¡Ah qué coraje me traigo, qué bárbaro! Lo suficiente para romper con el compromiso personal de no escribir al respecto, pero ahí les voy mis amigos, esto es sobre el comportamiento de algunos guardianes del orden, aquellos que con uniforme hacen lo que les place, porque pueden, porque se les da la oportunidad de hacerlo.

Por terminar el mes de mayo una señora que conozco se trasladaba en su automóvil por un boulevard de la ciudad, siempre con una precaución muy particular, avanzaba por su carril, llegó a un crucero, que también tiene boulevard, hizo el alto que se requiere y más porque esos lugares tienen tope que obliga a hacerlo, avanza, pero de repente se le atraviesa un policía en motocicleta, imagine usted, quiere dar vuelta en «U» sin poder hacerlo porque hay otros automóviles circulando por las calles. Sin poder evitarlo, el auto se impacta en la moto, mientras el agente policiaco cae al suelo, por fortuna sin mucha consecuencia; aunque para ese momento, en el que se para por completo quien conducía, no tenía datos concretos ni muy alentadores.

Al momento de darse cuenta que era un accidente, trata de estacionarse a la orilla del boulevard, pero un detalle le impedía hacer todo los trámites, el pequeño hijo de poco más de un año; personas cercanas al lugar, de un negocio le ayudaron con el peque, mientras que se comunicaba con su esposo para convenir la solución de ese problema. Llega el agente policiaco de apenas 22 años, se levanta del suelo sacudiéndose la tierra del pantalón, justo en ese momento le dice a la señora, «descuide, esto fue un accidente» y agregaba que había sido su culpa y que no se preocupara.

En unos momentos, no se sabe cómo y por dónde llegaron un mundo de policías a ayudar a su cuate; antes de eso un agente de tránsito ya había platicado con ambos y se llegó a la conclusión de que quien conducía el auto no era culpable del accidente; pero se fue éste, llegó otro, que a su vez implementó otra teoría respecto a cómo ocurrieron los hechos, el mismo policía que se había, de cierta forma, declarado culpable del accidente, cambió su versión. Se presume que le dieron una información y esta era que si no se defendía, iba a pagar la motocicleta, que se declaraba como pérdida total.

No terminaron ahí las cosas. El automóvil está a nombre del esposo de la señora, fue él quien tuvo que ir a presentarse a la «justicia» para que resulte que siempre es el seguro del auto quien pagará por la motocicleta, porque el tipo «se rajó». Pero son los que nos deben cuidar, son en los que debemos voltear a ver cuando nos agreden.

Las cosas están así señores. De verdad les digo, hay ocasiones en que veo a los policías y me causa un poco de compasión, porque con los que se animan a golpearlos, ni las manos meten, pero con estas personas a las que no van a defender ni por aquí, ni por allá, ahí si se ensañan.

Quieren que haya profesionalismo, en todo, pero no quieren pagar por sus errores; al menos este policía, que ya había declarado que él era culpable por el accidente, cambió su versión porque seguramente pagaría por ese objeto que quedó inservible después de que se atravesó a una persona que conduce como debe, como se debe.

Ahí les dejo, para la reflexión, yo no quería seguir en este tono, pero no hay de otra. Me tiene muy molesto esta acción de los policías. Los que deben cuidarnos. Mire usted.

Javier Salazar Rodríguez