La ciencia, la práctica, nos convence de que las cosas y los procesos que se producen en el mundo tienen dos aspectos; el interno oculto en nosotros y el externo, que podemos percibir. Así, conocemos lo que se encuentra en la superficie de los fenómenos, lo que más salta a la vista, y sin lugar a dudas aparece ante nosotros las crisis.

Crisis significa ruptura, cambio, mutación del desarrollo de un proceso, que puede ser físico, psíquico, espiritual o histórico; marca el fin de lo viejo y el principio de algo nuevo. En este sentido podemos decir que vivir es un perpetuo estado de incertidumbre que nos obliga a todos a caminar en la cuerda floja intentando a cada paso mantener el equilibrio y las crisis son las que nos mueven las estructuras y nos hacen perder ese equilibrio.
Las crisis de las distintas etapas de la vida son inevitables y hay que aceptarlas, porque es la aceptación la que las convierte en el motor de una nueva forma de existencia.
Una crisis es una encrucijada, un bloqueo en el camino de la vida que nos exige cambiar el rumbo para poder seguir adelante. Las crisis existenciales del desarrollo nos obligan a cambiar nuestro comportamiento y nuestros valores. Aunque la vida es pura incertidumbre, la gente se aferra a la ilusión de la seguridad y rechaza los cambios inesperados.

Todos tendemos a crear expectativas y cuando éstas no se cumplen debido a sucesos imprevistos nos cuesta aceptarlo y renunciar a lo planeado. Pero no debemos olvidar que toda la creación humana es producto de un pensamiento. Los pensamientos surgen de la mente como impulsos creativos y cuando éstos se manifiestan en forma organizada producen una expresión creativa. Todos tenemos la misma capacidad desde el nacimiento para organizar los pensamientos, por lo tanto se puede considerar a la mente como una estructura que tiene un poder organizador.

El conocimiento del hombre tiene una estructura de pensamiento que capta al Universo con la conciencia y este es el modo que tenemos de conocerlo. Nuestros impulsos de inteligencia son los mismos de toda la naturaleza la diferencia es que el hombre los conoce como pensamientos, estos se manifiestan en la civilización como orden público, y orden social
Pero por encima del “orden público” concepto fácil y funcional – el orden social es una tendencia continua de la historia política.
Existe un orden utópico en la mente del hombre, tras cuya consecución, las etapas políticas cobran significado perfectivo. Pero el político debe ser siempre un individuo insatisfecho del orden existente, que aspire a mejorarlo en algún aspecto, para aproximarse a la eterna meta de una convivencia más feliz para los hombres.

No obstante, ocultas contradicciones del cambio social y los proyectos democráticos, se manifiestan asimilando la doctrina del progreso y sometiéndose a las reglas del crecimiento económico. Esta visión económico -tecnocrática del mundo, en lo social y lo político es el referente sobre el cual se plantean y elaboran las actuales políticas alternativas. Políticas que son prisioneras del mismo principio que quieren combatir: la economía de mercado.

En realidad, los defensores políticos y los intelectuales institucionales de corte progresista, hacen auténticos malabarismos para demostrar la existencia de una relación de complementariedad entre democracia y economía de mercado, igualdad y competitividad, progreso y desarrollo. En esta vorágine de vocablos económicos se realizan las propuestas más inverosímiles y las uniones más imposibles que nos podamos imaginar.
Atrapados en una defensa a ultranza de la economía de mercado e inmersos en su racionalidad terminaron siendo unos fieles administradores de su dinámica.
Dicho de otra manera estos hombres no constituyen una razón alternativa a la economía de mercado sino que forman parte de su realidad. Decimos esto porque ética y moralmente el progreso no tiene límites, y no posee objetivos específicos. El progreso es un continuo movimiento de transformación y cambio en el que el factor humano no tiene peso para cuestionar o imponer límites a su marcha.
Cuando se bombardea un territorio o un país, son con las armas y bombas creadas en nombre del progreso tecnológico. Maravillas de destrucción masiva formando parte esencial del progreso, bombas atómicas y guerras pre-fabricadas donde es necesario que algunos individuos mueran para que el progreso siente mejor sus bases.

Por eso desde estas páginas seguiremos insistiendo sobre estos temas ,porque ser un hombre de izquierdas o un humanista verdaderamente alternativo , es decir ” no progresista” presupone aceptar un principio articulado con los fines específicos del género humano : la cooperación y la ética , condiciones sociales vitales para la existencia del hombre político . Por eso creemos que la función ordenadora tiene su camino a través de un modo o estilo de ejercicio de la autoridad del hombre político, de lo contario este se transforma en un simple generador de crisis.
Las exigencias de la conciencia colectivas son los principios constitutivos del acuerdo histórico, del punto de partida y el punto de partida de una comunidad ha de estar siempre tan claro, cuando menos, como la esperanza en su futuro.

Por Eduardo Camin
Columnista de Nodal
Jefe de Redacción Internacional del Hebdolatino
Miembro de la Plataforma Descam Ginebra