Embajador Jorge Valero y Eduardo Camin

Cualquier fenómeno histórico propicio al rencuentro sitúa al hombre entre la tradición y el futuro. Al menos este es el sentimiento que nos dejaron las sabias palabras pronunciadas por el representante Bolivariano Sr. Jorge Valero ante las Naciones Unidas en Ginebra, en la conmemoración de su fiesta patria, un lejano 5 de Julio de 1811.

Porque es bien cierto que entre la tradición y el futuro hay un punto preciso de reflexión política: el punto de la exactitud y el realismo, aquel en cuyo equilibrio cuentan ideología y sociedad, patria y universo, comunidad e individuo. En ese sentido el pasado nos ofrece una incuestionable vigencia en la figura de Simón Bolívar, un peso que muchas veces gravita a favor y otras veces en contra de determinadas manifestaciones políticas. Porque la tradición no es solo un conjunto de aportaciones históricas positivas sino también negativas, de fracasos y equivocaciones en el empeño de conseguir una convivencia social justa y armoniosa.

La tradición no puede interpretarse como algo estático, rígido limitado, sino como la esencia de un proceso histórico sobre el que han pesado unos principios transcendentes.

Sabias palabras nos dejo este acto bolivariano marcado por ese instinto tradicional despierto hacia la dinámica de la convivencia, nuestro pasado y nuestro futuro se enlazan –como experiencia y esperanza– clave del ejercicio ordenador de la autoridad política. Porque no hay que olvidar que ante la Historia es la ejecución quien legitima o condena.

Somos conscientes de las dificultades que atraviesa la República Bolivariana de Venezuela, imposible no serlo ya que cada día la prensa internacional “demócrata” y seria nos da su versión entre medias verdades y falacias, pero hoy ausentes de este acto. Por ello cuando la crítica objetiva de un reciente pasado histórico liderado por el Cdte. Hugo Chávez nos entrega unos principios vitales de la convivencia nacional; cuando los principios de un linaje tradicional de ideas estimulan hacia formas comunitarias representativas y concepciones de plenitud de comunicación y presencia popular dentro de un determinado orden político creemos firmemente que la aceptación del legado de Simón Bolívar es indiscutible, la verdadera herencia tradicional de la cultura política debe poseer plena capacidad democrática.

Sin embargo nos vemos obligados –desde una reflexión realista –a estimar las experiencias negativas, y dichas experiencias gravitan sobre el ejercicio de la autoridad política.

Las deficiencias no aparecen sobre la ideología sino sobre su ejercicio. Por eso entendemos que se abre hoy más que nunca una ocasión autentica para el legado tradicional de Simón Bolívar, una configuración de la autoridad capaz de hacer marchar con eficacia un movimiento político receptor de la personalidad histórica de un pueblo. Entre la tradición y el futuro está el comienzo de toda vocación política seria la lección de este acto bolivariano.

Por Eduardo Camin
Redactor Jefe del Hebdolatino
Columnista de la Nodal