En este domingo 12 de febrero, los suizos fueron llamados una vez más a las urnas para pronunciarse sobre tres temas federales que van más allá del marco de la Confederación.

El primer sujeto es la reforma fiscal llamada RIE III. Bajo presión de la Unión Europa, Suiza debe realizar una reforma que acabe con los privilegios dados a las multinacionales establecidas en el territorio helvético.

El Consejo federal había preparado un proyecto que el Parlamento, dominado por los partidos de derecha – principalmente el Partido radical-liberal (PLR) y la Unión Democrática de Centro (UDC),  partido que se sitúa a la extrema derecha del panorama político- deturpó completamente concediendo un sin números de privilegios a las multinacionales.

Con la arrogancia y la prepotencia de costumbre, los partidos de derecha construiron un edificio fiscal que trataron de imponer, a pesar de las pérdidas fiscales que sufrirían los cantones y las ciudades, con el argumento de que hay que mantener de cualquier manera las multinacionales en suelo suizo. Como siempre usaron la amenaza, el miedo y la mentira para convencer a la gente que era el único medio, la única forma de mantener la prosperidad del país y no perder empleos.

Si, que habría pérdidas fiscales en un comienzo, pero que se recuperarían con el tiempo y con la llegada de nuevas multinacionales al país.

En otros países, en donde no existe la democracia directa, este proyecto habría pasado sin ninguna consulta a los ciudadanos, impuesto por la clase política. Aquí, en Suiza, único país a gozar de este sistema, los ciudadanos son directamente implicados en las decisiones del Estado, y este es fiscalizado por el voto popular. El “Pueblo Soberano” en Suiza es una realidad palpable, que permite delimitar los abusos de la clase política. Como en este caso que el pueblo votó a 60% contra la RIE III, configurando una ruptura clara y dramática entre la Suiza oficial de un lado, aquella que regenta, que decide, que propone, y el pueblo.

Una derrota de la derecha, que no gobierna buscando el bien estar general, pero únicamente buscando satisfacer sus interese particulares.

La derecha no gobierna por el bien del país, gobierna por el bien de la economía, aunque esto signifique imponer sacrificios a la población, únicamente para que la economía pueda aumentar sus beneficios y su poder político para imponer sus tesis.

Es la derrota de un comportamiento que define los partidos de derecha en general, que colocan las necesidad de las personas y de la población en segundo plano, privilegiando las necesidad del capital, de la optimización de los beneficios y de la manutención de los privilegios de una minoría que consideran el país y sus riquezas como propiedad particular.

En Suiza existe la democracia directa que le permite al pueblo luchar por sus intereses y frenar la arrogancia y los extremos de una derecha egoísta, dinerista y ombligista.

Lamentablemente los otros países del planeta no poseen este enorme privilegio político, y sufren con las políticas de los partidos derechistas, que son capaces de destruir un país para servir sus intereses como sucede en Grecia, España y Portugal. Y como está sucediendo en Brasil, en que un grupo de criminales se apodero del Estado y está imponiendo un política ultra liberal que está destruyendo los avanzos sociales que tan duramente había conseguido la sociedad brasilera, están entregando las riquezas del país al extranjero y se han convertido en el mayor ejemplo de corrupción del mundo, con el escándalo de la Odebrecht  , que se ha descubierto tiene tentáculos en toda América Latina.

Extranjeros de tercera generación

El segundo tema de gran importancia de estas elecciones, es la situación de los extranjeros de la tercera generación.

En Suiza no existe el derecho de suelo. Es decir que quien nace en Suiza no es automáticamente suizo. Aquí la nacionalidad se transmite por el derecho de sangre (jus sanguinis). Un extranjero para tener la nacionalidad suiza debe satisfacer una serie de requisitos draconianos, y en algunos Cantones, es la comunidad que decide y el elemento principal es la integración, palabra que en tierras helvéticas tiene un inmenso significado, porque en este país el respeto a los valores, la cultura y las instituciones es fundamental.

La tercera generación son los extranjeros nacidos en Suiza, cuyos padres también nacieron aquí, y que todavía no se han nacionalizados.

Esta decisión no indica que los “terceros” tendrán la nacionalidad automáticamente, pero que tendrán un proceso “facilitado”, es decir, un trámite más corto (dos años) y menos caro que los extranjeros recién llegados.

Esta victoria de los emigrantes de la tercera generación, en un país en que la mayoría de la población tiene un miembro de su familia que viene de “afuera” es la victoria de la tolerancia, de la abertura y se opone a la xenofobia, al populismo y a los argumentos simplistas y extremistas de la UDC, partido autoproclamado como depositario único de la voluntad del pueblo, defensor de los valores patrios de la Suiza, que sueña en construir un muro alrededor de la Confederación para aislar el país, que se encuentra en el centro geográfico de Europa, de todos sus vecinos y del mundo en general, para preservar una Suiza utópica, alpina, encarnada pelo mito de Heidi y de Guillermo Tell.

La UDC, partido de extrema derecha que envenena la vida política suiza con sus argumentos limitados, por su falta de reflexión, por la utilización del chantaje, del miedo y de la intimidación para convencer a los ciudadanos que son los únicos que pueden salvar la forma de vida Helvética. Utilizando la mentira como arma política, para atacar el referéndum sobre la tercera generación utilizó un afiche infame en donde aparece un mujer con burka, como una advertencia a la islamización galopante de la Suiza, imagen que no corresponde en absoluto a la realidad, ya que la inmensa mayoría de los “Terceros” son hijos de emigrantes italianos, españoles, portugueses, alemanes y franceses que han ayudado a construir este país.

8295968.imageCon este voto, la población le ha mandado un mensaje a la UDC, que extrapoló los límites con su discurso de odio, xenófobo y parcial.

Los Suizos deben sentirse orgullosos de tener un sistema político en donde la voluntad popular es presente y respetada, y en donde los políticos no pueden decidir libremente sin pasar por la consulta popular.

Pueblo soberano, concepto que en nuestros países de América Latina deveríamos aplicar con más audacia para evitar que una clase política parcial, corrupta y ciega se imponga e imponga sus tesis mismo contra los intereses de la población, que impotente no tiene como defenderse, solamente saliendo a la calle y sufriendo la represión que los propios Estados ejercen contra sus pueblos. Ningún Estado puede, ni debe, gobernar en contra sus propios pueblos.

La política no es una profesión …, ¡es un servicio público!

Alfonso Vásquez Unternahrer