El niño de Occidente: ¿educación convencional?

De la infancia, guardamos algunos recuerdos, fragmentos de una identidad que es la nuestra y que a menudo, los que recordamos, son los más destacados. La memoria tiene sus límites y los verdaderos recuerdos se enfrentan con los de nuestro entorno que nos los apropiamos con el riesgo de que, inconscientemente, nos hagan cambiar o influir en nuestras decisiones y en nuestras direcciones.

« Recuerdas cuando eras niño, querías ser abogado » frase en su estilo inocente pero que parece ser reveladora de nuestras sociedades capitalistas en dónde, ser un niño, se convierte en un reto personal porque es lo que nos quieren hacer creer y sobre todo para satisfacer el entorno familiar y especialmente, el de los padres.

Nosotros somos el bien, la propiedad de nuestros padres y esto se merece con el riesgo del olvido de sí, de sus propios deseos, de sus voluntades y de sus convicciones. Este acondicionamiento se hace desde el nacimiento y la noción de libertad, del libre albedrío o, de la emancipación de nuestra mente es imprecisa o casi inexistente cuando ésta no se revela. La Edad se convierte en la referencia que regula nuestros derechos en la esfera pública y privada. ¿Quién no ha esperado con impaciencia sus 18 años que, al fin, legitiman nuestra existencia pero en los ojos de quién y por qué? ¿Es un plan que nos hace a todos iguales o que disimula solamente la negación de nuestra individualidad puesta bajo tutela en la mirada de una sociedad burguesa y capitalista? La revalorización de su propia voluntad se predestina al fracaso social que se tendrá que asumir porque vivir de su pasión, se convierte en una calumnia cuando nos empujan a vivir en el futuro y que la comprensión del presente no está adquirida pero que sin embargo, es esencial para la realización personal.

Derechos del niño: ¿Para quién?

La inocencia de la infancia es fácilmente manejada y manipulada para aquellos que tienen consciencia. Entenderemos con 1716986 3 2eae sur-cette-photo-du-programme-alimentaire e4ceff3734f652b7030b5f29dee98294-400esto que, el adulto que en su desarrollo, ha comprendido las fallas que representa y muchas sociedades y regímenes las han utilizado para sus propios intereses. La educación comunista (Corea) es un ejemplo perfecto y revelador de la explotación infantil hecha para el interés global y privado que algunos tienen un poco de problema para revelarla o definirla como tal porque se manifiesta bajo diferentes formas.

Cuando un país revalúa su sistema social «ejemplar» y sus leyes en favor de la protección del niño (Francia, …), ¿qué podemos cuestionar? Los Criterios prohibidos encuentran refugio detrás de un caparazón inatacable que es la del niño. Lo ponen en el primer plano aplicando leyes que los protegen pero, aquí de nuevo, son los adultos que legitiman lo que debe ser bueno para ellos o no. Esa inocencia los hace dependientes de una autoridad predeterminada en detrimento de su propia libertad.En los países en guerra, ¿quién se beneficia de la inocencia del niño y en qué medida(s)?

Niño de guerra

gaza--l-homme-et-l-enfant-400Después de los regímenes capitalistas, que hacen menos hablar de ellos, preferimos los que definiremos de radicales que satisfarán todos los aficionados de demostraciones y de revelaciones. Parece que «uno sólo cree que lo que ve» entonces, todos los escépticos deberían hallar una solución en la mediatización visual de los conflictos en las zonas de guerras porque las imágenes no equivocan ¿no es cierto?

El desvelamiento de los conflictos, en cierta manera, nos da un privilegio, placándonos como los testigos y los cómplices de la crueldad humana. Bien cálidos en el fondo de nuestro sofá y sentadosFelicitaciones a los periodistas de terreno que asumen los riesgos poniendo en peligro sus vidas con el fin de satisfacer nuestro deseo de conocer y nuestra curiosidad. Esto es meditar porque no uno no es actor de la realidad, es espectador. Poco a poco la emoción visual se desnuda de su sensibilidad porque nosotros mismos, terminamos por inmunizarnos. La guerra en Irak, en Medio Oriente, en Afganistán, sí, ya lo hemos visto y cada uno de nosotros termina por cansarse. ¿Seríamos pasivos y ávidos del infotainment (info-espectáculo)? Terrorismo, atentados, al-Qaeda, el yihad, los talibanes, palabras que nos asustan y que muchos de nosotros las hemos integrado en el vocabulario sin saber muy bien su significado ni lo que implican. Uno piensa a las víctimas de las guerras pero no de manera igual. Nos entristecemos a menudo de la pérdida de un soldado extranjero y voluntario al combate como Francia que ahora se niega a enviar sus militares al combate y que es la consecuencia de una implicación occidental frágil. Reevaluación completa de la situación, que no se aplica a todos. Inocentes de las guerras mueren cada día pero esto no es suficiente como para absorber un conflicto interminable como el de Israel y de la Palestina. La guerra, como se podría pensar, no se inició después de los ataques del 11 de septiembre pero más bien, y oficialmente, después de la Declaración de Balfour de 1917 (*), oponiendo a las comunidades judías y musulmanas. Generaciones que se suceden sobreviviendo a una guerra sin fin y a la pérdida de seres queridos, gracias a su voluntad de vivir. Entonces, quienes son realmente esas víctimas que evocamos a través de estadísticas en detrimento de sus personalidades y de lo que representan. Se trata de toda una población que no está involucrada políticamente pero que, sobre un fondo de rivalidades religiosas, es víctima colateral de un conflicto nacional entre dos estados. Estos desacuerdos religiosos, tienen una influencia especial en el seno de una misma creencia. Afectan a las minorías y dan a luz a una nueva forma de actores de guerras y de víctimas activas y comprometidas como es el caso de los niños terroristas suicidas. Los niños son los primeros objetivos de los grupos que viven en un territorio conquistado y que se alimentan del odio acumulado y que para sobrevivir, necesitan adeptos. El niño, nacido en un ambiente hostil, privado de amor, de plenitud y de libertad, víctima de lesiones físicas, psicológicas, de la pérdida de los padres y en ausencia de puntos de referencia, se convierte entonces en una presa fácil para estos grupos tribales y dogmáticos.

Depredadores marginales, los talibanes considerados como terroristas en el Medio Oriente, son principalmente grupos originarios del Pakistán. Reinan en la zona y crean un clima austero, revindicando el retorno a «un Islam justo y que respete los principios islámicos» (Escuela del pensamiento Deobandi) (**).

Qué mejor presa que los niños que se han descrito anteriormente siendo seres inocentes y dependientes del apoyo y de la images talibansatención del adulto. Superior y atractiva por su presencia, esta entidad dominante que son estos grupos extremistas, se sustituye a una figura paternal y familiar. Por su presencia y su discurso, el talibán quiere ser tranquilizador para controlar mejor estos niños destrozados por guerras y permeables a la manipulación emocional. Calificarlo de «niño», teniendo en cuenta la atrocidad de su mundo, sería una fabulación. No se trata del niño que hemos definido más arriba y que no lo solicitamos para determinar sus necesidades sino que más bien, el que cuya pesadilla no se termina a su despertar. Son los testigos involuntarios de una violencia continua que sólo las películas nos los presentan limitando el acceso a los espectadores sensibles en función de sus edades. En zonas de guerra, nadie está a salvo ya que todos son mártires. En este contexto dañino, donde no hay lugar para el futuro, ¿podemos realmente culpar a estos niños que son víctimas de una autoridad poco saludable y egoísta de la barbarie humana? Sus mentes están arraigadas en la violencia y permanecen estar encerradas en ella y se hace entonces fácil, desviarlos del bien cuando éste no representa una conclusión. Las palabras y el adoctrinamiento de los talibanes se vuelven aventajados en estas mentes, vírgenes de toda influencia y desposeídos de educación. Se encuentran cargados de una tarea degradante que se les presenta como siendo gratificante a través de una práctica y de una enseñanza rigurosa del Islam que empieza en las madrasas (Escuelas religiosas) donde, el ocio y la diversión están prohibidos. Valores institucionales para poder más bien controlar que liberar. Los reclutadores añaden a esto, el uso de armas con el fin de completar la formación de los futuros terroristas suicidas vinculados a Al-Qaida, que estarán situados en la parte inferior de la jerarquía, como peones de una lucha que nos les pertenece pero que, a pesar de ello, se la apropian. De esta manera se convierten en los nuevos brazos armados del terrorismo infligiendo ya un clima de pánico al cual se le añade la sospecha.

kamikaseDurante varias semanas, los niños son monitoreados y entrenados para convertirse en portadores de bombas que los matarán al igual que a numerosas personas inocentes. Mentes adoctrinadas, abrumadas, forzadas a un suicidio mortal que les debería ofrecer, a ellos y a sus familias, un salvoconducto en la «lista de invitados» hacia el paraíso donde las vírgenes les esperarán. Es una visión poco común la de «vivir para morir mejor».

La religión mal utilizada, se convierte en un arma humana que no sólo destruye vidas ya que permanece más allá de las pérdidas, para extenderse mejor y perdurar. Los que sobreviven, salvados por organizaciones o familiares benevolentes siempre llevaran el peso de un pasado demasiado difícil de asumir sin olvidar que son solamente niños. Humillación, cuando se tratará de reintegrar su entorno al lado de una sociedad que ya está demasiado mal tratada y que todavía tendrá que asumir el miedo de las almas las más inocentes de su pueblo.

¿Cómo considerar un futuro cuando, lo que supone representar los mejores años de una vida, es destruido en detrimento de lo que puede representar su propia persona, su identidad? La defensa de los niños en estos países en guerra existe pero se ve entrabada por las consecuencias de múltiples odios que encuentran desvíos y provechos en todas las cosas.

¿Cómo pensar en los bienes elementales y esenciales cuando la vida misma pierde su importancia y su belleza? Pensarse «humano» es un concepto difícil si no hay espacio para la realización personal y que la solución se pierde.

Sin embargo un armisticio sería auspicioso y más aún, cuando las razones de los conflictos se confunden. Las consecuencias aparecidas, se extienden como un cáncer a los países vecinos y los refugiados se multiplican. Actualmente los síntomas se extienden en Siria lo que quiere decir que no es un signo de curación.

Aunque el Hamas e Israel hayan acordado un acuerdo, no hay todavía rastros muy marcados de complicidad para poner fin a la guerra. Demasiadas pérdidas, en las cuales niños que se encuentran involuntariamente involucrados en un terreno de adultos y de elecciones que van más allá de sus conciencias. Con lo cual si un armisticio es posible, ¿cómo salvaremos a los «niños» de mañana? ¿Existe un contexto que tome realmente en consideración el niño, con el fin de protegerle realmente?

Sonia FADLALLAH

traducción del francés: Lourdes Barros

(*) http://es.wikipedia.org/wiki/Declaraci%C3%B3n_Balfour

(**) http://es.wikipedia.org/wiki/Deobandi