El 5 de junio se cumplieron los pronósticos que indicaban una gran derrota para el PRI (Partido Revolucionario Institucional) como partido gobernante y Enrique Peña Nieto como Presidente. En los dos meses previos a las elecciones se realizaron extenuantes campañas electorales en las 12 entidades estatales donde se elegirían gobernadores, legisladores, alcaldes y regidores municipales, y en la Ciudad de México, donde se limitaban a seleccionar a los 60 integrantes de la Asamblea Constituyente.

La lucha propagandística estuvo abierta e indiscriminadamente centrada en “sacarse los trapitos al sol” entre las alianzas de partidos políticos adherentes al gobierno, por una parte, y los partidos políticos, opositores, por el otro. Fueron 10 partidos políticos los que participaron en la campaña electoral, aparte de algunos candidatos independientes, sin afiliación partidista. Era difícil, si no imposible, para un observador ajeno a la contienda, distinguir la veracidad o falsedad de las acusaciones intercambiadas entre los protagonistas. Los programas de trabajo y acciones que los contendientes ofrecían a sus presuntos electores quedaron inmersos entre esa enorme maraña de acusaciones, contra-acusaciones y amenazas de denuncias y el ofrecimiento de “te vamos a meter a la cárcel por ratero, corrupto, fraudeador, etc”.

El entorno violento de las acciones criminales que realizan los grupos delictivos en todo el país quedó oscurecido por la inmensa cantidad de spots publicitarios que lanzaban los candidatos a través de los medios de comunicación masiva, que pintaban en los muros de las casas, que imprimían en tableros publicitarios monumentales o que grandes piquetes de jóvenes con sus cuerpos cubiertos de publicidad, con banderas y pancartas, se lanzaban al asalto de las casas y de los automovilistas para hacerles llegar cientos de volantes con leyendas de sus candidatos.

De repente se colaban entre estas acciones algunas noticias que, saliendo de la realidad virtual de las campañas electorales, mencionaban los crímenes, asesinatos, asaltos, robos, secuestros, ejecuciones provenientes de la realidad real del mundo nuestro que seguía allí.

El 6 de junio la población pareció despertar de este mundo de pesadillas que es el entorno propagandístico de las elecciones. Algunas personas, más ligadas a los partidos, celebraban sus triunfos, otros preparaban sus impugnaciones. Pero la realidad virtual se había ido aunque sabemos que resucitará con mayor fuerza en las próximas elecciones que se realizarán dentro de dos años porque se debe sustituir al Presidente de la República y a los legisladores nacionales.

¿Quién ganó o perdió en este proceso electoral? Eso qué importa, hoy la realidad real nos está llenando de la congoja o los miedos que desatan los grupos delictivos.

En la Sierra de Rosario, en este Estado de Sinaloa, entre las comunidades de Palmaritos y Picachos unos bandidos ejecutaron y decapitaron a siete leñadores para desatar el terror y obligar a los pobladores de la sierra a abandonar sus viviendas. En Badiraguato, en los poblados Arroyo Seco, La Palma y la Tuna, sus habitantes, entre 200 y 350 familias, incluyendo la madre del famoso Chapo Guzmán, bajo amenazas fueron desplazados por grupos delictivos.

Esta es la “cruda”, el cuerpo malo, la que se presenta después de una fiesta en que se bebió más de lo debido. Es la “cruda realidad”, los gobiernos que resultaron electos en esta campaña electoral deberán mostrar en hechos cual es el remedio que piensan aplicar para “curar” este mal que no se puede ocultar ni siquiera con muchas campañas electorales.

De nada y hasta siempre amigas y amigos…

Rolando GONZÁLEZ ALTAMIRANO