¿Qué hay de común entre la tragedia de los emigrantes a las puertas de Europa y la emigración de América Central hacia los Estados Unidos? La miseria, la violencia, la guerra, la ilusión de un futuro mejor, la ingenuidad de pensar que serán tratados como seres humanos.

No es Joe Biden el responsable de la actual crisis, es la política intervencionista de os Estados Unidos en América central desde hace lustros que colocaron gobiernos corruptos para servir los intereses norteamericanos, que armaron facciones criminosas como los Contras en Nicaragua, gobiernos de marionetas que intensificaron las injusticias sociales, la violencia, la pobreza y la miseria, y ahora se suma el coronavirus. Las personas huyen países como el Salvador, Nicaragua, Guatemala, El Salvador. Países traumatizados por el terror de la violencia política, de los narcotraficantes y las Maras.

La emigración continuará hasta que esos países permitan que sus poblaciones puedan tener una vida digna y decente. Que las personas tengan acceso a la educación, a la salud, al trabajo y a un mínimo de paz, así como los europeos continuarán a ver hordas de emigrantes hasta que no se resuelvan los conflictos en Afganistán, Siria, Libia e Irak y no se combata la corrupción, la violencia, el extremismo religioso y la miseria de los países africanos.

Es completamente inútil querer construir barreras, muros, fosas para tratar de detener el flujo. La desesperación es capaz de atravesar cualquier obstáculo o morir. Así tanto el desierto como el mediterráneo se han convertido en cementerios para miles de emigrantes.

 La gran diferencia es que Biden quiere tener una visión humana del problema, radicalmente diferente a la política de Trump que estaba basada en el miedo y el horror para disuadir a los emigrantes de atravesar la frontera. Separación de familias, niños/as y adolescentes encerrados como criminales en jaulas. Un tratamiento deshumano y criminal que tiene como objetivo causar el máximo de sufrimiento. Pero la ceguera y la estupidez de Trump le impedían ver que el sufrimiento en sus países es mucho mayor y que los emigrantes están dispuesto a todos los sacrificios para llegar a la tierra prometida.

Pero, como los emigrantes europeos permanecen bloqueados durante años en Lesbos y otras islas griegas en condiciones miserables, los centro- americanos deambulan entre las frontera sur de México y la fronteras de los Estados Unidos, presas fáciles de traficantes, coyotes, bandidos, violencia policial, incapaces de comprender que el sueño americano no existe, que las condiciones de vida en los estados Unidos son cada vez mas difíciles, que en esas tierras tendrán que confrontarse a la violencia racista, a la pobreza y la exclusión. Muchos son los llamados, pero poquísimos los elegidos. Así como los emigrantes en Europa, la mayoría no tienen mínimas posibilidades de adaptación, sobre todo en plena crisis mundial de coronavirus.

Los movimientos migratorios debidos a causas económicas están apenas comenzando. Con el aumento de tragedias climáticas, la incapacidad de la sociedad de promover reformas radicales, de los dirigentes políticos de darse cuenta que si no se cambia de rumbo rápidamente, la crisis va aumentar cada vez más hasta llegar a un punto insoportable de extrema violencia.

Las causas de las emigraciones de masa son fáciles de comprender en la actual realidad geopolítica. Lo difícil es elaborar soluciones que permitan detener el movimiento masivo, pero para eso debe existir un cambio radical de paradigma, porque en cuanto el mundo esté dividido entre ricos y pobres, entre miserables viviendo en países corroídos por la violencia y la corrupción y ricos queriendo proteger a cualquier precio sus privilegios la ecuación no tendrá respuesta y las personas continuarán muriendo atravesando el desierto o el mediterráneo, atrás de una quimera.

Alfonso Vásquez Unternährer