Desde que apareció el hombre sobre la superficie de la tierra, se ha dado el fenómeno del conocimiento como una de las formas de relación entre el hombre y su ambiente (la otra forma de relación es el trabajo productivo) .
El fenómeno del conocimiento era, al principio, algo muy rudimentario, así como era de rudimentario el mismo hombre.
Muy probablemente el hombre primitivo sólo llegaba a conocer las cosas que le rodeaban «en cuanto ambiente», esto quiere decir que no las conocía como formando parte de un todo organizado, sino simplemente como «algo» que está ahí», determinándolo, sin que el hombre pueda evitarlo.
Las reacciones del hombre primitivo ante ese ambiente más grande que él, más poderoso que él, anterior a él e incomprensible para él fueron variadas.
Desde la actitud de domino sobre la naturaleza, sobre los animales por medio de los instrumentos, hasta la actitud de la religión primitiva que intentaba «religar» a los hombres con esas fuerzas superiores e incomprensibles (haciendo uso de una facultad del conocimiento humano; la imaginación). Si seguimos paso a paso esta evolución del conocimiento, descubriremos una serie de actitudes.
Primero, el hombre se descubre como manipulador del mundo; se da cuenta de que puede efectuar cambios, para su provecho, dentro de algunos sectores del mundo que le rodea, se da cuenta de que por medio de instrumentos y de su trabajo productivo puede cazar más eficazmente, pescar mejor, construir viviendas rudimentarias, etc.
En un segundo momento, el hombre se da cuenta de que, a pesar de que domina una parte de su medio ambiente, «no es capaz de dominar» muchos otros factores de los que depende su vida material, tales como los fenómenos meteorológicos (lluvia, viento, movimientos sísmicos, etc.) o como otros aspectos de la vida humana que aparecen como incomprensibles (tales como la utilización del fuego, la autoridad, el origen del hombre, la maternidad, etc.)

Sí aceptamos que el pensamiento «empírico» (a partir de la experiencia) es la primera forma de acercamiento a la realidad, el pensamiento «mitológico» es la segunda.
Paralelamente al pensamiento mitológico y fundamentado en el trabajo productivo, se fue desenvolviendo también, poco a poco, otro tipo de conocimiento que se ocupaba sobre todo de dominar al mundo: la «técnica».
Este otro modo de conocimiento «práctico» dio a los hombres una «independencia» proporcionalmente mayor respecto del medio ambiente, e incluso, llegó a destruir algunos mitos (como el del fuego).

Hoy en los tiempos modernos hay etiquetas ideológicas que se han ido vaciando de contenido y realidades económicas y sociales carentes de presencia operante en el plano de las decisiones que les afectan a los hombres. Alejarse de la realidad social , en la acción y planeamiento político ,no suele ser un camino premeditado ,sino consecuencia de un error o imposición de método.. Ya no son solo las razones de orden moral; los que no determinan sino hechos reales e insoslayables los que exigen de nuestra clase dirigente la capacidad de innovación.
Pero vencer la inercia, el egoísmo, el peso de los elementos a quienes toda innovación desagrada o perjudico, es una dificilísima prueba.
Si de los vicios privados, se hacen virtudes públicas , nos no puede sorprender que frente a las interrogantes de los pueblos, las respuestas se pretendan disolver bajo los principios de una libertad política ,interpretada como derecho individual y propietario de una democracia entendida como procedimiento electoral cuyas reglas de juego sea la de seleccionar una elite .
Esta actitud arrogante de las clases políticas en general, cuenta con la complicidad de los intelectuales institucionales generan la más grande confusión, siendo a la vez los artesanos de una sociedad conformista.
Por eso decimos ! Cuan grande es la fuerza de los conocimientos ! en la historia de la humanidad. Y eso es precisamente lo que temen los sembradores de tinieblas, quitándole brillo a la verdad.
A veces se dice que la búsqueda de la verdad es asunto de los científicos, filósofos, escritores y políticos, afirmando que la «gente sencilla» puede vivir sin buscar la verdad. No hay nada más erróneo que esa opinión, los hombres necesitan de la verdad, de conocerla en todo momento. En la escuela, en las empresas, entre los trabajadores en la vida cotidiana en todas partes hacen falta conocimientos.
Desde tiempos inmemoriales la verdad actúa como la luz de la razón, pero no a todos le gusta la luz y se comprende, alumbrar un pueblo con la potencia del raciocinio humano significa ver muchas cosas en él, conocer mucho de él, saber hacer mucho en él… Por eso se impone cambiar la actual dirección del debate, ya que se trata de conjugar el desarrollo teórico con una critica política capaz de explicar las relaciones sociales contradictorias y complejas definidas por el actual proceso de acumulación de capital, que además nos conlleva a una pérdida de valores sin precedentes.
Y es justamente esta escisión entre valores individuales y colectivos entre moral y ética social uno de los aspectos, más inquietante de la crisis del hombre contemporáneo