Quién sabe por qué razón el comienzo de esta semana el ecosistema político de México amaneció sembrado de noticias análogas respecto a fábulas, dichos, refranes y habladas de amplio dominio público.

Las notas más importantes fueron las denuncias sobre actividades delictivas de varios líderes políticos del PRI (Partido Revolucionario Institucional) y el PAN (Partido de Acción Nacional) y el PRD (Partido de la Revolucion Democrática) otrora partido de izquierda que dio el chaquetazo derechizándose abiertamente. Ya todo el mundo político daba por sentado que la alianza, sustentada en la personalidad de los líderes era indestructible y que el reparto de Gubernaturas, Senadurías, Diputaciones, Alcaldías y Regidurías era un hecho consumado, que con sus candidatos lograrían ganar las elecciones para dominar todo el país para acabar con el dominio del partido Morena y tumbar la imagen del Presidente Andrés Manuel López Obrador. Nada. Las denuncias e incluso detenciones de sus líderes ha dado al traste con los sueños de venganza de la derecha mexicana. Esto demuestra que la política es mucho más inestable que los cambios climáticos.

Yo anduve con eso de las cabañuelas [1] los primeros 23 días del año tratando de construir las posibles variaciones del clima en los doce meses del año y, mira que de repente saltó la liebre y dio al traste con la mentada alianza y mis cabañuelas fallaron totalmente.

¿Será entonces que llueva en el mes de julio? (ná que ver con la política, por supuesto) Estaría muy bien que lloviera porque la sequía es cosa terrible, ya nadie la aguanta. Insistir en la sequía, en la violencia y el desempleo no más, no. “A otro perro con ese hueso”.

La primera fábula que me saltó a los ojos fue la de “la zorra y las uvas”, que fuera ideada por Esopo, un célebre fabulista que existió, según cuenta la historia, allá por los años 600 antes de Cristo, pero que fue capaz de vaticinar las condiciones actuales de nuestra actualidad política bajo el principio, “al que le quede el sayo… que se lo ponga”.

La fábula en cuestión habla de una zorra que ve un racimo de uvas, trata de tomarlo, pero al darse cuenta que no lo alcanza asegura despreciativa que no están maduras. La moraleja es clara para el caso de ciertos políticos que fingen despreciar la alianza que secretamente anhelan pero que les resultó inalcanzable.

Es evidente que la zorra de la fábula si hubiera estado al tanto del dicho “hay que medirle el agua a los camotes”, ni siquiera hubiera estado de necia pegando saltos y brincos tratando de alcanzar las uvas, con una simple mirada a “ojo de buen cubero” se habría dado cuenta de que no le llegaba y que “no estaba el horno para bollos”. Insistió en sus brincos porque “cuando el hambre aprieta, la vergüenza afloja” hasta que al fin como “en el pecado está la penitencia” debió salir a buscar nuevos rumbos.

Después de un casorio fracasado asegurar que “el divorcio fortalece” es casi lo mismo que decir “lo que no mata, engorda”.

En todo caso para no errarle en los cambios climáticos que se nos vienen encima con todo y calendario, por mi parte revisaré minuciosamente mis cabañuelas. Chance y le pego al número premiado.

Por lo pronto, mejor me desentiendo de la polaca porque “ojos que no ven, corazón que no siente”

De nada y hasta siempre estimadas amigas y amigos.

[1] Se les llama cabañuelas a la costumbre de los campesinos de observar el clima los primeros 23 días del año para, en base a su comportamiento climático, vaticinar el comportamiento del clima durante todo el año.

Rolando GONZÁLEZ ALTAMIRANO

rologonzal@gmail.com