Patrick Mohr es un artista ecléctico; adapta y dirige obras de teatro, de autores clásicos y contemporáneos, actúa y enseña, entre otras cosas. También tiene el don de poder interpretar la realidad de otros pueblos y de compartirla con el espectador, ayudándole a comprender que la diversidad de lenguas o de colores de piel, no nos diferencian en absoluto de los otros seres humanos.

“Les Larmes des Hommes” (nombre original de la obra en francés), puesta en escena por el Teatro Spirale, del cual es su fundador, forma parte de los eventos que se llevarán a cabo en el Teatro de la Parfumerie, del 4 al 23 de marzo, en el marco del Cabaret Latino que se desarrollará del 7 al 22 de marzo en Ginebra.

Basado en el libro “Le Fil de Missangas” (El hilo de los abalorios ndr), del mozambicano de origen portugués Mia Couto, esta obra nos invita a penetrar en el corazón y la mente de varias mujeres, que viven o más bien existen al borde de una crisis de nervios. Recuerda a la Molly Bloom de Joyce que a través de su monólogo evacúa su sufrimiento. En la puesta en escena de Mohr la realidad, por ser tan cruel, se traviste en las propias mujeres, que disfrazadas de hombres, expresan su dolor burlándose de la opresión que viven sin cesar.

El Hebdolatino entrevistó al director de esta obra de teatro.

H.L.: Patrick Mohr ¿por qué esta obra y por qué el escritor Mia Couto?

Mia Couto-400P.M.: La relación con este autor es una vieja historia de amor. Estando de viaje por África del Sur, encontré a alguien que me propuso leer uno de sus libros “Las ballenas de Quissico”. Yo me sentí totalmente seducido por la fuerza, la franqueza, la potencia de su manera de escribir, que es al mismo tiempo realista y onírica, elementos indispensables para el teatro.

Debo señalar que esta no es la primera vez que adapto y dirijo una obra de Couto. En 2005 y 2009, adapté “La mujer dentro de mí” y “Cada hombre es una raza”, que tuvieron una excelente acogida tanto en Suiza como fuera del país.

Estando de viaje por Cuba, país que me impresionó por su alto grado de aceptación a la cultura y el acceso que se le ofrece a la gente, tanto en teatro como en la música, se me ocurrió hacer una puesta en escena mezclando ambos géneros artísticos. Fue así cómo nació “Las lágrimas de los hombres,” presentada por primera vez en Cuba en 2013.

H.L.: A propósito del título, en español la llamaste “Los Machos Llorones” que tiene una connotación despectiva, mientras que en francés suena más poético, ¿por qué esa diferencia?

P.M.: Es cuestión de la traducción. Por eso se dice que “traducir es traicionar”. En francés, la traducción del libro sonaría como “los machos lagrimosos” que no tiene el mismo sentido, mientras que en español suena divertido y es más próximo al título del autor.

H.L.: ¿No se pierde el sentido con la traducción?

P.M.: Para nada. El cuento trata de un grupo de hombres simples que se encuentran en un bar para contarse bromas e Patrick Mohr-400historias libertinas. Esos encuentros cambian el día en que uno de ellos decide contar una historia triste, que los hizo llorar. Para los otros, eso fue como un contagio que los motivó a hacer lo mismo. Resultado, todos se ponen a lloriquear, pero terminan por darse cuenta que llorar es bueno, y eso les abre las puertas hacia un nuevo tipo de humanidad.

H.L.: ¿Qué piensas tú del hombre que llora?

P.M.: Mi padre no lloró nunca. Descendiente de una familia alemana, él me dijo que aún si hubiera querido hacerlo, llorar no era aceptable entre ellos. Con el tiempo, llegó a la conclusión que no llorar era una especie de discapacidad. En mi caso, la vida me ha enseñado que llorar es liberador y bueno a la vez. Hay cientos de razones por las que podemos llorar, incluso a causa de la felicidad.

H.L.: ¿Qué lugar ocupan las mujeres en su vida? ¿Ha aprendido algo de ellas?

P.M.: Antes de haber intimado con mujeres, tenía dificultad para expresar mis sentimientos. Ellas me enseñaron a aceptar una parte de mí, que sólo no hubiera logrado hacer. Yo reprimía el sufrimiento y no lograba comunicar. Ellas me ayudaron a hacerlo. Pienso que ellas comunican mejor que nosotros los hombres. Son más hábiles y más flexibles para resolver conflictos con palabras que nosotros.

Patrick Mohr - cours de théâtre collège de Saussure-400H.L.: Tras haber viajado por el mundo, ¿tiene algún reproche que hacer a Ginebra?

P.M.: Antes de viajar el teatro no me gustaba. Este arte viviente me ha permitido reinventar mi lenguaje, para poder hacerme comprender en cada lugar donde presento mi trabajo.

De regreso, descubrí las cosas positivas que ofrece mi país; el color verde de la primavera, la limpieza de la ciudad, aunque hoy día no sea como antes. Sin embargo, el hecho de que solamente una parte de la población tenga acceso al teatro me parece incomprensible. Para poder hacerlo, hay que ir hacia la gente; en las casas de ancianos o a las escuelas por ejemplo.

¿Reproches? En Suiza tenemos tendencia a quejarnos por casi todo. Pero hay muchas razones para estar contento. Para citarles un caso, en 1994 supe que el presupuesto de mi compañía teatral era equivalente al presupuesto nacional de la cultura de Burkina Faso, que en ese año tenía una población de 10 millones de habitantes. Saber eso me causó un choque en ese momento.

Algo que me sorprende mucho es que las personas mayores estén mejor integradas en los países que tienen limitaciones económicas que en nuestro país, en el cual la sociedad excluye a la tercera edad.

H.L.: En varias obras hablas de migrantes sin papeles o de personas al margen de la sociedad, ¿por qué?

P.M.: En mi entorno, aquí en Suiza, me di cuenta del drama humano que vive mucha gente. Tuve un amigo toxicómano que pereció de una sobredosis. Quise comprender esa realidad. Lo de los “sin papeles” fue por una mujer boliviana que cuidada a mis hijos. Saber que mientras cuidaba a mis hijos, tuvo que dejar a los propios en su país, para garantizarles sustento y educación, es algo que me conmueve mucho. Tengo una fibra social que me empuja a tratar esos temas.

H.L.: A propósito de Suiza, el escritor Tahar Ben Jelloun, dijo en una ocasión que este país ha creado las condiciones como para “evitar” el sufrimiento, por esa razón no había tantos artistas ¿Piensas que el sufrimiento es indisociable de la creatividad?

P.M.: Espero que no (sonríe). La verdad es que la creatividad se ve más ahí donde hay obstáculos. En la época del apartheid en África del Sur, las fuerzas artísticas (teatro, música) se manifestaban contra un enemigo común, al igual que en España en tiempos de la dictadura. En los países donde no existe ese tipo de opresión, es más difícil movilizar esas fuerzas. No estoy de acuerdo con T.B.J., ya que a pesar del confort existente en nuestro país, es posible crear. No puedo negar que es más complejo, ya que el papel del artista en nuestras sociedades es menos claro y más formalizado, en comparación con otras sociedades en donde existe la necesidad de expresarse de forma más espontánea.

Martin Montiel

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Breve extracto del cuento de Mia Couto – Les Mâles Larmoyants – Le fil de missangas. Ed. Chandeigne,2010.

Llorar es abrir el corazón.
El llanto es la realización de dos viajes:
De la lágrima hacia la luz y del hombre hacia una humanidad más grande.
Finalmente, ¿no venimos a la luz entre llantos?
¿El llanto no es acaso nuestra primera voz?

http://vimeo.com/85909259