A lo largo del último año fuimos testigos de una serie de eventos políticos en América Latina, principalmente a través de los medios de comunicación masiva (cadenas de televisión, radio, prensa escrita y redes sociales). Dichos eventos constituyen un viraje en el escenario político de la región.

Entre otras cosas anotamos las elecciones en Argentina de donde emana un gobierno conservador con altos perfiles de represor, el tiempo dirá. Tampoco debemos olvidar por supuesto el resultado de las elecciones del 6 de Diciembre en Venezuela que supuso un fuerte revés al gobierno de Maduro, así como una serie de procesos que están conectados entre sí en toda América Latina, el proceso de paz en Colombia, la normalización de relaciones entre Estados Unidos y Cuba, el golpe de estado parlamentario generado a Dilma Rousseff en Brasil, las elecciones en Ecuador y las manifestaciones populares en Paraguay. Cabria preguntarse entonces. ¿En qué medida estos hechos afectan a las relaciones entre países, y el retroceso de los gobiernos así llamados progresistas o bolivarianos?

Los medios de comunicación en América Latina han satanizado a tales gobiernos como de terribles dictaduras y hablan de lo ocurrido este año como de un cambio favorable, especialmente en el caso de Venezuela. No se podía esperar otra cosa cuando las empresas televisoras, radiofónicas y demás tienen compromisos e intereses con monopolios que vieron sus negocios afectados en Venezuela.

No debemos olvidar que Bimbo (multinacional de origen mexicano, que reprime, maltrata y abusa de sus obreros) fue expropiado por el gobierno de Chávez para evitar que siguiera especulando con el hambre, de la misma manera que Cemex (principal productor de cemento y concreto premezclado en México) fue expropiado para permitir que se hicieran programas de vivienda, obras públicas, etc., sin permitir que los magnates mexicanos del cemento se enriquecieran con la especulación. Es obvio que si en estos países surgieron gobiernos que tomaron medidas que respondían a demandas de sus pueblos (vivienda, tierra, programas de salud, alfabetización etc.) es porque fueron resultado de poderosas movilizaciones populares, soportadas por organizaciones en crecimiento, con un proyecto de Patria Grande.

Tampoco podemos aceptar que estos procesos – como se pretende – se trataba de revoluciones socialistas – marxistas, nada de eso, ya que las empresas siguieron siendo propiedad de la burguesía y no de la clase obrera, y en muchos casos el aparato policiaco y militar garante del Estado no fue sustituido por otro, el mercado no solo continuó funcionando y acumulando riqueza en un polo sino que en algunos sectores se desarrolló más rápido aún gracias al consumo subsidiado, entre otras cosas.

Es decir la burguesía de estos países preservó sus intereses, sus negocios, y teniendo siempre a la mano la carta de la democracia es decir la organización de elecciones a la primera oportunidad, que permitiera formar un gobierno que cancelara las pocas o muchas concesiones hechas a los trabajadores o las clases más desfavorecidas. En realidad, como países de economía y leyes de mercado, éstos no escaparon a la crisis capitalista mundial, cuyos efectos fueron resentidos por los sectores populares lo que abrió la puerta a tales retrocesos. Los nuevos gobiernos conservadores hablan de reformar leyes de tal manera que en el fondo acaben con los programas sociales, recorten el gasto en educación, salud, vivienda, etc., y bajo la excusa de la tecnocracia, hablan de despidos en el sector público, de debilitar o acabar con sindicatos, de privatizar, etc.

Éste es el pretendido reino de los derechos humanos por el que claman la mayoría de los medios de comunicación de América Latina en Venezuela, al tiempo que omiten la violencia generalizada en cada uno de estos países. ¿Qué significa esto, acaso no tenemos suficientes problemas propios para preocuparnos de los otros? Esto significa acaso, que el centro imperialista de Estados Unidos tiene menos conflictos, rivalidades y problemas en los cuales fijarse. Este escenario vuelve más confiado al gobierno del hambre y la miseria en algunos países de nuestra región y lo hace avanzar en sus medidas bárbaras para salvar las ganancias de los monopolios a costa de sus trabajadores.

Pero también significa que muchos presionarán y les dirán a sus pueblos que estos eventos en América Latina no tienen futuro que no hay otro camino más que el de someterse a la globalización.

El caso uruguayo

Danilo Astori

El primer ministro uruguayo en la última década, Danilo Astori, ha llamado “malagradecido” al presidente de la República Bolivariana de Venezuela Nicolás Maduro siendo tal vez éste uno de los hechos de mayor relevancia política en Uruguay en los ultimos dias… Esto ha provocado serias consecuencias y algunas reacciones en la política del país, pues no debemos olvidar que las relaciones entre los dos países han sido estrechas y fueron en crecimiento en los últimos años, en materia económica, en inversiones financieras, y en relacionamiento de los partidos con todo el espectro político de ese país. Hace mucho tiempo que en Uruguay, se ha expresado la mayor regresión de la política de los llamados partidos de izquierda, convirtiéndose y llevando adelante políticas economicas de libre inversión y mercado favoreciendo a las privatizaciones y a los bancos internacionales. En realidad, el problema no es Maduro, sino el proceso que ha ido sosteniendo éste país, a partir del proyecto revolucionario y bolivariano, de su comandante Hugo Chávez y que Maduro ha sostenido dándoles continuidad en el proyecto político y de orientación socialista.

Muy lejos han quedado los tiempos en que Astori, proclamaba el no pago de la deuda externa, de la reforma agraria necesaria para el desarrollo nacional, y también hablaba acerca del proyecto del Frente Amplio como un proyecto de “ revolución”, otras ideas predominan en el ministro de economía hace ya bastante tiempo. El alejamiento progresivo de estas ideas que antes eran principios por los que se orientaba el partido de Gobierno, hoy ya no existen, ahora somos socios del FMI, amigos de los presidentes americanos (EEUU), y de los medios economicos mas retrogrados, nos sentamos en el Consejo de Seguridad de la ONU y dirigimos la OEA,(Luis Almagro) es por ello que necesariamente el presidente Bolivariano es un “dictador” para la derecha vernácula y también para los “nuevos progres” de la “izquierda caviar” en el gobierno.

Pero no podemos dejar que la amnesia nos invada y debemos recordar que ha hecho mucho el gobierno Venezolano, por la industria nacional que el actual ministro de economía, donde todas las semanas esta fundiéndose una empresa y robándose los fondos del estado sin que nadie reacciones quedando cientos de trabajadoras en las calles.

¿Quién es el malagradecido, entonces?

El gobierno pauperiza a la Universidad y al Hospital de Clínicas, Danilo Astori repite por activa y por pasiva que no hay dinero y recorta el presupuesto, sin embargo Venezuela y su gobierno ha destinado ayudas significativas para este hospital. Ayudó a FUNSA (fabrica de neumáticos) para comprarle la producción mientras el gobierno nacional la desconoce, liberando importaciones.

¿Cuantos apoyos ha recibido la Central Sindical (PIT-CNT) de la parte de la Revolucion Bolivariana, donde muchos de los actuales abanderados de Kausky en el Gobierno, hoy miran para otro lado?

Sin duda que la situación en Venezuela es delicada compleja, pero pone sobre la mesa en forma muy clara los intereses estratégicos e inmediatos que se expresan en la región por parte del imperialismo contra los pueblos, para impedir que la revolución bolivariana avance.

No debemos sucumbir a este progresismo, que aun no aprendió la lección de que no se puede compartir el poder con la clase que a diario nos explota y roba, alternando en el gobierno a veces a quienes hacen concesiones y a veces a quien nos las quita, que o bien el poder está en manos de la burguesía o bien el poder está en manos de los trabajadores. Esto es meridanamente claro.

Después se podrá discutir si se está de acuerdo o no pero en realidad este es el problema central, como diría Alfredo Zitarroza “el que no cambia todo, no cambia nada “

Eduardo Camín

*Jefe de Redacción de Hebdolatino (Ginebra), columnista de Nodal