Es casi inconcebible que, radicados en la ciudad de Culiacán, ciudad que ha sido el centro de la tormenta de narcotráfico que sacude a México desde hace muchas décadas, nos enteremos en la prensa nacional o extranjera de los entretelones de la guerra que el gobierno mexicano emprendió en contra de los cárteles de la droga desde hace una década.

Los mismos periódicos locales deben usar la mercancía noticiosa que les venden las agencias norteamericanas y nacionales para llenar sus espacios. En tanto, los rumores que escuchamos en la calle se limitan a repetir este tipo de informaciones.

Pero… Culiacán, en particular, y el Estado de Sinaloa, en lo general, es una zona de guerra. Ello se hace evidente si acudimos a los cementerios de la localidad donde los sepulcros nos muestran que los muertos, en su casi totalidad, son muy jóvenes, cuestión que se corresponde con lo que ha sucedido en zonas de actividad bélica en todo el mundo, sin embargo, si usted recorre las principales ciudades de Sinaloa como Los Mochis, Guasave, Guamúchil, la capital Culiacán, Cosalá, Mazatlán, Rosario, Escuinapa, puede advertir que las actividades sociales, educativas, políticas y comerciales muestran una apariencia muy similar a la de cualquier ciudad conocida.

¿Qué ha sucedido, entonces, con nuestros sentidos en esta gran zona de guerra llamada Sinaloa que tiene una extensión territorial de 57,365 kilómetros cuadrados y una población de casi 3 millones de habitantes para que se dé este fenómeno de que los pobladores actuemos de manera casi normal?

¿Cómo es que se genera esta aparente normalidad cuando muchos pobladores de pequeños pueblos de la sierra han tenido que refugiarse en ciudades más cercanas porque grupos de narcotraficantes armados los expulsaron de sus lugares de residencia, tal como sucedió, por ejemplo, en algunos pueblos de la sierra Mazatleca, tal como lo reporta “narcoprensa.com” (*) entre otras publicaciones?

¿Y cómo podemos seguir tranquilos mientras en Sinaloa más de mil personas anuales murieron asesinadas en los últimos tres años enmarcadas en la lucha de los cárteles por el control del tráfico de drogas?

cartel

Hay hechos públicos que nos permiten evaluar el grado de peligrosidad que implica recorrer nuestras calles. Por ejemplo en las fiestas de celebración del Año Nuevo, durante la despedida del 2015, la madrugada del 1 de enero del 2016 y durante todo ese día, las ráfagas de ametralladoras atronaron el espacio culiacanense en una evidente celebración de impunidad de las células delictivas que operan en la capital de Sinaloa, por supuesto hubo secuela de muertos y heridos por balas perdidas. Está demás decirles que no hubo detenidos. Todo era normal.

Hay otros indicadores que nos alertan sobre los problemas que generan los delincuentes en contra de la población, los operadores de autobuses de transporte público de la ciudad de Culiacán se quejaron amargamente por el gran número de asaltos, en pleno día, a sus unidades donde, con plena impunidad, despojan de sus bienes tanto a sus conductores como a los pasajeros.

Mientras tanto, entre alardes de inventiva noticiosa de los periódicos afines al gobierno, continúa la fiesta gubernamental por la captura del líder narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, quien se había fugado hace seis meses del penal del Altiplano. Por lo demás, todo sigue igual. La estructura financiera del cártel de Sinaloa, que dirige el Chapo Guzmán permanece incólume, sus dirigentes, sicarios, plantadores, transportistas y distribuidores de las drogas continúan “trabajando” en sus actividades delictivas.

Los políticos sinaloenses, por su parte, también tienen lo suyo, como este año termina el periodo del señor Mario López Valdez, más conocido como “Malova”, de Gobernador de Sinaloa, se están preparando para la sucesión. Para estos políticos no hay otro problema en estos días más que el nombramiento del sucesor del Gobernador por ello se encuentran enfrascados en la selección del que sea más afín a sus intereses, en particular los que pertenecen al Partido Revolucionario Institucional que tiene el poder de la nación. Ellos son los más interesados en culminar su tarea eligiendo al político que los puede subir al primer plano del poder en Sinaloa dado que el actual Gobernador los derrotó en la contienda pasada. Luego vendrán las promesas de campaña, “Espérense tantito”, les dicen a sus adeptos, porque sus deseos de Feliz Año Nuevo estarán pendientes del resultado electoral.

Por supuesto nosotros también tenemos nuestros deseos para este Nuevo Año 2016, y el principal es desearles con todo mi afecto un excelente AÑO NUEVO para todos. Hasta siempre amigas y amigos.

rolamdo

Rolando González Altamirano

Profesor universitario jubilado. Psicoterapeuta, periodista, columna Las Cosas Simples.

 

 

(*) http:www.narcoprensa.com/2015/10/la-ley-de-la-sierra-celulas-de-sicarios.html