de los ciudadanos en la marcha de las cosas. Fue símbolo de la euforia, con récord histórico de ventas, y lo es ahora del declive. 

Es cierto que el automóvil es uno de los productos manufacturados más exitosos del siglo pasado. Se le considera como un medio de transporte rápido, cómodo, flexible y asequible y se ha convertido en un símbolo de estatus o en un sello de identidad del capitalismo.

Pero la industria automotriz es además considerada, una de las principales fuerzas industriales y económicas en varias economías. Se originó en Alemania y en Francia, alcanzó su madurez como industria en América del Norte en la era de la producción en masa, y se siguió desarrollando en el Japón y la República de Corea. En años recientes, China se ha convertido en otro país líder del sector, especialmente en la producción de vehículos eléctricos.  Desde su aparición, esta industria ha ido aumentando de manera constante los volúmenes, las características, el surtido, las ventas y el comercio de vehículos, al igual que su contribución al PIB.  Es tan indisociable del desarrollo industrial capitalista del siglo XX, de la producción y el consumo en masa, que se le suele llamar «la industria de las industrias».

No obstante, es y seguirá siendo indispensable al funcionamiento de diversos sectores, industrias, sociedades y economías en el mundo entero. En el marco del sistema capitalista sin dudas la industria automotriz esta indisolublemente ligada a la economía globalizada, al crecimiento y el desarrollo mundiales. Aunque la industria automotriz esta dominada por un numero limitado de empresas multinacionales, los proveedores del nivel inferior de la cadena, que son en mayoría las pymes son muchos mas numerosas en los niveles segundos y tercero de las cadenas de suministros.

Algunos informes de la (OIT), señalaban que su volumen de negocios anual es equivalente al de la sexta mayor economía del mundo. En 2018, el comercio de vehículos automotores se elevó a 1,5 billones de dólares, cifra inferior a la del comercio de productos químicos y de maquinarias diversas, pero superior a la del comercio de productos de comunicación, del petróleo, del gas y del carbón.

La industria automotriz tiene un alto coeficiente en capital, impulsa la innovación, y genera miles de millones de dólares en inversiones y millones de empleos que dan sustento a millones de personas.

Pero tampoco seamos tan ingenuos, y no deberíamos olvidar que, al mismo tiempo, la utilización del automóvil es una causa importante de contaminación del aire y de emisión de gases de efecto de invernadero, así como de accidentes viales. Debido a su importante impacto ambiental y a la preocupación que suscitan las condiciones de trabajo imperantes en sus cadenas de suministro, esta industria afronta unas presiones crecientes para reducir sus externalidades negativas y fomentar el trabajo decente y sostenible.

Ventas de automóviles se hundieron en Europa en 2020 por la pandemia

Las ventas de automóviles en Europa se hundieron un 23,7% en el año 2020, quedando por debajo de los 10 millones, una caída “sin precedentes”, debido a la pandemia de covid-19,

“El mercado de automóviles particulares se desplomó de 23,7%, a 9.942.509 vehículos, bajo el efecto de la pandemia“, es decir 3 millones menos que en 2019, indicó un comunicado de la Asociación de Constructores Europeos de Automóviles (ACEA), que reúne a los fabricantes de los países de la Unión Europea. Se trata de la cifra más baja registrada desde el comienzo de la serie estadística en 1990, más baja que en 2013 y 1993, considerados años siniestros para la industria automotriz. Es también una caída dura con respecto de otros mercados, ya que China, el más grande del mundo, perdió solo 1,9% interanual, a 25,3 millones de unidades. “Las medidas contra la pandemia -incluidos los confinamientos estrictos y otras restricciones a lo largo del año- tuvieron un impacto sin precedentes en las ventas de automóviles en la Unión”, indicó la ACEA. En 2020, “los 27 mercados de la Unión Europea registraron bajas de dos cifras” pero con diferencias, destacó la ACEA. España cayó 32,3%, Italia 27,9%, Francia 25,5%, Polonia 22,9% y Bélgica 21,5%.

En Alemania, primer mercado europeo, la caída fue de 19,1% y en Holanda de 19,5. En el Reino Unido, que este año concretó su salida de la Unión Europea, las ventas cayeron un 29,4%, indicó la ACEA.

Todos los fabricantes sufrieron la situación sanitaria, pero el líder europeo del sector Volkswagen (Škoda, Audi, Seat, Porsche) mejoró su posición ya que a pesar de que sus ventas cayeron 21,6%, a 2,5 millones de unidades, su parte del mercado aumentó a 25,6%.

Las ventas del segundo grupo más grande de Europa, PSA (Peugeot, Citroën, Opel/Vauxhall) retrocedieron 29,3%, a 1,5 millones de vehículos. Las del nuevo socio de PSA en el grupo Stellantis, Fiat-Chrysler, cayeron 25,5%, a algo más de 650.000 vehículos. El tercer grupo europeo, Renault, sufrió un retroceso de 25,6%, a algo más de 1,1 millones de unidades.

Perspectivas inciertas

Mientras escribimos este articulo la OIT lleva a cabo en Ginebra (15 al 19 de febrero) un encuentro virtual sobre la dramática situación de la industria automotriz, la cual invoca su estructura, la producción y las ventas de vehículos, los adelantos tecnológicos, la globalización, la demografía y el cambio climático entre otros ítems.

Debido a la profunda transformación que atraviesa actualmente, esta industria tendrá que esforzarse aún más por atraer y contratar mano de obra, y por formar, readaptar y perfeccionar profesionalmente a sus trabajadores. Necesitará invertir en las competencias laborales de una fuerza de trabajo que deberá dominar las nuevas tecnologías y poseer las competencias adecuadas para impulsar la innovación, la productividad y la sostenibilidad en el futuro.

La digitalización anuncia una nueva era de fabricación avanzada en la industria y lleva aparejado un conjunto de tecnologías que conforman la denominada “Industria 4.0” o “Cuarta Revolución Industrial”. Estas tecnologías abarcan la integración de análisis avanzados, la inteligencia artificial, los sistemas sensores, el internet de las cosas la computación de la nube, la cadena de bloques, los sistemas ciber físicos, el aprendizaje automatizado, la robótica y la impresión en tres dimensiones. 

Los desafíos son muchos, pero la realidad es lo que es en épocas de pandemia. La industria automotriz tendrá fundamentalmente que hacer avances en otros aspectos del trabajo decente y sostenible a fin de promover una transición justa a un futuro del trabajo que contribuya al desarrollo sostenible en sus dimensiones económica, social y ambiental. Ya que no siempre queda claro cuales son las metodologías en que se basan las previsiones sobre la futura creación de empleo en la industria automotriz en las diferentes regiones y países. A este respeto conviene destacar que existe un desfase creciente entre la necesidad y la disponibilidad de competencias profesionales. Sin olvidar que, “en el coche de papa” si bien la incidencia del trabajo forzoso y el trabajo infantil no es muy elevada en el sector de las actividades básicas propias de la industria automotriz, hay algunos informes internacionales en los cuales se han denunciado el uso generalizado del trabajo forzoso y el trabajo infantil en la extracción de mica, cobalto, oro y otros minerales y metales utilizados por este sector industrial…

¡Que pandemia es el capitalismo, con todo el rebaño vacunado aun subsiste el virus !.