“Mi soledad es tan grande como mi actual ansiedad

de ver por fin volar las palomas hacia sus nidos

y los cantos de los niños cuando venga Navidad”.

(Carlos González “Quique”)

Estamos en el acabo de año, los augurios que muchas personas se habían forjado con el cabalístico número 2020 del año en curso, se esfumaron día a día, semana a semana y mes a mes hasta que nos encontramos en la puerta de salida del final de año, a pocos instantes de celebrar lo mejor posible las fiestas navideñas bajo los fúnebres resultados que ocasionó la pandemia del Covid19 en todo el mundo.

Para celebrar tan solo nos queda la Navidad y vale la pena preguntarse.

¿Qué importancia le atribuimos a las fiestas navideñas considerando las desgracias que cayeron sobre innumerables hogares en todo el mundo?

¿La celebración se vivirá con la misma alegría de los años pasados o la tristeza que enluta a miles de hogares nos sumirá en la depresión y el desespero?

¿Acaso es importante preguntarse ahora quiénes y con qué autoridad acordaron y decidieron fijar la fecha del 25 de diciembre para celebrar la Navidad o natalicio de  Jesús y establecer la fecha de su nacimiento como inicio de la era cristiana bajo cuya calendarización hacemos la celebración?

La Iglesia Católica en nuestro medio se prodiga cada año preparando esta fiesta religiosa como manifestación más bien pagana de una creencia cristiana donde no todos los habitantes pueden celebrar de igual manera, porque la gran mayoría de la población vive en condiciones de miseria e incluso de aquellos otros que sufren la represión bajo gobiernos totalitarios.

“Mi soledad es tan grande como mi actual ansiedad

de ver por fin volar las palomas hacia sus nidos

y los cantos de los niños cuando venga Navidad”.

Escribió uno de los miles de presos políticos en esos fatídicos años chilenos bajo la dictadura del genocida Pinochet. El poeta nos describió su soledad, su anhelo de libertad, de volver al nido, a casa y bajo la conmovedora imagen de “los cantos de los niños cuando venga Navidad“, sentirse niño otra vez, cuando no existía esa tiranía brutal que se apoderó de la libertad de los chilenos.

La Navidad aparece rodeada por una aureola libertaria en los versos del poeta donde los regalos no son lo más importante, sino el canto, la ingenua alegría de los niños “cuando venga Navidad”. Los niños como el eje motor de la fiesta navideña cuyo leit motiv es el nacimiento hace veinte siglos del niño Jesús.

Pero vale preguntarse el por qué un niño recién nacido sea objeto de tantos reconocimientos y respeto durante tantos años. Para obtener una respuesta quizá habría que remontarse 8 siglos antes del nacimiento cuando Isaías profetizó el nacimiento del Mesías: “Una rama saldrá del tronco de Jesé, un brote surgirá de sus raíces” (Isaías 11) refiriéndose a la dinastía o árbol genealógico de David. El profeta Miqueas, que fue contemporáneo y discípulo de Isaías, ubica geográficamente el nacimiento del Mecías en Belén de Judá (Miqueas 5.1). Pasaron 8 siglos desde tales profecías hasta que se cumple cuando nace en Belén un niño llamado Jesús, quien sería el presunto Rey de los Judíos. Los judíos de esa época esperaban la llegada de este Mecías, lo visualizaban como un Rey con la fuerza y el poder que tuvo el antiguo Rey David para que pudiera combatir y los condujera a liberarse de la dominación del Imperio Romano. Está demás decirles que jamás lograron tal propósito, sin embargo el día 27 de febrero del año 380 el Emperador Teodosio emitió el decreto que convertía al cristianismo en la religión exclusiva del imperio.

Apareció, pues, la Iglesia católica, apostólica y romana.

Pero usted no se agüite, ni achicopale, celebre o trate de hacerlo como lo hemos acostumbrado desde hace tantísimos años, con alegría por el momento de estar juntos, tratando de superar la tristeza al recordar las ausencias, lo principal es que podamos ver como las palomas vuelan a sus nidos y que logremos disfrutar los cantos de los niños cuando venga Navidad.

Por lo pronto Feliz Navidad para todas y todos y que el siguiente año salgamos de este pantano en que nos tienen sumidos las enfermedades.

De nada y hasta siempre queridas amigas y amigos.

  Rolando GONZÁLEZ ALTAMIRANO