Qué fácil resulta echarle la culpa al pueblo de que las cosas no resulten o que se salgan de madres.

Para Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), el pueblo es quien entendió mal la extendida máxima de que “la voz del pueblo es la voz de Dios”, en otras palabras, que Dios se explica en la voz del pueblo, que la multitud sea la regla de la verdad y que todos los desaciertos del vulgo se veneren como inspiraciones del Cielo.

Si examinamos atentamente la mencionada máxima bajo la perspectiva del padre Feijoo, podemos concluir que la voz del pueblo no es la voz de Dios, sino que la voz del Pueblo es la voz de la ignorancia.

Sin embargo, digamos en descargo del pueblo que la suya es una ignorancia promovida y aprovechada por aquellos que detentan el poder y que se expresan a través de sus muy bien diseñadas campañas de propaganda.

El pueblo entendió mal, pretendía explicar Feijoo al referirse a todas las persecuciones que por motivos ideológico-religiosos promovió la Iglesia Católica en los siglos 17 y 18, porque era el pueblo quien parecía promover, impulsar y disfrutar de los terroríficos espectáculos de torturas y ejecuciones públicas que montaban los fiscales católicos. Lo que no logra explicar nuestro hipercrítico Feijoo es que en 1633 – casi un siglo antes que él criticara la ignorancia de la plebe y la culpara de los desaciertos y excesos que se cometían en nombre de Dios – el Papa Urbano VIII había fundado la Congregatio de Propaganda FIDE, conocida también por “La Congregación de Propaganda”, o simplemente “La Propaganda”, un comité de cardenales que tenía y sigue teniendo a su cargo las misiones propagandísticas de la Iglesia católica en todo el mundo.

4176113247 ff687b9555 oBenito Jerónimo Feijoo (1676-1764)

En este sentido Feijoo es una especie de ideólogo de la propaganda eclesiástica lo que deja claramente establecido en la siguiente opinión:

“Es el pueblo un instrumento de varias voces que, si no por un rarísimo acaso, jamás se pondrán por sí mismas en el debido tono, hasta que alguna mano sabia las temple”.[1]

Desde aquella época hasta nuestros días no ha faltado jamás la sabia mano que temple la voz del pueblo y lo convierta en dócil designio de sus intereses. Esta sabia mano siempre ha sido la mano de los poderosos quienes poseen el monopolio de los medios de comunicación.

El pueblo hoy más que nunca en la historia de la propaganda se encuentra sometido a un constante bombardeo de imágenes sonoras, visuales, olfativas, táctiles y hasta gustativas, así como de un interminable desfile de argumentos retóricos que buscan persuadirlo en todo cuanto su mundo le ofrece en perspectiva. A tal punto ha permeado a la opinión pública la propaganda que la voz del pueblo ha sido reemplazada casi en su totalidad por las opiniones construidas por las principales industrias de fabricantes de mensajes de acuerdo a las decisión de sus propietarios que son, por regla general, los que detentan la riqueza en el mundo.

Para ejemplo piensen en lo siguiente: de repente aparece en todos los medios de comunicación un individuo muy poderoso que es acusado de violador. Casi de inmediato, los mismos medios nos dicen que fue emboscado, que le tendieron una trampa o algo así. Prosiguen los mismos medios dando a entender que el problema es político porque el supuesto violador podría ser candidato a un cargo muy importante en su país de origen.

¿Cómo la ven por ahí?

Lo peor de todo es que todos nos encontramos discutiendo y formulando hipótesis sobre la supuesta noticia que maldita sea la importancia que pudiera significar para nuestro entorno rutinario. Creo que de inmediato debemos preguntarnos: ¿Nos compete o no nos compete la mentada noticia?

Y teniendo muy claro que no nos compete en lo absoluto la tal noticia, ahí nos traencomo imbéciles repitiendo como eco todo aquello que los medios de comunicación, prácticamente, nos obligand a repetir.

Ni siquiera los principales individuos que se nos aparecen en los medios regenteando odiosas guerras, como Trump y Putin, pueden presumir su calidad de personas, simplemente son personajes y, en tanto tales, pueden ser sustituidos en cualquier momento por otros individuos que cumplirán de igual manera los propósitos bélicos y comerciales de los dueños del capital que nos oprime, nos humilla y nos despersonifica.

¿Qué les quiero decir?

Simplemente que desde ese fatídico año 1633 en que el señor Maffeo Barberini, más conocido como Papa Urbano VIII fundara la Propaganda cada día nos es más difícil saber si lo que estamos pensando y repitiendo en nuestras conversaciones rutinarias se forjaron en nuestro propio cerebro o son ideas que no nos pertenecen y que ni siquiera forman parte de nuestro bagaje creativo.

Por lo tanto, antes de hablar, pensemos dos veces lo que estamos repitiendo para no quedar como simples repetidores de lo que los medios de comunicación en uso de la PROPAGANDA nos obligan a opinar.

¿Qué fácil, verdad amigas y amigos? Es un simple ejercicio de conquistar nuestra calidad de persona que estamos perdiendo a pasos acelerados.

De nada y hasta siempre.

 Por Rolando GONZÁLEZ ALTAMIRANO

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[1] Medina, Alberto. “Espejo de Sombras, Sujeto y multitud en la España del S.XVIII.Ed. Marcial Pons Historia”. 2009. Pp.70-72.