Algunos piensan – tal vez con razón- que estar preocupado es ocuparse de algo que todavía no ha ocurrido que puede o no acontecer en el futuro; es poner el empeño en adelantarse a acontecimientos que tal vez no ocurran nunca. La preocupación según parece, consiste en tener la mente ocupada con pensamientos negativos que tienden a atraer más de lo mismo. Estar preocupado por el futuro no permite vivir plenamente lo que está pasando en el presente y empaña las experiencias actuales; porque es una condición que dispersa la atención y hace ver las cosas desde una perspectiva pesimista. Pero acaso nuestra riqueza de conocimientos y perspectivas ¿no representa también nuestra debilidad? Tomemos una figura trágica como la de Edipo, acerca de la cual no puede decirse que le haya sentado bien su preocupación de querer averiguar todo lo que le concernía. El afán de saber se convirtió para Edipo en una triste fatalidad. Esperemos no correr la misma suerte, cuando reflexionamos con cierta preocupación sobre la realidad en que vivimos.

Por Eduardo Camin periodista uruguayo*

Los que acusan a los hombres de ir siempre tras las cosas futuras y nos enseñan a apegarnos a los bienes presentes limitándose a ellos como si no tuviésemos poder alguno sobre lo que ha de venir, e incluso bastante menos del que tenemos sobre lo que ya ha pasado, caen en el más común de los errores humanos. El temor, el deseo, la esperanza, nos lanzan al futuro y nos sustraen el sentimiento y la consideración de lo que es, para ocuparnos con lo que será incluso cuando ya no estemos. En ese sentido pienso que el calentamiento del Planeta no es un tema menor, en el vivimos y hay de que estar preocupado. La constante avaricia, la piratería y la insensatez constituyen la señal inequívoca del estilo transnacional de crecimiento económico. Cuyo desenlace, si no se cambia el rumbo es la extinción del Planeta.
El calentamiento global aumenta la posibilidad de padecer alergias, incrementa los déficits nutricionales, multiplica la exposición de la población a catástrofes ambientales y enfrenta a millones de seres humanos al desabastecimiento de agua y alimentos. Pero según los defensores del neoliberalismo, la degradación de la especie es ciencia ficción no deberíamos preocuparnos: la vida seguirá existiendo bajo otras formas. En efecto, bacterias y virus poblaran sin lugar a dudas la faz de la Tierra.
El desarrollo del capitalismo en su fase actual descubre la irracionalidad de la explotación del trabajo, para devastar el planeta en nombre de la libertad de mercado. Los gobiernos, dicen estar atentos a esta evolución e imponen tratados disuasorios tendientes a controlar la emisión de gases tóxicos y contaminantes de anhídrido carbónico ejemplo de esto es el Protocolo de Kyoto. Pero la otra cara de la moneda son las investigaciones para el desarrollo de energías “limpias” adjetivadas alternativas o renovables, como respuesta o pretexto dentro del marco de una economía social de mercado. La elite política y las empresas transnacionales, dueñas de la producción de energía, buscan de esta forma trasladar el siguiente mensaje:  Ellos son responsables y se comportan con un rigor ejemplar frente al cambio climático.
Su nuevo credo es producir neveras, coches, aerosoles, reciclables y poco contaminantes. Empresarios que apuestan por el futuro de las nuevas generaciones. Esta nueva visión de empresarios altruistas, llama la atención, de la noche a la mañana han dejado de ser capitalistas y buscan un mundo mejor. Pero la realidad es otra. Han instrumentalizado las energías renovables y transformado una alternativa en mercancía. Su sistema se fundamenta en el consumo ligado a la rentabilidad. Buscan obtener el máximo provecho de la energía sea solar, eólica, acuífera o proveniente de la biomasa. Hoy múltiples empresas privadas ven en el calentamiento del Planeta un gran negocio y por ello impulsan megaproyectos en el campo de las energías renovables en connivencia con el capital financiero y la complicidad de gobiernos neoliberales o socialdemócratas.
Las presas hidroeléctricas, los postes eoliticos y las agroindustrias latifundistas de biocombustibles son las nuevas oportunidades, ya que de ellas se derivan patentes , innovaciones y subproductos, utilidades reinvertidas para seguir expoliando y desbastando el Planeta y profundizar aun más la brecha entre piases ricos y pobres desarrollados o emergentes. Un ejemplo claro lo constituye América Latina, las grandes transnacionales, Repsol YPF, Endesa, Iberdrola, Brithish Petroleum, o Monsanto se reparten un buen trozo del pastel, desde la Patagonia al Orinoco pasando por la Amazonia y la selva subtropical.
Algunos expertos alertan que los cambios climáticos minara la producción global de alimentos, y veremos con mayor frecuencia periodos de escasez. La crisis del 2008 fue un buen ejemplo, aunque tampoco deberíamos olvidar que casi mil millones de seres humanos sufren de carencias alimenticias graves. El control de las grandes multinacionales resulta cada vez más extremo compañías como Cargil, que controla el negocio del grano, Monsanto, Bayer o Basf son los primeros fabricantes de semillas genéticamente modificadas o Yara que domina el mercado de los fertilizantes obtienen beneficios records invirtiendo en el sector.
Por otra parte la previsible carestía del agua hace que muchos inversores acaparan tierras en África y América Latina para asegurarse sus reservas acuíferas. Sin dudas una de las habilidades del capitalismo es su destreza para transformar un problema en un activo financiero con el que ganar dinero. Ya sea tangible como el agua o invisibles como el dióxido de carbono. Pero esta lógica de mecenazgo forma parte de su lavado de cara, aparte de facilitar la deducción de los impuestos, o el lavado de capitales..
Durante el año 2006 cuando Al Gore ex vicepresidente de Estados Unidos durante la era Clinton, convertido a la seudoecologia presentara el documental *Una Verdad Incomoda* la industria financiera reacciono a su manera. E n solo dos años se lanzaron 15 fondos de pensión que invertían en agua y sus aledaños. En un abrir y cerrar de ojos se reunieron 13.000 millones de dólares y los grandes de la industria Goldman Sachs, UBS, o Credit Suisse de forma insólita, contrataron analistas hídricos, ya que al agua iba a ser el petróleo de la nueva centuria. No obstante con el paso del tiempo los fondos han suavizado sus ardores. Pero aun así en Suiza hay 50.000 mil millones de francos invertidos en fondos asociados al calentamiento global. Es más recientemente el fondo que gestiona las pensiones danesas anuncio que invertirá 188 millones de euros en proyectos que luchen contra el cambio climático.
Creemos que esta idea de progreso lineal, propia de la fase actual del capitalismo, debe ser cuestionada , sobre dicha base el actual orden político levanta su mito de irreversibilidad histórica. En realidad su único afán sigue siendo obtener dinero a cambio de quemar energía, pero existe otra quema de energía; humana consumida bajo la forma de explotación. Roto el vínculo entre naturaleza y producción, el modelo globalizador se alza dueño del mundo. Frente a este orden deshumanizador que obtiene su poder destruyendo el Planeta y despilfarrando las energías sean esta renovables o no….tal vez en un día no muy lejano tendríamos que preocuparnos….

*Jefe de Redacción Internacional del Hebdolatino Ginebra
Miembro de la Plataforma Descam Ginebra
Columnista de Nodal