Muchos en México escriben sobre el narco. Pocos lo hacían como Javier Valdez.

Fue uno de los periodistas que más de cerca se dedicó a cubrir el crimen organizado en el país, intentando evitar que cayeran en el silencio historias que él creía merecían ser contadas, dándole un nombre a víctimas destinadas al olvido. “La lucha diaria por cubrir el narco”, decía, era como “suministrar pastillas contra el olvido”.

Escribía para que el horror no le fuera indiferente al resto. En un gremio golpeado por la violencia -Valdez es el sexto periodista asesinado en lo que va del año- su muerte está lejos de ser una más.

Este lunes al mediodía un grupo de hombres le disparó a pocas cuadras del semanario que fundó, Ríodoce, en su Culiacán natal. Tenía 50 años, estaba casado y era padre de una hija.

México es el tercer país donde más periodistas son asesinados: 105 desde 2000 (sólo Siria y Afganistán son más peligrosos para la prensa), y Valdez era el de mayor perfil y el más conocido a nivel internacional.

Su trabajo le había valido a Ríodoce en 2011 el Premio Moors Cabot, que entrega la Universidad de Columbia, y ese mismo año el Premio Internacional a la Libertad de Prensa, que otorga el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés).

“Es el más importante premio que he tenido”, dijo en su momento sobre la distinción del CPJ , “y ahora me siento apabullado porque desde fuera ven mi trabajo y lo consideran valioso en esta situación de guerra, de violencia, de riesgos para todos los que vivimos en este país, y para los periodistas”.

Al recibirlo dio un discurso en el hotel Waldorf-Astoria de Nueva York, lejos de la tierra donde escribió sus reportajes que le valieron el reconocimiento pero no se olvidó de ella ni de su gente.

“Donde yo trabajo, Culiacán, en el estado de Sinaloa, México, es peligroso estar vivo, y hacer periodismo es caminar sobre una línea invisible trazada por los malos —que están en el narcotráfico y en el gobierno— en un campo sembrado de explosivos”, dijo, “esto es lo que la mayoría del país vive. Uno debe protegerse de todo y de todos, y no parece haber opciones ni salvación, y a menudo no hay nadie a quien acudir”.

A Valdez no era necesario que nadie le explicara el riesgo, constante, que tenía en frente. En 2009 tiraron una granada contra la oficina del semanario. Pero él nunca dejó de escribir ni de contar lo que se debía contar.

“El buen periodismo, valiente, digno, responsable, honesto, no tiene sociedad alrededor”, decía en una entrevista un par de años atrás. “Está solo, y eso habla también de nuestra fragilidad, porque significa que si van contra nosotros o esos periodistas y les hacen daño, no va a pasar nada”.

“He preferido dar un rostro”

Escribía artículos, columnas y libros: “Huérfanos del Narco”, “Miss Narco”, “Malayerba”, “Los Morros del Narco”, “Levantones” y “Con una granada en la boca”, donde reflejaba un país que, en sus palabras, “está enfermando, perdiéndolo todo, se está extraviando, tomando atajos incluso al abismo”.

El último, publicado el año pasado, se titula “Narcoperiodismo, la prensa en medio del crimen y la denuncia”, donde dijo que le tocó “mirarse para adentro”.

Además de muy respetado por sus colegas mexicanos y extranjeros, entre ellos varios periodistas de BBC Mundo, con quienes siempre estaba disponible para ofrecer consejos o entrevistas, Valdez conocía de primera mano el tráfico de drogas en el noroeste del país, no sólo por haber nacido en Sinaloa sino por la forma particular de investigar el tema.

Se reflejaba en su columna Malayerba, redactada en léxico sinaloense. Una característica de Valdez: escribía como hablaba. Solía andar de sombrero, bromeaba mucho, vivía apasionado por lo que hacía.

Durante varios años fue reportero del diario Noroeste, uno de los más importantes del estado, pero una crisis con los directivos motivó que junto con otros reporteros fundaran Ríodoce.

La publicación nació con la idea de contar de la sociedad y vida política de la región, pero “sin querer”, como alguna vez comentó Valdez, se especializó en la cobertura del narcotráfico.

Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”.

Javier Valdez

Tras el atentado que sufrió el semanario, siempre realizó su trabajo de la misma forma. Acudía tras el cierre de la edición semanal a convivir con sus compañeros en el mismo sitio que le gustaba, un sencillo bar en el centro de Culiacán.

Y a pesar de los reconocimientos y premios siempre saludaba de la misma forma: “¿Qué onda, bato?”.

“Dedico este premio a los valientes periodistas, y a los niños y jóvenes que viven una muerte lenta”, decía en 2011, “he preferido dar un rostro y un nombre a las víctimas, crear un retrato de este panorama triste y desolado en lugar de contar las muertes y reducirlas a números”.

Esa consigna guió su carrera. La otra fue no callarse.

“Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”, escribió cuando en marzo acribillaron a la periodista Miroslava Breach.

Asesinado en México Javier Valdez, el gran cronista del narco en Sinaloa

El periodista, el sexto muerto por el crimen organizado en lo que va de año, fue interceptado y ejecutado a plena luz del día

1494874504 787443 1494928124 noticia fotogramaEl cuerpo inerte del periodista Juan Valdez este lunes.

La narcoviolencia ha vuelto a asesinar a un periodista en México. Javier Valdez, periodista de Ríodoce, de 50 años, uno de los reporteros que más y mejor ha contado la violencia del narcotráfico en Sinaloa, ha sido disparado este lunes a plena luz del día en Culiacán, la capital del Estado, después de que unos hombres interceptaran su vehículo, según las primeras versiones recogidas por el semanario en el que trabajaba. Valdez es el sexto periodista asesinado en lo que va de año en México, más de la mitad ya que el año pasado, que batió récords con 11 ejecuciones. Desde 2000, han muerto más de 100.

“El periodista de Ríodoce, Javier Valdez Cárdenas, fue asesinado hace unos momentos por la calle Vicente Riva Palacio, entre Ramón F. Iturbe y Epitacio Osuna, de la Colonia Jorge Almada”, afirmaba la escueta nota con la que Ríodoce confirmaba la muerte de su reportero. “De acuerdo a los primeros datos, el también autor de la columna Mala Yerba, conducía un Corolla rojo de modelo reciente, por dicha vialidad, cuando sujetos lo interceptaron y le dispararon”, añade el texto.

El golpe para el periodismo, para la sociedad mexicana, es terrible, más aún ante la clamorosa impunidad instalada y el silencio de las instituciones. No ha habido ningún detenido por los seis asesinatos de periodistas este año. El presidente, Enrique Peña Nieto, condenó el atentado contra Valdez. La reación a las cinco muertes previas a la de Valdez había sido hasta ahora la designación de un fiscal de delitos contra la libertad de expresión, una medida cuando menos irrisoria si se tiene en cuenta la magnitud de la tragedia.

Periodistas asesinados mexicoJavier Valdez era una eminencia, el gran cronista del narcotráfico en Sinaloa, uno de los periodista más respetados en México a la hora de hablar del crimen organizado. Su libro Narco Periodismo. La prensa en medio del crimen y la denuncia aborda el trabajo de los reporteros que no se callan en medio de la narcoviolencia. Después de que Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua, recibiese, a finales de marzo, ocho disparos al salir de su casa, Valdez escribió en su cuenta de Twitter: “A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”.

Era recurrente que los periodistas que viajaban a Sinaloa o escribiesen sobre la cuna del cartel de El Chapo acudiesen a Valdez para conocer su visión. Hace apenas dos semanas, cuando detuvieron a Dámaso López, El Licenciado, uno de los sucesores de El Chapo, una reportera de este diario preguntó a Valdez por su opinión sobre cómo quedaba la estructura del cartel, pero este pidió no responder. “Disculpa, agradezco tu interés, pero por razones de seguridad no puedo dar declaraciones, se puso cabrona la situación”, escribió en un mensaje.

La violencia se ha vuelto a ensañar con Sinaloa después de la extradición a Estados Unidos a principios del año del líder del cartel, el narcotraficante, Joaquín El Chapo Guzmán. En los cuatro primeros meses de 2017 se habían registrado 492 homicidios, una cifra que analistas de la zona ya dan por duplicada. El aumento de la violencia ha ido acompañado con un recrudecimiento de las formas en que se mata. Hace un mes, cuando el narco arrojó desde una avioneta un cuerpo en Sinaloa, Javier Valdez analizaba en este periódico el aumento de la sinrazón del crimen organizado. El periodista consideraba que la escalada de violencia ha alcanzado niveles similares a los de 2008, cuando los Beltrán Leyva, la familia de Guzmán y El Mayo Zambada, se disputaban el poder. “Tenemos una generación más violenta de narcos. Ya no basta con matar, hay que mostrar el cuerpo”, aseguraba Valdez, que lamentaba también cómo la atmósfera en Sinaloa era diferente: “Todo es confuso, la paranoia, el no salir de casa, la ausencia de autoridad por complicidad u omisión… La única diferencia es que ahora la violencia se ha desplazado a las zonas rurales de Culiacán, no a la propia ciudad como entonces, cuando se convirtió en una morgue”, aseguraba

Fundador del semanario Ríodoce, corresponsal del diario La Jornada, Valdez fue autor de varios libros sobre narcotráfico, como Miss Narco, Huérfanos del narco o Malayerba, nombre también de su columna en el semanario, la última de las cuales tuiteó la misma mañana de su asesinato. En 2011, el Comité para la Protección de Periodistas le otorgó el Premio Internacional de la Libertad de Prensa por su trabajo. El discurso que leyó retumba hoy con más fuerza: “En Culiacán, Sinaloa, es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos que están en el narcotráfico y en el Gobierno (..) Uno debe cuidarse de todo y de todos”.

http://www.youtube.com/watch?v=Ib1EUM3xAQY

http://www.youtube.com/watch?v=6vPcKPPoD5s

http://www.bbc.com/ / http://elpais.com/