Estaba pensando en estos últimos días en una actitud humana que, desde mi particular punto de vista, es un verdadero arte, ¿quieren conocerlo? Pues ahí les va:

      Con mi más ingenua, bonachona, ecuánime, amable e inocente sonrisa tengo el inmenso honor de enseñarles el sabroso y peculiar arte de “meterse en lo que no le importa”.

– ¡Oiga! – Me interrumpe abruptamente uno de mis lectores. – Ese, que yo sepa no es ningún arte. Si acaso a esa actitud de “intrusión” – subraya peyorativamente – yo le llamaría vicio – 

A ver, pare el guitarreo y espérese un rato para explicarle por qué esta actitud es un arte y los que “se meten en lo que no les importa”, unos artistas. ¿Estamos?

El lector, no muy convencido acepta, enseguida paso a explicar que como todo “arte” consta de un cierto número de técnicas que el artista debe dominar, examinemos veamos esas técnicas:

Primera técnica: la insidia.

Una persona (hombre o mujer, la técnica es de uso indiscriminado) se dirige velozmente a la oficina del jefe. En la medida que se acerca va disminuyendo el paso y su cuerpo experimenta una insólita transformación. Su cara se va cubriendo con una máscara de profundo cansancio, en tanto que baja los hombros y encorva el cuerpo. Al llegar a la oficina del jefe arrastra penosamente los pies y cae despatarrado y con los brazos colgantes sobre una silla frente al jefe, al tiempo que emite un profundo suspiro. Con lo que aparenta gran esfuerzo alza su mano derecha y con la punta de los dedos estrecha débilmente la mano del jefe.

–  ¡Ayy jefe! – Le dice con voz doliente. – ¡Cómo tengo trabajo! – y enfatiza – No crea que me quejo. Sólo le comento. – en ese instante baja la voz hasta el susurro adelantando la cara. El jefe, por su parte, se sienta, se apoya en los codos y mueve la cabeza hacia su derecha para oír mejor.

–  Mientras uno, sólo por el cariño que le tiene al trabajo y a la empresa, trabaja de más… – Subraya con un guiño de ojos – “Otrooos” se lo pasan tranquilitos sentados toda la mañana frente a su computadora – Suelta con insidia mal disfrazada.

–  ¡No. No… no… no y no! – Se adelanta a la pregunta del jefe – No me estoy quejando. Sólo estoy co-men-tan-do – Termina con una coquetona caída de ojos.

 Esa es la técnica, luego vienen las preguntas del jefe y las preparadas respuestas del “artista” en torno “a lo que no le importa”, toda esta trama con el fin de perjudicar a un tal Porro, o alguien que el artista se trae entre ojos.

Al rato, el jefe llama a cuentas al Porro, que ni siquiera se imagina que lo “traían entre-ojos”… Lo demás es cuento viejo.

Segunda técnica:  no lo digo yo, lo dicen todos.

Debido a ciertas razones los trabajadores de una institución se encuentran reunidos. Nuestro artista se moviliza discretamente al grupillo más cercano mientras suelta su telaraña:

– ¿Ya vieron que la Jujis trae a su “hijita” para que le ayude en el trabajo? –

– Es cierto – Dice una señora gorda – Yo veo que la Jujis trae a su hijita. Pero no sabía que la niña viene a ayudarle en el trabajo – se justifica.

Una vez que nuestro “artista” se percata que el chicle “pegó” y los comentarios se generalizan, se traslada al grupo siguiente y continúa metiendo la cizaña contra la pobre Jujis que, por supuesto y eso es parte de la técnica, no se encuentra presente en la reunión. Si la Jujis estuviera presente, nuestro “artista” esperaría una ocasión apropiada, que puede ser una salida al baño, un descuido, etc. para seguir difundiendo su malintencionado rumor.

La segunda parte de la técnica consiste en aprovechar que todos están distraídos, conversando entre ellos para acercarse a solas al jefe y ronronearle al oído lo que, supuestamente, “todos dicen” sobre la Jujis. Después el mismo jefe, ante la alegría de nuestro artista, se encarga de ejecutar a la pobre Jujis que no se imagina quién fue el autor de la canallada.

– ¿Cómo la ve? ¿Verdad que “meterse en lo que no le importa” es un verdadero arte –

–  Es cierto. Un verdadero arte y su observación en el plano individual me hace pensar en que esta misma técnica se aplica entre las naciones. Pienso, al respecto en la OEA y su Secretario General  un tal Luis Almagro que se mete con sus insidias en los procesos electorales de “algunas” de las Naciones Latinoamericanas cuando Estados Unidos no está de acuerdo con sus ideas políticas o formas de Gobierno.

– Es cierto. Me acuerdo de las elecciones en Bolivia, en octubre de 2018 Evo Morales quiso reelegirse como Presidente, porque la ley se lo permitía.

– Sí. Bolivia bajo su Presidencia tuvo un excelente crecimiento económico, pero aún así no me parecía bien que volviera a repetir mandato. En todo caso era un asunto del pueblo boliviano, pero Luis Almagro, Secretario General de la OEA, se metió de lleno en la elección, cuestionó indebidamente sus resultados y provocó un Golpe de Estado donde una tal Jeanine Añez, con su apoyo, se autoproclamó Presidente.

– Ja-ja-ja. Aplicó la primera técnica del arte de meterse en lo que no le importa. ¿Verdad? Lo mismo con el mentado Juan Guaidó que se autoproclamó Presidente de Venezuela. Sin embargo, Bolivia ya tuvo nuevas elecciones, Luis Arce, el nuevo Presidente, obtuvo el 55 por ciento de la votación, un ejemplo democrático para todas las naciones.

– Pero a este mentado Luis Almagro las democracias le vienen guanga, no se mide y sigue metiéndose en lo que no le importa, aunque con los gobiernos antidemocráticos que someten con extrema violencia a sus pueblos no les dedica siquiera un suspiro, como sucede con la presidencia de Piñera en Chile, la de Duque en Colombia. Ahora persigue de nueva cuenta a Bolivia, porque el sistema judicial boliviano decidió someter a juicio a la golpista Jeanine Añez, y Almagro, verdadero responsable del Golpe de Estado, sigue con sus actitudes intervencionistas.

– Yo, por mi parte, estoy al cien por ciento con la doctrina Estrada de nuestro país, que desde los años 30 está a favor del derecho internacional, del principio de no intervención y del derecho de autodeterminación de los pueblos. ¿Ustedes creen que exista la posibilidad de que la OEA asuma la muy mexicana Doctrina Estrada de no intervención y autodeterminación de los pueblos?… Yo tampoco.

De nada y hasta siempre estimadas amigas y amigos, ya sea con esta pandemia o con la que sigue, que las condiciones de nuestro globo terráqueo y sus detractores dan para esperar muchas otras desgracias.

Rolando GONZALEZ ALTAMIRANO