Albert Camus publicó el libro “La peste” cuando todo el mundo estaba debidamente informado sobre la Segunda Guerra Mundial y el infernal comportamiento de los soldados y militantes nazis bajo la dictadura de Adolfo Hitler, en Alemania y en los territorios ocupados militarmente por su ejército; de las acciones criminales de los fascistas italianos comandados por el dictador Benito Mussolini; de los crímenes y abusos del ejército español y los falangistas luego del Golpe de Estado de Franco en contra de Manuel Azaña, Presidente de la II República Española. Franco apoyado por los ejércitos italianos y alemanes y aviación de Italia y Alemania derrocó al gobierno republicano desatando a continuación una atroz persecución, prisión, torturas y asesinatos en contra de los patriotas españoles; también se conocieron las atrocidades cometidas por el ejército imperial japonés en el sudeste asiático y sobretodo en China,[1] durante los ocho años que  los militares japoneses mantuvieron la invasión a China ejecutaron a más de 35 millones de soldados y habitantes chinos[2]. En 1937 estos genocidas masacraron a casi toda la población de la ciudad de Nankin, provincia de Jiangsu, al este de China. Los soldados imperiales asesinaron y sometieron a torturas a varios millones de prisioneros de guerra y civiles chinos realizando el llamado “Holocausto asiático”, que resulta igual o más terrible que los horrores cometidos por los nazis en Auschwitz. Lo más sorprendente de todo esto es que gran parte de la población mundial ignora las atrocidades de la guerra japonesa porque Japón ha logrado ocultar a la opinión pública mundial esos horrendos crímenes. Es más, Japón ni siquiera ha sido capaz de reconocerlos y pedir perdón a la humanidad por tales abusos. Al contrario, insisten en presentarse internacionalmente como víctimas.

Las mayores brutalidades del ejército imperial japonés se cometieron en 1937, precisamente en los años que Franco, General del Ejército español declaraba la guerra al Gobierno Republicano, derrocaba al Gobierno y se proclamaba dictador con el apoyo militar abierto y declarado del dictador italiano Benito Mussolini y del alemán Adolfo Hitler. Los abusos y asesinatos cometidos por los falangistas españoles contra los republicanos bajo el mando del dictador Francisco Franco[3] se corresponden absolutamente con lo acontecido en los otros países europeos que vivieron y sufrieron el flagelo desatado por los nazi-fascistas alemanes, italianos y japoneses.

¿Habrá acciones o atrocidades que pudieran equipararse a los niveles de maldad o atrocidad que realizaron los militares y civiles empujados por la intolerancia y ansias de poder de los gobernantes nazi-fascistas en el curso de la guerra?

Creo que Alberto Camus con su magistral y doloroso estilo nos mostró como es que la peste puede equipararse con aquellos militares y partidarios de los regímenes fascistas que cometieron actos violentos, criminales, discriminatorios, racistas y genocidas en contra de sus propios habitantes y de la población de los países invadidos.

Solo la peste podría equipararse con esa mentalidad criminal, porque las personas, frente a ellos quedan en la indefensión más absoluta. 

Solo la peste que, por naturaleza, carece de sentimientos, podía actuar de igual manera que esos militares cuyos comportamientos brutales, despiadados e inhumanos nos muestran su carencia de sentimientos hacia la vida, hacia los seres humanos, aunque existe un elemento que caracteriza a esos soldados asesinos, su extrema cobardía que los lleva a victimizar a las personas que no pueden defenderse, como la población civil y los prisioneros de guerra.

Solo la peste, expresamente descrita por Camus en su libro, puede dejar a las personas en casos extremos en tales condiciones de sufrimiento que los lleva tan solo a esperar la muerte como única salida a su calvario.

Podemos decir, a modo de conclusión, que a acción destructora de la peste y de las guerras criminales impulsadas por los gobiernos autoritarios están fuera de cualquier razonamiento, sin embargo, pese a ello, frente a la “peste” los seres humanos siempre podemos desarrollar y realizar acciones defensivas.

Hoy en día estamos en esa situación, enfrentamos una peste, no es la misma que describe Camus, en términos médicos quizá tuviera un peor pronóstico, pero las acciones defensivas se han puesto en acción desde el mismo instante que, a fines del año 2019, surge el coronavirus.

El 11 de marzo de 2020 el Dr. Adhanom Ghebreyeus de la OMS anunció que el Covid19 se caracterizaba como una pandemia. La nueva enfermedad se convertía así en una amenaza para toda la humanidad que apareció como un ente misterioso, desconocido para el común de la gente, incluso para gran parte del personal de salud de los hospitales, que no estaba preparado para enfrentar un flagelo de tal naturaleza, y quizá más aún para los gobernantes encargados de adoptar las medidas adecuadas para enfrentar la amenaza y proteger la vida de los habitantes.

Desde un principio surgieron las acciones defensivas, la medicina herbolaria que por casi un siglo se utilizaba para tratar el resfriado común demostró casi de inmediato su ineficacia, al igual que las medicinas tradicionales que actuaban como acompañantes. Casi de inmediato se mencionaron las vacunas y los laboratorios de los países más desarrollados anunciaron su elaboración.

En México aparecieron en escena los políticos que, por cierto, no comprendían muy bien lo que sucedía en el ámbito de la salud de la población mexicana, por esa razón, mientras el Gobierno y el sistema mexicano de salud se comprometían en la lucha contra el Covid19, los políticos estaban enzarzados en las luchas por lograr algunos cargos políticos relacionados con la vida política de la nación. Los políticos derechistas, por su parte, fuera del poder, se dedicaban casi exclusivamente a sabotear las acciones sanitarias del Gobierno para ofrecer atención médica oportuna a la población que recibía el embate de los contagios de la pandemia incrementados por las manifestaciones públicas de apoyo a los políticos. 

El Gobierno encabezado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador trabajaba incesantemente para incrementar el personal de salud, médicos, enfermeras, químicos, Se crearon a la marcha nuevos hospitales para enfrentar la peste al tiempo que se buscaba la mejor forma de capacitar a los profesionales de la salud. Ni modo, a la peste se la puede considerar como una guerra, con toda la estrategia y logística que esto implica. El viejo general Tsun Tzu con su manual “El Arte de la Guerra”[4], nos explica con gran conocimiento y mucha sencillez como debe actuar un general al enfrentarse a una situación de esta naturaleza. Para empezar, señala los cinco factores que se deben tomar en cuenta desde el inicio de una conflagración:

El primero, es la doctrina; el segundo, el tiempo; el tercero, el terreno; el cuarto, el mando y; el quinto, la disciplina.

 Y así estamos, con el corazón a más de cien por minuto esperando, como ustedes, sobrevivir. De nada y hasta siempre estimadas amigas y amigos.


[1] Mo Yan. Sorgo Rojo

[2] http://ve.chineseembassy.org/esp/zt/qian156/t206857.htm

[3]  https://es.wikipedia.org/wiki/Cr%C3%ADmenes_de_guerra_del_Imperio_del_Jap%C3%B3n

[4] https://freeditorial.com/es/books/el-arte-de-la-guerra