Jamás supimos su verdadero nombre. Lo conocíamos por el sobrenombre de “Pat’e trapo” que le había puesto el abuelo, porque traía sus pies prolijamente envueltos en una venda sucia, del color de la tierra que pisaba.

De edad indefinida, flaco hasta la exageración, encorvado, caminaba con extrema delicadeza, como si pisara huevos. Cada paso le ocasionaba profundos dolores que se reflejaban en su rostro afilado, moreno, de un tono amoratado. Profundas ojeras rodeaban sus pequeños ojos, como de pájaro. La abuela no lo quería, apenas lo veía, reclamaba airadamente.

“Míralo, ahí viene este viejo molestoso… y se aparece justo en la hora del almuerzo. Dice que le duelen mucho las patas, pero cuando come se terminan todos sus dolores, hasta se carcajea. ¡Sus dolores son puro teatro, viejo!”

“¿Quién no está alegre cuando le matan el hambre, vieja?” Respondía el abuelo.

“Es que apenas alcanza la comida para nosotros y nunca faltan tus invitados, al estilo del Pat’e trapo.”

“No es cierto, abuela, no exagere. El Pat’e trapo es casi el único que nos acompaña a comer y solo de vez en cuando. Pobrecito. Sírvele comida. Además, todos sabe que donde comen seis comen siete, y donde comen siete pueden comer ocho y más, abuela.”

Esa reflexión del abuelo tenía la virtud de apagar los reclamos de la abuela que se trasladaba a la cocina para echarle un poco más de agua a la olla.

El Pat’e trapo era profundamente religioso, adicto a una secta religiosa protestante hablaba y hablaba de la biblia con el abuelo que lo escuchaba con atención mientras, entre vaso y vaso de vino tinto, atendía su trabajo de zapatero sin discutir los preceptos religiosos de su amigo, aunque como buen zapatero era anarquista, y como anarquista, ateo.

“Te vas a condenar si no crees en Dios, Juanito.” Terminaba el Pat’e trapo dando por concluidos sus intentos de evangelización.

“Sálvate tú, Pat’e trapo, y cuando estés allá arriba me tiras una soga para ayudarme a subir.”

“No te rías amigo, que es pecado reírse de las cosas de Dios.”

La conversación, si así se le podía llamar a la reunión de los amigos, ya que el Pat’e trapo era el único que hablaba, duraba toda la tarde hasta que oscurecía. A esa hora el abuelo encendía una vela para seguir trabajando y el Pat’e trapo salía arrastrando lentamente el sufrimiento de sus pies.

Un día se presentó en la casa más tarde que de costumbre. Todos habían comido.

“¿Quieres comer, Pat’e trapo?” Le ofreció el abuelo, ante el disgusto de la abuela, porque la comida se había terminado.

“No gracias, Juanito. Estoy en ayuno porque debo enfrentar a un emisario de Satanás que llegó a a la ciudad.”

“¿Y quién es ese emisario de Satanás al que tienes que enfrentar, se puede saber?”

“Es un hipnotizador, Juanito. De esos que engañan a la gente. Los duermen para robarles el alma y llevársela al Diablo. Esta tarde me enfrentaré en duelo con ese maldito. Vengo a invitarte para que me apoyes con tu presencia, porque se necesita un hombre bueno como tú. Yo sé que, aunque no creas en Dios, por dentro eres más creyente que muchas personas que conozco.

Estoy seguro que tú me puedes respaldar con la fuerza de tu mente en mi lucha contra Satanás.”

Más divertido que convencido el abuelo decidió acompañarlo, aunque aclaró que era para evitar  que su amigo se metiera en un lío.

“Luego vengo m’hija. Voy al teatro con el Pat’e trapo.”

“Que te vaya bien, viejo. Cuídate.”

El supuesto mago o hipnotizador se presentaba en un teatro del centro de la ciudad. Desde la casa vimos a los amigos que bajaban lentamente por el cerro. El abuelo caminaba al ritmo del Pat’e trapo. Al llegar al centro se dirigieron a la plaza para tomar un descanso. Media hora después ingresaron al teatro, sentados al centro de la séptima fila esperaron que se presentara en el escenario el supuesto Satanás. Un viejo chico encorbatado, engominado y presumido se encargó de presentarlo:

“La Empresa Artes y Espectáculos Sociedad Anónima ha traído ante ustedes al Gran Kalil para que nos demuestre sus profundos conocimientos sobre las ciencias ocultas, el hipnotismo y otras ciencias que estudió en las lejanas y misteriosas tierras de la India.”

Después de un largo y aburrido discurso donde mencionó todos los lugares del mundo que el Gran Kalil había recorrido con su espectáculo, apareció el anunciado mago.

El Pat’e trapo, mientras tanto, con los ojos cerrados y las manos en actitud de oración, rezaba silenciosamente. El abuelo no le quitaba la vista de encima.

Cuando el Gran Kalil irrumpió en el escenario el Pat’e trapo abrió los ojos. Sin pestañear, se concentró en la figura envuelta en una capa negra con bordes dorados y su cabeza coronada con un turbante amarillo que lucía en el frente una gran piedra roja. Una barba negra, rizada y tupida cubría gran parte de su cara. Las pobladas cejas hacían resaltar la negrura de sus pupilas. El Gran Kalil miró fijamente a los espectadores. Un estremecimiento de expectación recorrió al público. El abuelo, impresionado, se arrellanó en el asiento.

El Pat’e trapo, por su parte, concentró fieramente su vista sobre la rechoncha figura del mago mientras elevaba sus preces en un murmullo incomprensible. El mago fue mirando uno a uno a los presentes. Al detenerse en un rostro le hacía bajar la vista, pero cuando puso la vista sobre el Pat’e trapo, éste le sostuvo impertérrito la mirada, aunque el Mago no pareció notarlo. Terminada la inspección el Gran Kalil anunció con voz gruesa y potente que iniciaría su función con un acto de hipnotismo. Inmediatamente solicitó la presencia de un voluntario o voluntaria para iniciar el acto. En una acción, evidentemente preparada, se levantó histriónicamente una rubia despampanante, pero antes que subiera al escenario, donde el mago ya tenía extendida su mano, en muda invitación para recibirla, el Pat’e Trapo, con una velocidad inimaginable, corrió y se trepó al escenario.

“¡Hipnotízame a mí, a ver si puedes, Satanás!” Gritó.

Con evidente confusión el mago alcanzó a decir.

“¡No! ¡No señor! Ya tenemos a la señorita como voluntaria. ¡Bájenlo, por favor!” Gritó el mago a sus ayudantes que se acercaron velozmente. Agarraron de los brazos al Pat’e trapo y lo alzaron en vilo con la intención de bajarlo. Éste se revolvió con tal ferocidad que se vieron obligados a soltarlo.

El abuelo, mientras tanto de pie y a voz en cuello empezó a gritar.

¡QUE LO HIPNOTICE! ¡QUE LO HIPNOTICE!

El público entusiasmado, igualmente de pie, empezó a corear el grito del abuelo.

¡QUE LO HIPNOTICEEE! ¡QUE LO HIPNOTICEEE!

El mago, asustado, con la supuesta voluntaria, que también se había subido al escenario y se encontraba muy pegada a él. gesticulando torpemente intentaba hablar, pero los gritos del público que insistía en pedir que hipnotizara al Pat’e trapo no lo dejaban.

El abuelo, recordando sus tiempos de lucha política gritó:

¡TRAMPOSO! ¡EL MAGO ES UN TRAMPOSO! El público se remolineó pidiendo que les devolvieran la plata de las entradas. El Gran Kalil, levantó los brazos y pidió que lo escucharan.

¡Está bien! ¡Está bien! Hipnotizaré a este tipo para que vean. ¡Silencio por favor!

Todos de pie, pero no convencidos, esperaron. El Mago se acercó al Pat’e Trapo. Le tomó la cara entre sus manos mirándolo con fijeza le dijo en un murmullo.

“¡Te voy a matar si no te quedai dormido viejo’e mierda!”

El Pat’etrapo soltó la risa.

“¡Jajajaja! Y yo pensé tontamente que eras Satanás, pero resulta que eres solo un pobre infeliz, sinvergüenza y tonto!”

Dando media vuelta, se bajó del escenario y junto con su amigo se dirigieron a la salida, el teatro, en tanto, se sacudía con los gritos del público que exigían la devolución de su dinero.

En los días siguientes en toda la ciudad celebraban a carcajadas la aventura del Pat’e trapo con el tramposo Mago Kalil.

Pero ustedes no se extrañen, los pillos del estilo del Mago Kalil siguen haciendo de las suyas, ahora metidos en los espectáculos teatrales-electorales, lamentablemente no siempre existe algún Pat’e trapo que los ponga en evidencia, por lo pronto amigas y amigos que se diviertan, solo los “tontos graves” se toman en serio la vida cuando es mucho más sano reírse de ella. ¿O no?

De nada y hasta siempre amigas y amigos.