El presidente electo les ha dicho a los líderes extranjeros: “América está de vuelta”. ¿Qué significa esto? El equipo periodístico global de openDemocracy responde a la pregunta.

Más mujeres tendrán acceso a vitales servicios de salud en el Sur Global

Lydia Namubiru, Africa Editor, 50.50

Pocos días después de que asuma el cargo, se espera que Joe Biden derogue la “Ley Mordaza Global”. Esto tendrá un gran impacto en los servicios de salud de la mujer en el Sur Global – incluyendo el acceso a la anticoncepción, pruebas y terapia del VIH/SIDA, tratamiento de la tuberculosis (TB) y muchos otros servicios.

La infame Ley Mordaza Global, implementada por primera vez por la administración Reagan en 1984, prohíbe el uso de fondos del gobierno de los Estados Unidos en el extranjero para cuestiones relacionadas con el aborto. Esto significa que no pueden acceder a los fondos de los EE.UU las ONG que realizan abortos, presionan para que haya menos restricciones al aborto o incluso realizan campañas de educación pública que incluyen consejos sobre el aborto.

En un toma y daca político que dura décadas, cada presidente demócrata desde Bill Clinton ha rescindido esa ley; y cada presidente republicano la ha reimplantado. Pero la administración Trump fue mucho más allá y aumentó sustancialmente el número de líneas de financiación denegadas a los proveedores de servicios de salud a nivel mundial.

Esto ha significado, por ejemplo que, por falta de financiación de los EE.UU., los proveedores de atención sanitaria que asesoran a las mujeres que acuden a abortar a las clínicas urbanas, no hayan podido acceder a otros servicios esenciales, como la prueba del VIH, la anticoncepción o, incluso, han llegado a afectar al asesoramiento nutricional del bebé para las mujeres rurales más pobres.

Bajo Trump, 55 proveedores de atención médica mundial se negaron a cumplir estas restricciones, incluyendo la Federación Internacional de Planificación Familiar (IPPF) y Marie Stopes International (MSI). Las embajadas y otras oficinas del gobierno estadounidense en el exterior trataron de encontrar otras organizaciones capaces de proporcionar los servicios de salud, para poder financiarlas.

No siempre funcionó. El último informe de la administración Trump en el que se examina esta política dice que “en las Repúblicas de Liberia y Togo, por ejemplo, ningún otro actor que opera en esos países está preparado para aplicar la planificación familiar integrada y voluntaria mediante las unidades móviles y las clínicas fijas locales, como lo han hecho las filiales de la Federación Internacional de Planificación de la Familia (IPPF)”. También menciona las interrupciones en Etiopía, Tanzania, Malí y Madagascar.

Incluso si el gobierno de Biden retira la restricción como se esperaba, los defensores de los derechos de la salud reproductiva mundial presionarán ahora para que se revoque completamente la ley, señalando que las mujeres pobres de países como Togo, Liberia y en todo el Sur Global siguen siendo vulnerables, cuando llegue el próximo presidente republicano.

Fin del apoyo a los demagogos latinoamericanos y menos intervencionismo

Diana Cariboni, Latin America Commissioning Editor, 50.50

Francesc Badia i Dalmases, Director, democraciaAbierta

Bolsanoro ha sido un entusiasta el club de Trump durante toda su presidencia | PA Images

Biden reemplazará a un presidente que resultó ser un tremendo facilitador de autoritarismos latinoamericanos como el del brasileño Jair Bolsonaro o el del salvadoreño Nayib Bukele. El presidente electo también puede poner fin a una política de inmigración que insulta y persigue a los latinoamericanos que emigran a Estados Unidos.

Con Biden se abre una oportunidad para recuperar las relaciones entre EE.UU. y América Latina. Pero sería ir demasiado lejos anticipar ocasión como la de 2016, cuando Barack Obama y Raúl Castro se sentaron ver juntos un partido de béisbol en La Habana.

Sin embargo, la administración Biden sí que tendrá un impacto en Venezuela. Tal vez Washington no pueda hacer mucho acerca de este desastre infinito, pero poner fin al régimen de sanciones punitivas de Trump podría ser un paso en la dirección correcta.

Hay varias otras crisis en la región en este momento – incluyendo el fallido proceso de paz en Colombia – y ninguna de las organizaciones intergubernamentales de la región está teniendo éxito en abordarlas. Falta multilateralismo y falta cooperación.

Es probable que el ex vicepresidente preste menos atención a América Latina y se centre más en China; Biden fue un actor clave en la política de reorientación hacia Asia del presidente Barack Obama. Es posible que limite sus intervenciones en América Latina a la política medioambiental. Solo esto ya sería una bendición en una región muy golpeada por la crisis climática, el colapso económico que trae la Covid-19 y el consiguiente incremento exponencial de la pobreza y la desigualdad.

Un mural contra Trump en Caracas, Venezuela, en Octubre 2020. | Humberto Matheus/SIPA USA/PA Images

Esperanza para el Amazonas y sus pueblos

Manuella Libardi, Content editor, democraciaAbierta

En el debate presidencial de septiembre entre Trump y Biden, el demócrata mencionó los recientes incendios que han estado asolando el Amazonas, y prometió recaudar 20.000 millones de dólares para combatir la deforestación. Amenazó con “importantes consecuencias económicas” si Brasil no “deja de destruir la selva”.

La declaración fue percibida en Brasil como un ataque al programa pro-extractivista y anti-medioambiental del presidente Jair Bolsonaro. En respuesta, En un hilo de Twitter, Bolsonaro criticó las palabras de Biden por considerarlos “lamentables”, “desastrosas e innecesarias”, afirmando que la “soberanía” de Brasil no es “negociable”.

La posición de Biden es fruto de la creciente atención de Occidente a la crisis climática. Todas las miradas estarán puestas en Brasil y en sus políticas de protección del medio ambiente, que Bolsonaro ha socavado gravemente desde que asumió el cargo en 2019.

Bolsonaro ha dado prioridad absoluta a las relaciones entre Brasil y EE.UU., a menudo utilizando las mismas tácticas de Trump para atacar a China, el principal socio comercial de Brasil. Con Biden en la Casa Blanca, tendrá que elegir si quiere permanecer estrechamente ligado a los EE.UU., el segundo mayor socio comercial de Brasil y, en consecuencia, modera sus políticas, o se aísla. Dada la influencia histórica de los EE.UU. en los asuntos exteriores de Brasil, es probable que opte por lo primero, ni que sea a regañadientes. Esperemos que la Amazonia y sus pueblos se beneficien.

Apoyo a dictadores africanos y árabes

Walid El Houri, Editor, North Africa, West Asia

Ya sea con un demócrata o un republicano, la implicación de los Estados Unidos en el norte de África y en el oeste de Asia, ha supuesto históricamente el apoyo a déspotas ya regímenes corruptos, a la guerra y al petróleo, y ha mostrado una inequívoca alianza con Israel a expensas de los derechos de los palestinos.

Pero durante sus cuatro años en el cargo, Donald Trump llevó estas políticas a un extremo sin precedentes. Durante su mandato, los EE.UU. abandonaron el acuerdo con Irán; trasladaron la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén’ e impusieron el infame “acuerdo del siglo” – esencialmente acabando con cualquier posibilidad de un Estado palestino viable o de justicia para los palestinos. Fue una clara señal de que los Estados Unidos ya no pretenden desempeñar el papel de mediador, sino más bien servir de portavoz de las ambiciones israelíes.

Trump también fue explícito en su apoyo a los regímenes sumidos en abusos de los derechos humanos. Las guerras en Siria, Yemen, Libia e Iraq se libraron a costa de miles de vidas.

La pregunta hoy es si una presidencia de Biden simplemente añadirá una cara diplomática amable a las mismas políticas destructivas, o de verdad las cambiará. Pero no hay mucha esperanza de que esto último ocurra.

Los palestinos de todo el mundo esperan a ver qué hará la presidencia de Biden para recuperar sus derechos, aunque es poco probable que el presidente electo adopte una postura progresista a este respecto, aunque es más realista esperar el regreso a algún tipo de negociación. Pero el daño ya está hecho.

Mujeres palestinas participan en una protesta contra el “acuerdo del siglo” del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en la ciudad de Gaza, el 10 de febrero de 2020 | Picture by Majdi Fathi/NurPhoto/PA Images. All rights reserved

Lo que probablemente sí cambiará son las relaciones con Irán. Para bien o para mal, la tensa situación actual tiene como rehén el destino de millones de personas de la región. Es probable que se produzca una vuelta a la diplomacia.

La relación de la administración Biden con Irán tendrá también repercusiones con respecto a Arabia Saudita y a los Emiratos Árabes Unidos, así como en el futuro de la guerra en el Yemen. Biden podría no ser un partidario tan entusiasta como Trump de la estrategia belicista del monarca saudí en la región.

Una cosa es segura: Trump apoyó a dictadores despiadados en toda la región, a pesar de sus graves abusos de los derechos humanos, y Biden seguirá haciendo lo mismo. Pero, a diferencia de Trump, al menos hablará de democracia y de derechos humanos.

Esto puede sonar hueco, pero si algo hemos aprendido de la presidencia de Trump es que las palabras sí importan.

Sin progresos sustantivos en Rusia y Asia Central

Tom Rowley, Editor, oDR

Tanto durante la elección como después, en EE.UU. y en Rusia ha habido un consenso entre los expertos: Biden aportará “estabilidad” o “previsibilidad” a las relaciones con Rusia. También se habló de que con Trump habría un “reset” de las relaciones, pero eso nunca ocurrió. En cambio, asistimos a una dinámica algo caótica de plática amistosa y competencia directa, todo ello con el telón de fondo de las investigaciones sobre la interferencia rusa en las elecciones de 2016, que salieron a la luz pública, y el proceso de impeachment a Trump en el Senado.

Más allá de las cuestiones de procedimiento sobre el control de armas y la OTAN, la administración entrante tendrá que lidiar con cuatro grandes problemas cuando se trata del espacio post-soviético: Nagorno-Karabakh, el bloqueo pro-democracia de Bielorrusia, y las guerras en curso en Ucrania y Siria. Todas ellas son tragedias humanas por derecho propio y muchos buscan en la comunidad internacional algún tipo de liderazgo.

Tal vez sea mi escepticismo, o mi percepción de la decadencia de los Estados Unidos, pero es difícil creer que logren hacer progresos sustanciales en cuanto a sus propios objetivos en cualquiera de estos conflictos. Es cierto que Biden tiene un historial de compromiso con la situación en Rusia y, sobre todo, en Ucrania, pero se requerirá talento y absoluta determinación para superar las bajas expectativas.

Boris Johnson, aún más aislado

Caroline Molloy, Editor, openDemocracyUK

Johnson elogió a Trump por “hacer a América grande otra vez”. | Stefan Rousseau/PA Wire/PA Images

Trump coincidió con la visión de los fans del Brexit que consideran que el Reino Unido será un “puente” atlántico desregulado para los intereses de los EE.UU., libre de las protecciones a los consumidores de la Unión Europea. Pero no está clara cuál será la diferencia que la postura más pro-europea de Biden traerá a corto plazo al Reino Unido.

En términos de comercio y economía, la mirada de Biden, como la de la mayoría de sus compatriotas, se orienta más fijamente hacia el Pacífico que no hacia el Atlántico. Algunos han planteado que tanto la UE como, como idea de última hora, el Reino Unido, podrían eventualmente unirse a un acuerdo comercial de Asia y el Pacífico que excluye expresamente a China. Pero estos son planes a largo plazo, aunque tienen un alcance muy preocupante.

“El repentino diluvio de palabras ecologistas de Downing Street da una pista de por dónde ve Johnson su mejor oportunidad para interpretar a Churchill en un escenario mundial en el que Biden interprete a Franklin D. Roosevelt.”

En el Reino Unido, algunos todavía están esperando la eventualidad de un rápido acuerdo comercial entre el Reino Unido y los EE.UU. que allane el camino hacia un acuerdo con la UE. Pero desde el punto de vista de Biden, hay demasiados obstáculos, y muchos sospechan que su enfoque para los próximos años será doméstico.

La repentina efusión de lenguaje ecologista de Downing Street da una pista de dónde ve Johnson su mejor oportunidad de interpretar a Churchill ante un Biden que interpreta a Franklin D. Roosevelt en el escenario mundial, particularmente cuando Gran Bretaña va a presidir tanto el G7 como la conferencia climática de la ONU este próximo año.

Pero el mayor impacto de una administración Biden puede ser político y cultural, más que económico. Los colaboradores cercanos de Biden han expresado un fuerte disgusto por la adopción por parte de Johnson de la retórica racista de Trump, incluyendo las bromas del Primer Ministro británico sobre la “herencia parcialmente keniana” de Obama.

Sin Trump en la Casa Blanca, la propia retórica explosiva de Johnson y su relación casual con la verdad pueden empezar a parecer un poco más ridículas e inapropiadas. Pero no debemos ser complacientes. Gran Bretaña ha sido un foco evidente de las guerras culturales de Trump, y el triunfalismo no ha desaparecido. La lucha por los corazones y las mentes continuará siendo furiosa, incluso en las redes sociales, y el gran capital estadounidense seguirá influyendo en esa lucha.

Colaboración internacional en la lucha contra la Covid-19

Kerry Cullinan, Health editor, 50.50

En su primer discurso como presidente electo, Joe Biden indicó que mantendría a los EE.UU. en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto restablece la posibilidad de lograr un consenso global sobre los problemas de salud más urgentes del mundo, incluyendo la forma de abordar la Covid-19 y distribuir vacunas.

También significa que la OMS contará con los recursos que necesita: los Estados Unidos son su mayor donante, con una contribución de 893 millones de dólares en el último ejercicio económico.

La vuelta al Estado de derecho

Charlotte Threipland, Editor, openJustice

La recién nombrada jueza del Tribunal Supremo, Amy Coney Barrett | PA Image

El desdén de Donald Trump por el imperio de la ley ha sido claro desde 1989. Ese año, pagó miles de dólares para poner anuncios en varios periódicos de Nueva York pidiendo implícitamente que se ejecutara a los “Cinco de Central Park”, un grupo de adolescentes acusados injustamente de violar a una mujer en Nueva York. Trump había decidido su culpabilidad antes que la ley (o quizás no le importaba para nada) y los usó para galvanizar el apoyo público a la pena de muerte. Según un abogado implicado en el caso, los anuncios también podrían haber influido en la decisión del jurado de condenar – erróneamente – a los jóvenes.

Eso fue hace más de 30 años, pero fue una señal de lo que vendría después. A lo largo de su presidencia, Trump ha seguido ignorando el proceso legal cuando le conviene a sus fines personales o políticos. Biden es el polo opuesto a Trump en cuestiones de proceso legal, enfatizando la importancia de la independencia e imparcialidad. Se ha comprometido a crear una comisión bipartidista para hacer recomendaciones sobre el sistema judicial de EE.UU. para evitar que se convierta en un “partido de fútbol político”.

Kamala Harris, en su calidad de ex fiscal de distrito y fiscal general del estado de California, comprende la importancia de un sistema de justicia eficaz. Una administración Biden-Harris puede que no sea progresista pero, de cara al futuro, tratará de restablecer el statu quo.

Sin embargo, es poco probable que pueda deshacer parte del daño que Trump ya ha hecho. Trump ha politizado los tribunales y sembrado la semilla de la desconfianza en el sistema de justicia en la mente de muchos conservadores.

Si la administración de Biden está profundamente comprometida con el Estado de derecho, Trump debería ser procesado por su lista de presuntos delitos que incluyen el fraude fiscal y la obstrucción de la justicia. A menos que se le haga responsable, esto pondrá de relieve un problema fundamental y de larga data para la justicia en los EE.UU. (y el Reino Unido): que los que son ricos y poder están por encima de la ley.

Un revés para los líderes populistas nacionalistas de Europa – pero no para el fascismo

Rosemary Bechler, Editor, Can Europe Make it?

Una presidencia Biden representa un revés para los líderes populistas nacionalistas de Europa – desde el húngaro Victor Orbán hasta Boris Johnson en el Reino Unido – que vieron en Trump un líder y un modelo a seguir. Para los líderes liberales de Europa, la salida de Trump será un alivio. Se pasó su presidencia criticando a la OTAN, avivando las guerras comerciales con la Unión Europea, socavando el derecho internacional y dinamitando los acuerdos e instituciones multilaterales. Biden, cabe esperar, revertirá gran parte de este daño.

Pero sería un terrible error que los europeos asumieran que el triunfalismo ha desaparecido, dados los más de 70 millones de votos que recibió Trump en los Estados Unidos, o que el crecimiento de la extrema derecha en toda Europa se verá disuadido durante mucho tiempo por su derrota. Como sostiene la politóloga italiana Nathalie Tocci, la visión del mundo de Trump ha hecho “estragos a través de las generaciones, el género y los antecedentes étnicos” y “es una realidad que no podemos ignorar” en Europa, incluso más que en los Estados Unidos.

Además, con los neoconservadores de vuelta en el Pentágono, la confrontación entre EE.UU. y China está destinada a profundizarse, en un momento en que la tóxica polarización política, las divisiones sociales cada vez más profundas y las desigualdades económicas amenazan a todas nuestras democracias.

En estas circunstancias, es vital que los europeos se unan para demostrar que los sistemas democráticos de gobierno son eficaces en respuesta a las crisis de salud pública. China ha lanzado un guante que, tanto los Estados Unidos de Biden como la Unión Europea, tendrán que recoger de formas hasta ahora inimaginables.

Una batalla sin cuartel entre el movimiento climático y las compañías de combustibles fósiles

Adam Ramsay, Mainsite editor

Los movimientos activistas contribuyeron a la victoria de Biden al impulsar la participación de los votantes en los estados decisivos. | PA Images

El movimiento ambientalista en los EE.UU., y sus aliados cercanos en la campaña de Bernie Sanders, lograron que Biden con cediese una serie de promesas sorprendentemente radicales a cambio de reforzar su fuerza sobre el terreno.

Biden se ha comprometido a desmantelar el oleoducto Keystone XL, diseñado para transportar arenas alquitranadas -uno de los combustibles más sucios y con mayor contenido de carbono- desde Canadá hacia los Estados Unidos. El proyecto se convirtió en un objetivo clave para el movimiento climático, en parte porque su huella de carbono es lo suficientemente grande como para disparar el cambio climático mundial más allá de una serie de puntos de inflexión peligrosos. Pero también por el importante daño que ese gasoducto causaría a las tierras y aguas indígenas.

Biden también ha prometido volver a unirse al Acuerdo de París y alcanzar un nivel cero de emisiones netas de carbono para 2050 con una versión del New Green Deal de los Demócratas de Izquierda. También ha centrado su atención en el racismo ambiental, diciendo en su sitio web que “se enfrentará al abuso de poder de los contaminadores que dañan desproporcionadamente a las comunidades de color y a las comunidades de bajos ingresos”.

Cumplir estas promesas significará llevar a la bancarrota a muchas de las mayores empresas de combustibles fósiles del mundo, cuyos balances dependen de poder convertir el valor del carbón, el petróleo y el gas acumulado en sus reservas conocidas.

En los próximos cuatro años, podemos esperar una batalla sin cuartel entre los jóvenes activistas del clima, como el colectivo nacional de justicia climática Sunrise Movement, y los grupos de presión y las empresas petroleras que medraron gracias al fracking altamente contaminante que propiciara Obama.

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