El Brasil de hoy es como un cuerpo golpeado por una metástasis terminal. El cáncer del racismo, de la ignorancia, del individualismo, del egoísmo, del fanatismo, del fundamentalismo, del extremismo político… se han apoderado del país.

El estado de metástasis es una evidencia. Por eso se impone la pregunta, ¿qué futuro para Brasil?

Política externa

Bolsonaro está aislado internacionalmente. La carta que el presidente del senado americano mandó al gobierno brasilero es lapidaria. Termina con cualquiera esperanza del gobierno Bolsonaro de continuar con la política adoptada en la era Trump, que se reposaba principalmente en la idea de que Trump era una enviado de Dios para salvar el occidente cristiano. El enviado de Dios fue despedido y el gobierno brasilero se quedó sin el único aliado con el que podía contar, por lo menos en lo que toca a lo ideológico porque el gobierno de Trump nunca le dio la mínima importancia al gobierno Bolsonaro, insignificante para quien se consideraba el emperador del mundo.

La permanencia de Araujo como ministro de Relaciones Exteriores es simplemente la incapacidad de reconocer el fracaso. Extremista de la primera hora, insensible a lo que es la verdadera diplomacia, ha destruido la reputación del Itamarati, reconocido en tiempos pasados como uno de los mejores en la diplomacia mundial. Hoy el Itamaraty es visto como rehén del ministro Araujo y sus teorías absurdas. Triste momento en que China se dirige a los diplomáticos brasileros a través de su ministro de Relaciones exteriores, en una declaración llena de piedad en donde manifiesta solidaridad al sufrimiento de los diplomáticos exhortándolos a tener paciencia ya que algún día Araujo tendrá que irse y el Itamaraty, tal vez, recupere su dignidad.

De la política externa, no se puede esperar nada. La unión europea suspendió las negociaciones con el Mercosur por causa de la deforestación de la Amazonia. Después de los insultos proferidos por Bolsonaro contra su mujer, Macron no tiene el mínimo interés en el gobierno brasilero. En el resto del mundo, Brasil ha hecho alianzas con los países mas reaccionarios del planeta sobre temas como los de los derechos de la mujer, de la familia, de la política de géneros, aislándose de los países occidentales y de las democracias con políticas más progresistas en esos temas.

En América Latina los vientos están cambiando. Después de Argentina y del triunfo de los Fernández es la vez de Ecuador, en donde todo indica que el candidato de la izquierda ganará el segundo turno de las elecciones presidenciales del país. Chile consiguió tirar a la basura la Constitución pinochetista y se prepara para votar una nueva poniendo fin a 30 años de dictadura indirecta. El México de AMLO (Andrés Manuel López Obrador) lidera un proceso en el cual, lentamente, América Latina vuelve a practicas mas progresistas visto el fracaso de los gobiernos conservadores y liberales. En Venezuela Maduro continua firme y Cuba siempre en pie y valiente, continua a afrontar y a resistir al demonio del norte. El aislamiento de Brasil en América Latina es total. Siendo ignorado incluso por gobiernos de derecha como el de Uruguay o Paraguay.

Brasil enmudeció a nivel internacional. No tiene más voz ni voto. Deja de ser convidado a las conferencias internacionales. Lentamente Brasil desaparece para convertirse en simplemente un nombre en el mapa.

Nacropolítica

La Nacropolítica se instaló en Brasil. País continental, que en el pasado fue considerado el “país del futuro”, admirado por sus logros sociales y económicos, llegando a ocupar la sexta posición entre las potencias mundiales, admirado por su pueblo acogedor, su creatividad, su música y su arte, hoy aparece como un país reaccionario, medieval, dominado por el fundamentalismo y el fanatismo, en donde todos aquellos que piensan diferente a la ideología impuesta por el gobierno arriesgan sus vidas. La vida da las mujeres, negros, personas LGTB+, pobres, pueblos originarios están en constante peligro.

Gobierno de odio, sustentado por los elementos mas extremistas de la sociedad, demostró en apenas dos años que no tiene rumbo, no tiene objetivos, menos todavía una visión de futuro del país. Bolsonaro improvisa constantemente, hace discursos delirantes y mientras eso la epidemia avanza cada vez más y el país se aproxima de las 250.000 muertes.

Es imposible saber cuál es realmente la estrategia de Bolsonaro. Único presidente del mundo en combatir todas las medidas conocidas para contener la epidemia. Bolsonaro concentró su discurso en la cloroquina, como remedio milagro, y en la economía. Principalmente en la economía, aunque tenga que sacrificar una parte significativa de la población, definida como “maricas” por el presidente.

Ataca gobernadores y alcaldes. Ha enfrentado los científicos y echo campaña contra la ciencia y el sentido común. Ha divulgado falsas información y echo campaña por medicamentos no comprobados científicamente. Hace hasta hoy campañas contra la vacunación y el uso de máscaras. Es difícil entender un presidente que sacrifica abiertamente sus conciudadanos en nombre de sus intereses personales, políticos y en defensa del “mercado” y del mundo financiero.

La política de Bolsonaro con respecto a la epidemia de Covid-19 ha sido criminal. Brasil esta viviendo situaciones inéditas en el mundo, como personas muriendo por falta de oxigeno en los hospitales de Manaos en consecuencia del descaso y la irresponsabilidad del gobierno. Mientras los muertos se suman Bolsonaro insulta la población para obligarlos a retomar el trabajo presencial contra todas las indicaciones de la OMS y contra todas las medidas sanitarias. El ejecutivo, que niega el verdadero impacto de la pandemia, mantiene un discurso patriarcal y machista de que hay que ser hombre para enfrentar a la muerte. Es un asesinato colectivo deliberado y planificado.

Absurdos y contradicciones

El mayor absurdo del gobierno Bolsonaro es el apoyo de los militares. Bolsonaro fue expulso del ejercito por terrorismo en 1986. Organizó atentados a la bomba para sustentar sus reivindicaciones salariales para los oficiales y la tropa.

La realidad es que las Fuerzas Armadas brasileras apoyan un terrorista y los generales tienen que pasar por la humillación de tener que obedecer un militar de grado inferior que tuvo que pasar por una corte marcial.

Es inútil hablar aquí sobre los 30 años que ejerció como diputado. Bolsonaro fue totalmente nulo, uno más de los diputados del bajo clero. De hecho, como nadie le daba importancia por causa de su mediocridad, Bolsonaro desarrollo la política de la provocación, del insulto, de la agresión y de bajezas. Fue la única forma de destacarse. Hablen mal de mí, pero hablen.

La elección de Bolsonaro fue un golpe minuciosamente preparado por los partidos más corruptos de la esfera política brasilera, el PSDB, MDB, DEM y los militares en nombre de un proyecto ultra liberal llamado de “Puente para el futuro” y se personifica en el ministro de la economía Paulo Guedes. Los otros partidos de extrema derecha como Patriotas, Nuevo, PSL solamente tuvieron una existencia después de la elección de Bolsonaro, que se eligió por el PSL, pero nunca antes contaran en la vida política del país y protagonizaron un triste espectáculo con la salida de Bolsonaro del PSL después de una profunda división provocada por intrigas comandadas por sus hijos, 01, 02, 03 (Eduardo, Flavio y Carlos Bolsonaro).

A partir de ese momento se inauguró una nueva forma de hacer política en el país, la de los apoyadores-oposición. Partidos que dicen apoyar el gobierno en el área económica pero que critican la practica política y principalmente la forma de Bolsonaro gobernar. El gobierno consiguió la proeza de crear una oposición de izquierda y de derecha en donde movimientos extremistas que participaron del golpe como el MBL (Movimiento Brasil Libre) se declaran, hoy en día, abiertamente opositores al bolsonarismo. Es la guerra entre los liberales y los fundamentalistas bolsonaristas.

La derecha dicha liberal intenta hacer una diferencia entre el gobierno y su política económica y el bolsonarismo que controla el ejecutivo y gran parte del aparato de gobierno. Demasiado Tarde.

Si es, y de echo es, una estrategia para diferenciarse del gobierno teniendo en vista las elecciones de 2022, basados en los resultados de las elecciones municipales (en donde los partidos de “centro-derecha” obtuvieron gran ventaja) esta destinada al fracaso, porque de aquí a dos años, si la dinámica continuar la misma, Brasil tendrá más de 500.000 muertos, como los USA, la economía totalmente destruida y una guerra ideológica sin limites entre facciones de derecha y de extrema derecha, bajo las miradas exhaustas e impotentes da la oposición.

El “mercado”, el mundo financiero, la famosa “ elite” comienzan a darse cuenta de que tal vez cometieron un error fatal apoyando semejante imbécil, que convocó a su alrededor lo peor de la sociedad brasilera: pastores corruptos y criminales, fundamentalistas enloquecidos que insisten que la tierra es plana y que QAnon reveló al mundo la verdadera conspiración de los pedófilos satánicos , ministros cínicos y arrogantes que destruyen la Amazonia en nombre del desarrollo, pero que en realidad es apoyo irrestricto al agronegocio que envenena la producción de alimentos comprometiendo la salud de millones de brasileros.

Es imposible saber cuanto va a durar la pesadilla que Brasil vive actualmente, tomando en cuenta la posibilidad real de la reelección de Bolsonaro. La oposición dicha de “izquierda” ha sido incapaz de formar una frente unida, de proponer una alternativa. La única salida que ven sectores de la oposición, principalmente el PT, es una futura posible candidatura de Lula que tiene casi 80 años y un largo camino antes de recuperar sus derechos políticos.

En los EEUU, uno de los factores de la elección de Biden fue el fortalecimiento del ala “izquierda” del partido Demócrata, que reveló personalidades de destaque, no solamente Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez, pero toda una nueva generación, principalmente mujeres, que trajeron un nuevo aliento a la vida política de los Estados Unidos.

En Brasil no se nota ese fenómeno. Al contrario, las nuevas generaciones o salen en exilio o son ejecutadas como Marielle Franco. Las viejas practicas de corrupción y compra de votos continúan. La mayoría de los parlamentares tienen problemas con la justicia y están más preocupados con sus intereses particulares que con el destino del país. Y esta realidad no va a cambiar tan luego.

Entonces, visto y considerando el caos en que Brasil se ha convertido, hago de nuevo la pregunta, ¿qué futuro para Brasil?

Alfonso VásquezUnternahrer