Menos de 48 horas después de su regreso a Haití, Jean-Claude Duvalier ha sido acusado por la justicia haitiana. Pero a pesar de la acusación oficial, el antiguo dictador, exiliado desde hace 25 años, salió libre del tribunal, esperando que la justicia organice su proceso.

 

Duvalier fue acusado de corrupción, de desvío de fondos públicos y de asociación criminal, crímenes cometidos bajo su presidencia de 1971 a 1986, declaró uno de sus abogados, Gervais Charles.  Está libre, pero a disposición de la justicia. Pero, curiosamente “no está prohibido de dejar el país”, aclaró ayer el otro abogado de Duvalier,  Raynold Georges.

El ex-dictador salió del tribunal sin esposas, acompañado de su mujer, Véronique Roy, de donde se dirigieron hacia el hotel en donde residen actualmente.

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Aparte de la acusación de fraude y de corrupción, Duvalier es acusado por organizaciones internacionales de defensa de los derechos humanos, por la muerte de miles de militantes de la oposición bajo su presidencia.

Michéle Montas, antigua portavoz del Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, y que cuyo difunto marido, el periodista Jean Dominique, había sido amenazado y después exiliado bajo el régimen Duvalier, indicó que haría una denuncia delante de la justicia en los próximos días. La denuncia se hará sobre “la destrucción de Radio Haití, sobre la detención, tortura y exilio forzado, del cual yo he sido victima, así como muchos de nuestros periodistas el 28 de noviembre de 1980”, explica.

En términos de dinero, Suiza prevé devolver al pueblo Haitiano 5,7 millones de dólares guardados en los bancos del país. La familia Duvalier, ha intentado durante años oponerse a esta restitución.

Duvalier no ha parado de repetir desde su llegada, que el único motivo de su presencia en la isla es “para ayudar” a los haitianos después del terrible terremoto. Curioso que haya esperado un año para tomar la decisión, y que haya llegado justo en medio de una crisis política, después de dos meses de una elección presidencial cuyos resultados todavía no han sido oficialmente proclamados.

En este contexto, la presencia de Duvalier sólo complica las cosas, según Philip Crowley, portavoz de la embajada americana.

Otro ex-presidente haitiano, Jean-.Bertrand Aristide, exilado en África del Sur después de un golpe de estado en 2004, intentó obtener un pasaporte de las autoridades de su país para poder regresar, pero su pedido fue negado, afirmó el martes un abogado de Miami que sigue el caso.

Es obvio que estos siniestros personajes han visto una oportunidad de recuperar parcelas de poder perdido, y una forma de retornar a la política en Haití. Si Duvalier no estuviera seguro que podría aprovechar el caos actual que existe en la isla para poder reestablecer su influencia, nunca habría abandonado su exilio dorado en el sur de Francia. Y sería ingenuo pensar que volvió solo, sin el apoyo de personas que piensan aprovecharse de la situación para explotar al máximo la miseria de un pueblo que ya está exhausto de tanto sufrir. El sentido común dicta la obligación de dar una señal clara y firme a estos dictadores de opereta, que nadie puede cometer semejantes crímenes y quedar impune. Mostrarle que cometió un grave error volviendo a Haití. Juzgarlo y condenarlo a pasar el resto de su existencia en la cárcel por todo el sufrimiento que causó a su pueblo.