Mucho se ha discutido este último tiempo sobre la relación entre el celibato de los eclesiásticos y los casos de pedofilia descubiertos en el seno de la Iglesia Católica. Para poder entender tenemos que saber de qué se trata. De dónde viene este concepto que une religión y abstinencia sexual, privando a la persona de un elemento esencial a la vida humana, y contradictorio con los propios principios del mensaje cristiano, que es de multiplicarse,  hecho que confirma el Papa Juan Pablo II en Julio de 1993: “El celibato no es esencial para el sacerdocio, no es una ley promulgada por Jesús Cristo”.
Que sea admirable renunciar al amor humano por el amor de Dios y al servicio de su semejantes, estamos todos de acuerdo, pero desgraciadamente las cosas son uno poco más complicadas porque también el celibato suele ser negativo para la moral y sinónimo de soledad. Pedro, el primer Papa, y los apóstoles escogidos por Jesús eran en su gran mayoría hombres casados. El nuevo Testamento sugiere que las mujeres presidían la comida eucarística en la Iglesia primitiva. En el siglo II y III entramos en los tiempos del gnosticismo: Luz y espíritu son buenos; tinieblas y cosas materiales, malas. Una persona no puede estar casada y ser perfecta. No obstante ello, la mayoría de los sacerdotes eran hombres casados.
En el siglo IV, en el año de 306, se realiza en España el Concilio de Elvira en donde en su Decreto 43 estipula que “todo sacerdote que duerma con su esposa la noche antes de dar misa perderá su trabajo”. Concilio de Nicea, año 325, se decreta que una vez ordenados, los sacerdotes no pueden casarse. Se proclama el credo de Nicea. En ese mismo año, en el concilio de Laodicea se decreta que las mujeres no pueden ser ordenadas. En el año 385 el Papa Siricio abandona su esposa para convertirse en Papa. Se decreta que los sacerdotes ya no pueden dormir con sus esposas. En el año 401, San Agustín escribe que “Nada  hay de tan poderoso para envilecer el espíritu de un hombre como las caricias de una mujer”.
En el año 567, el concilio de Tours II establece que todo clérigo que sea hallado en la cama con su esposa será excomulgado por un año, y reducido al estado laico. El Papa Gregorio, llamado el Grande, en 604, dice que todo deseo sexual es malo en sí mismo. Entre el siglo VII y VIII los documentos demuestran que la mayoría de los sacerdotes eran casados y que casi  ningún obispo es célibe. En el año 836, el concilio de Aix-la-Chapelle admite abiertamente que en los conventos se han realizados abortos e infanticidios para encubrir las actividades de clérigos que no cumplían el celibato. San Ulrico, un santo obispo, argumenta  que basándose en el sentido común y las escrituras, la única manera de purificar la Iglesia de los peores excesos del celibato, es permitir a los sacerdotes que se casen. En el año 1045, el Papa Bonifacio IX  se dispensa a sí mismo del celibato y renuncia al Papado para poder casarse. En 1074, el Papa Gregorio  VII dice que toda  persona que desea ser ordenada debe hacer primero un voto de celibato: “Los sacerdotes deben primero escapar de las garras de sus esposas”. En el año1095, el Papa Urbano II hace vender las esposas de los  sacerdotes como esclavas y sus hijos son abandonados.
Hasta  el siglo XVI, en el cual el concilio de  Trento establece que el celibato y la virginidad son superiores al matrimonio. Este estado de cosas se mantiene hasta 1930 en donde Pío XI declara que el sexo puede ser bueno y santo. Pero el daño ya estaba hecho. Después de siglos de represión la Iglesia consiguió construir tamaña áurea de pecado alrededor del sexo, y de la relación hombre y mujer, que durante años, tanto dentro de los seminarios como fuera de ellos, las consecuencias irremediables de esta política fueron mantenidas en silencio, como si el silencio fuera una garantía de mantener los privilegios de Roma.

Alfonso Vásquez Unternahrer