De la interpretación que el pueblo da de las declaraciones del padre Manuel, independientemente de nuestro nivel de espiritualidad, de educación, de nuestro nivel académico, de nuestro estatus moral, de nuestra inclinación política, de nuestra calidad humana, y de nuestros intereses privados, podrá estar dependiendo el respeto por la vida de aquellos que pecan por ser y pensar diferente. No hay mal que por bien no venga.

Para El Pacífico, un país donde la educación desangra los estratos medios, a manos de mercaderes de la Iglesia, y pedagogos sin escrúpulos, <institutos, colegios y universidades donde se forma la moral de un pueblo, clase dirigente encargada de conservarla>, estas acusaciones en boca de un prelado egresado de una de ellas, se salen de todo denominador común, y ponen en entre dicho todo valor ético y religioso de aquellos que se jactan de poseerlos. Esto confirmaría las escrituras: “Desconfiad más de ellos, que del propio demonio”.

De esta interpretación también podría estar dependiendo el orden público durante el calvario que le espera al nuevo gabinete, a pesar de contar con las mayorías en el parlamento para aprobar los proyectos de los que se sospecha, garantizarían la impunidad de los que gozan de inmunidad.

Para las capacidades que la voluntad de nuestros legisladores derrota, una cosa parece clara, no estará a su alcance aliviar el dolor, y mitigar el odio que el arraigo a las políticas de producción agraria, y mineras tradicionales, sigue cosechando en el alma de los desaventurados.

Es evidente que hacer de ellos hombres visionarios, no está incluido en sus programas de formación académica y profesional, también está más que probado que es imposible comprar con las limosnas de las regalías aportadas por las multinacionales, las conciencias de nuestros líderes sociales, ambientalistas y defensores de los derechos humanos, y el bienestar de los pobladores de las tierras devastadas.

No deja de ser vergonzoso que un pueblo sin acceso a una educación pública de calidad, independiente de todo dogma y de toda doctrina, elija legisladores, jueces y gobernantes defensores, socios y cómplices de los especuladores de los carteles de la educación. La oscuridad de los terrenos que el saber debe recorrer es tal, que su especialidad es hacer de pichones invidentes, habilidosas aves rapaces de guante blanco, que con sus garras sepan con destreza, devorar sin desplumar sus presas, y con tan solo las vísceras, recuperar la altísima inversión hecha, durante sus años de supervivencia financiera, en los entes educativos.

Después de escuchar las angustiosas palabras del reverendo clamando justicia ante el parlamento, la mente de los ilustrísimos allá reunidos en tan sagrado recinto, se nubla como señal de castigo, las llamas de las tinieblas incendian la espesa selva, arpías y ratas agazapadas, condenadas al destierro huyen atemorizadas, intentando poner a salvo el camino a la tierra prometida.

¿Cuántos años más vamos a tener que soportar que sean nuestros líderes sociales sobrevivientes, los condenados a buscar refugio en el extranjero? ¿Hasta cuándo pensar diferente sin tomar las armas, ni ser protegidos por los ejércitos de Dios, será siendo una sentencia de muerte?

“Quienes de las guerras santas saquen provecho, con creces serán recompensados, y por sus actos, perdonados”. Apostólides

Obra inédita en construcción: Amos de las Tinieblas, y apartes de artículos con miras a los concursos de literatura y periodismo, Ortega y Gasset y Gabriel García Márquez, categorías: ficción, innovación y libre.

Carlos Adolfo Rodríguez Escobar

Publicado por Editorial Rove, Argentina, y Revista Hebdo Latino, Suiza.